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Como un castillo de naipes

Morena podría desmoronarse bajo la presión de numerosos problemas. La oposición no tiene imaginación ni audacia para plantear escenarios.
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Hace algunos años Moisés Naím en El fin del poder (2013) analizó cómo el poder se ha vuelto más fácil de obtener, más difícil de usar y más sencillo de perder.

Valiéndose de métodos legales e ilegales, Morena se hizo del control de la Presidencia, de la mayoría en la Cámara de Diputados y de Senadores, de las gobernaturas del país, del Poder Judicial y del Instituto Nacional Electoral. Obtuvo fácil, casi sin obstáculos, un poder hegemónico.

Usar ese poder está resultando menos sencillo. Primero, la sombra del caudillo. Luego, una notoria incapacidad para conducir la economía; la crisis de los desaparecidos; la quiebra de sus modelos políticos: Venezuela y Cuba; la sofocante presión estadounidense; los sindicatos insubordinados; la popularidad de la presidenta en picada, la insatisfacción al alza; la etiqueta de narcogobierno que no desaparecerá. Un poder difícil de manejar.

Problemas por doquier. Factores externos: una posible intervención armada en nuestro territorio. Factores internos: respuesta violenta de los cárteles frente al acoso de Estados Unidos. Externos: complicaciones con la firma del T-MEC. Internos: caída de la recaudación y las remesas. Externos: acusaciones formales contra López Obrador y sus hijos, contra generales del Ejército, gobernadores, secretarios de Estado y líderes del Senado. Internos: división de Morena entre los que quieren negociar su sobrevivencia y los que quieren inmolarse aunque se incendie el país. Externos: exhibición de la complicidad fraudulenta entre Venezuela y México (Segalmex). Internos: recesión económica y con ello una obligada reducción de los programas sociales.

Todo esto puede derivar en el desmoronamiento de Morena como si fuera un castillo de naipes.

Se pensaba que el poder hegemónico de Morena se prolongaría por décadas, y quizá no sea así. Lo mismo se pensó en 2012 cuando el PRI recuperó la presidencia con Peña Nieto. Llegó al poder una generación joven y agresiva. En un año lograron trece reformas constitucionales. Se mantendrán muchos años en el poder, se decía entonces. Pero esa ilusión duró apenas año y medio. Con el doble golpe de Ayotzinapa y la Casa Blanca (crimen y corrupción), se desplomó la popularidad del presidente y ya no volvió a levantarse.

Algo semejante podría ocurrir con Morena. Ha transcurrido poco más de año y medio de la presidencia de Sheinbaum y ya no ve lo duro sino lo tupido. Los escándalos del periodo Peña Nieto se antojan pequeños frente a los desafíos presentes y por venir. ¿Y si Morena se desploma? El eje del partido sigue siendo el expresidente López Obrador, pero ¿y si falta? El cerco se está estrechando. Resulta claro que Sheinbaum no extradita a Rocha Moya no por una cuestión de principios, sino para evitar que el fuego llegue a los aparejos tabasqueños. No se descarta una extracción tipo Maduro. O una enfermedad. Careciendo de eje, ¿y si se divide Morena? ¿Y si se desploma?

En 1989, la Unión Soviética, parecía un imperio en problemas, pero sólido. Dos años después se derrumbó. Uno de los factores fue que el socialismo se había desfondado como ideología cohesionadora entre la clase política soviética. El golpe psicológico y político que supondrá para la nomenklatura morenista el inminente quiebre de la dictadura cubana no debe desestimarse. Recurramos a la imaginación:             

a) Estados Unidos interviene en México (misiles, fuerza terrestre, extracción de personajes vinculados con el narco). López Obrador convoca manifestaciones multitudinarias en el Zócalo. Los subalternos de Sheinbaum acuden constantemente a la casa del caudillo. El poder de Sheinbaum pierde piso. Ante la imposibilidad de enviar al ex presidente de embajador a las Islas Fiji (como hizo López Portillo con Echeverría), Sheinbaum renuncia. El Congreso impone a un Pascual Ortiz Rubio.

b) Con López Obrador activo, con el partido dividido entre una minoría claudista y una mayoría obradorista, Sheinabum renuncia. Se nombra a un presidente interino que convoca elecciones. A río revuelto, ganancia de pescadores. Con trampas y apoyo descarado del INE, Morena gana las elecciones. Asciende al poder lo peor de Morena. Noroña es presidente y El Fisgón, secretario de Gobernación.

c) Renuncia Sheinbaum. López Obrador reposa en Nueva York, recuerda los buenos tiempos con Maduro. Morena se divide en facciones. Un gobierno interino convoca elecciones. Se forma un Frente de Unidad Nacional (PAN, PRI, MC, Verde, Somos, Sociedad Civil) que gana en las urnas de forma tal que el INE no puede meter las manos. Ante la cantidad de vicios y distorsiones, se plantea la refundación de la república y la elaboración de una nueva constitución. Se abre un periodo de justicia transicional.

Puede Estados Unidos intervenir en México, o no. Puede López Obrador salir de su encierro, o no. Puede Claudia Sheinbaum (sin su mentor, sin el modelo cubano, con el partido dividido, en medio de una grave crisis económica) renunciar, o no. El Ejército, ante el caos, puede tener la tentación de tomar el poder, o no. Lo que queda claro, hasta ahora, es que no hay oposición. Así como México no cuenta con un Plan de Seguridad Nacional para reaccionar frente a posibles intervenciones extranjeras, la oposición no tiene ni imaginación ni audacia para plantear escenarios ante los graves desafíos del presente. Más allá de calificar de narcogobierno al gobierno actual, no tiene un proyecto de seguridad ni de cómo gobernar sin el narco, pulpo cuyos tentáculos se extienden por todo el país. En un México en crisis, nada peor que una oposición anémica. En esa situación nos encontramos. El gobierno morenista, frente a la descomunal presión de múltiples actores externos e internos, puede simplemente desmoronarse como un castillo de naipes. Todo lo sólido se desvanece en el aire. No es una ocupación ociosa planear escenarios ante esa posibilidad. Para que el futuro exista, se tiene que comenzar por nombrarlo. ~


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