Un mapa de Gofa

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Este mapa, –mapa que como cualquier referencia geográfica al desaparecido imperio “de los hijos de la luna y del cormorán sagrado” como gustaba a los gofos llamarse a sí mismos, “presenta dificultades insolubles”, a decir de Gaspar Dódolo–, salió un domingo de La Lagunilla, casi borrado por un pesado (y falso) palimpsesto azteca. Muestra los principales lugares de este país que, como el dragón Goma, “era muy grande en su mayor extensión, pero no siempre operaba en magnitudes atroces”, este país que, a decir del eximio Gaspar Dódolo “es una amiba cartográfica. Gofa se mueve, crece, se achica como una almeja. En su apogeo, Gofa medró desde… los bosques blancos de Siramandia hasta las selvas meridionales de la Malacazaca oriental; bajo la acometida de los bárbaros tortorodos, después de la batalla de Jamelga, Gofa se redujo al carruaje sagrado tirado por mandriles que los monjes errantes y salvajes escondieron en las montañas de Mondobora”.

ntender este mapa está basado en la relación de Alonso de Cabezón, y debe haber sido dibujado (¿por el propio Cabezón?) mientras iba en una carabela con destino a las Yndias, pues el parche marino y salado en que está pintado así lo proclama; no puedo creer que los modernos exégetas del legado gofo no lo hubieran conocido. Me parece más bien que su ocultamiento debe haberse debido a la envidia y a los celos académicos, por desgracia, aún presentes, y no sólo entre los discípulos de Helmholtz. Dedico este hallazgo a Hugo Hiriart, el más entusiasta y penetrante popularizador de El viajero en el paisaje del canónigo Rapuz, de las Memorias perspicaces y grotescas del conde de Lomo y del Cantar de Dogolor, por citar tan sólo tres de los más sobresalientes títulos de literatura gofa, desde el viajero que conoció a su último esplendor hasta el cantar de gesta que comienza esta nación inolvidable.

– Pablo Soler Frost