Ilustración: Fabricio Vanden Broeck.

Breve manual de zoología política: Pejeamorosus

Para construir este bestiario escogimos a los diez políticos más representativos de nuestro atribulado país. Uno de ellos es un monstruo de dos cabezas, ambas corruptas. De tierra, agua y aire, los animales imaginarios aquí descritos han conquistado con méritos sobrados su derecho a figurar en esta taxonomía del despropósito y la zafiedad. Invitamos a nuestros lectores a ponerles nombre y apellido.
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Pejeamorosus

Clase: Politicopreyggi

Orden: Tabasquionotiforme

Familia: Perredeidae

Género: Amorososteus

 

El pejeamorosus no ha experimentado prácticamente ningún cambio en las últimas cuatro décadas, por lo que se le considera un fósil viviente. Debe su supervivencia a su capacidad de asumir muchas formas, lo que le ha permitido prosperar incluso en las turbias aguas de la política nacional. Pese a su aspecto feroz, a últimas fechas aparece transformado en un pez amoroso y tolstoiano. En general se le encuentra de forma tubular, con un hocico desproporcionadamente grande y belicoso, alargado. Por la disposición de sus ojos, aunque parece que mira de frente, siempre está viendo al pasado. Es habitual encontrarlo hablando de una gran trampa en su contra. En ese despejo imaginario está su poder. Es inofensivo sin ese talismán verbal.

Aunque es un depredador voraz que sujeta a sus aliados y fieles con sus agudos dientecillos, ahora lo vemos repartir sonrisas y abrazos.
Se trata de un camuflaje. “Ahora estoy –se le ha oído decir– en una labor que los encuestólogos llaman quitar negativos.”

Pese a ser normalmente un pez lento, es capaz de acelerar y nadar a una velocidad asombrosa. Puede, según su voluntad, ser transparente o hermético. La ciencia distingue siete especies de pejelagarto. El pejepetrolerus, que toma con violencia los pozos. El pejepopulistae, capaz de ofrecer siete millones de empleos en seis meses. El pejemorenae, que se arropa en el manto estrellado de la del Tepeyac. El pejejuaritis, el de la justa medianía, que ha hecho del llamado chupacabras su Maximiliano. El pejemesianicus, que se cree salvador de la patria y rayito de esperanza. El pejehonestus, que no roba pero que deja medrar a sus subordinados. Y el pejeamorosus tropical, que quiere tener millones de amigos y así más fuerte poder ganar.

El pejeamorosus rige entre las tribus del pantano izquierdo, se vincula a los desposeídos, mora en el altiplano pero no deja de recorrer, sigiloso e infatigable, el país. Su nombre, en inglés, significa lanza.

Los comentócratas más refinados dicen que se pasa de. Los medios por seis años lo cubrieron de lodo, pero él resiste, tiene la piel muy dura, cubierta de escamas que forman una especie de armadura.

Llega a medir hasta tres metros.* Toma las avenidas importantes para torcer los resultados a su favor. Su carne es comestible, aunque abunda en espinas. Su aliento hierve a los peces. Su hueva es altamente tóxica para el ser humano. Se dice que es inmortal. Su nombre es leyenda. Afirman quienes lo frecuentan que sus seis primeros años pueden ser buenos. Que los siguientes seis, no tan buenos. Que el tercer sexenio, no habría quién lo aguante. Que el cuarto… ~

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* Reconozco, en honor al Sr. Alatriste, que los datos científicos contenidos en esta descripción me los fusilé de la Wikipedia.