Una historia americana de Cuba

Cuba. An American history

Ada Ferrer

Scribner

Nueva York, 2021, 576 pp.

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La historiografía sobre Cuba producida en Estados Unidos ha sido tradicionalmente sofisticada y diversa. En las últimas décadas, esa tradición se ha renovado con la obra de historiadoras e historiadores nacidos en Cuba o de ascendentes cubanos, formados en las principales universidades estadounidenses. Dos buenos ejemplos de ese rico repertorio serían los libros recientes de Samuel Farber y Lillian Guerra, ineludibles a la hora de pensar seriamente la Revolución cubana.

En esa historiografía el pasado de Cuba aparece determinado, con frecuencia, por el vínculo con Estados Unidos. No se trata, por supuesto, de una determinación hegemónica, como la de la historiografía imperialista de la primera mitad del siglo XX, que atribuía a Washington una misión civilizatoria en Cuba. La determinación funciona, aquí, en sentido inverso, ya que la intimidad de los vínculos económicos y culturales entre Estados Unidos y Cuba se piensa como un resorte que contribuyó a perfilar el nacionalismo insular.

Libros como On becoming Cuban (1999) y The structure of Cuban history (2013) de Louis A. Pérez, Jr., o Sugar, cigars, and Revolution (2018) de Lisandro Pérez, dan cuenta de esa mirada recurrente. En el mismo flanco de esa tradición historiográfica, aunque con una perspectiva más abierta al marco propiamente nacional de la historia cubana, hay que colocar el más reciente libro de Ada Ferrer, profesora de la Universidad de Nueva York.

Nacida en Cuba en el convulso periodo de la radicalización socialista de la Revolución –o como ella misma dice, “entre la invasión de Bahía de Cochinos en 1961 y la Crisis de los Misiles de 1962”–, Ferrer ha dedicado buena parte de su carrera a investigar la historia social y política del Caribe entre los siglos XVIII y XIX. Dos libros suyos, Insurgent Cuba (1999), sobre las guerras de independencia de Cuba, y Freedom’s mirror (2014), sobre la Revolución haitiana, son de lectura obligada en la historiografía sobre el Caribe colonial.

En esta nueva obra, Ferrer incursiona en el género más divulgativo de las historias generales. Y lo hace con una probada destreza y un manejo flexible e integral de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Los episodios, procesos y conflictos más relevantes de la historia de la isla, entre la llegada de Colón al Caribe en 1492 y la muerte de Fidel Castro en 2016, están aquí. Pero emergen como parte de una historia común, algo parecida, en estilo y enfoque, a la que emprendió Manuel Moreno Fraginals en Cuba/España. España/Cuba (1995).

Ferrer repasa la breve toma de La Habana por los británicos, entre agosto de 1762 y febrero de 1763, el boom de la plantación azucarera esclavista en el siglo XIX, las sublevaciones abolicionistas y masónicas, los intentos de anexión de la isla a Estados Unidos, las guerras de independencia entre 1868 y 1898, las ocupaciones estadounidenses, la trabajosa construcción de la primera República (1902-1933), la Revolución de los treinta, la segunda República (1940-1958), la Revolución de los cincuenta, la transición socialista, el periodo especial de los noventa, la sucesión de Raúl Castro y el traspaso de poderes a Miguel Díaz-Canel.

La peculiaridad del relato reside en el peso que se le concede al nexo con Estados Unidos, sin que la dimensión propiamente nacional se desdibuje. Ferrer se detiene en el apoyo que desde Cuba se brindó a la Revolución de independencia de Estados Unidos, a la doble influencia de los revolucionarios norteamericanos y haitianos en las conspiraciones negras del siglo XIX, a la supervivencia del anexionismo en el campo separatista durante la Guerra de los Diez Años y a la larga y fructífera experiencia de José Martí en Nueva York.

También repara en detalles que la historia tradicional subestima como el homenaje póstumo que se rindió a Antonio Maceo, el héroe mulato de las guerras de independencia, en el Great Hall de Cooper Union, donde había oficiado el reverendo antiesclavista Henry Highland Garnet. O como las redes de solidaridad entre comunidades negras de la isla y Estados Unidos, que se reflejaron tanto en la música y el deporte, en el jazz y el beisbol, como en el activismo antirracista que recorre la historia de las dos naciones desde fines del siglo XIX hasta las últimas décadas.

En la perspectiva más propiamente nacional, el libro de Ferrer ilumina zonas que el relato oficial oculta. Dedica páginas brillantes a reconstruir la conspiración antiesclavista de José Antonio Aponte en 1812 o la ilegalización del Partido Independiente de Color y la campaña militar contra los oficiales y soldados negros y mulatos que se levantaron en armas en 1912, encabezados por Ivonet y Estenoz. No duda Ferrer en llamar “fratricidio” a aquella brutal represión, que engrosa la larga data del racismo cubano, agudizado en los últimos años.

Este es un libro de historia que no excluye el presente. La narración del restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba en 2014 y el viaje a La Habana del presidente Barack Obama y su familia, en 2016, trasmite simpatía. No así lo que vino después, desde el texto de Fidel Castro en Granma, “El hermano Obama” (28/iii/2016), una diatriba contra la normalización diplomática, hasta el lanzamiento de la nueva Constitución en 2019 y la toma de posesión, en la máxima jefatura del Estado y el Partido Comunista, del sucesor designado Miguel Díaz-Canel.

Para un libro como este, la visita a Cuba del primer presidente en funciones de Estados Unidos desde 1959, que además era el primer afroamericano en la Casa Blanca, habría sido un final de novela. Pero la historia, a diferencia de la ficción, cuestiona tanto los finales como los comienzos. El conflicto entre Estados Unidos y Cuba sigue abierto y, probablemente, no tenga solución en los términos que ambos gobiernos plantean. En todo caso, cualquier salida será más accesible si los políticos son capaces de asimilar el llamado a escuchar las voces de sus respectivos pueblos, como aconseja este libro. ~