Cómo hacer con el “Libro de Jonás” un libreto de comedia musical

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El de Jonás es uno de los libros más curiosos del Antiguo Testamento. No sólo por las fantasías —¿hemos de entender como cierto y averiguado que Jonás viajó, como Pinocho, en el vientre de una ballena?—, sino porque es el único libro de la Biblia que tiene humor y parece una comedia. La escena final, Jonás frustrado porque no se produce la destrucción de Nínive, es francamente chistosa. Esos elementos me alentaron a darle un empujoncito y transformar el libro en mero libreto de comedia musical. Y me puse a trabajar.
     El plan fue que yo escribiría el texto, Eduardo Gamboa la música y Tony Castro dirigiría la obra. Ya hemos trabajado juntos y nos entendemos bien. Tal vez algún día podamos hacerlo, no es fácil porque no hay tradición financiera ni empresarial en este tipo de obras complicadas y costosas, pero en fin, ya veremos.
     Lo que aquí presento es la primera parte, es decir, sólo una muestra de cómo hacer el libreto. Empieza con el llamado de Jonás, cuando Dios le pide que vaya a Nínive a predicar como profeta dirigente. Jonás se niega. La actitud no es rara, sino la más común; hasta Moisés, el más grande de todos, se negó al principio. Es ese “¿Por qué yo?, estoy muy ocupado y soy torpe”. Moisés alegó, por ejemplo, que era tartamudo. Dios oye con paciencia estas negativas, pero insiste, insiste siempre, “voy a estar contigo”, dice. Jonás, a diferencia de Moisés, no sólo se niega, sino trata de huir. Ésta es la parte que presento, podría llamarse “La negativa de Jonás”.
     Una última observación: el traslado de época al situarla en nuestro tiempo no debe estorbar demasiado. Hay que recordar que los profetas, antes que videntes, iluminados o adivinadores, eran líderes políticos y reformadores sociales. Y era el análisis de la situación política y social, tanto como el don de Dios, lo que les permitía profetizar.
     Dicho esto, la obra empezaría como sigue:
     Oficina de un funcionario. La luz ilumina bien a Jonás, pero mal al funcionario.
      
     Funcionario: Jonás, Jonás, tienes que ir.
     Jonás: ¿A dónde? ¿Por qué tanta seriedad?
     Funcionario: A Nínive.
     Jonás: ¿A Nínive?, ¿pero no hay ahí una guerra civil? (el funcionario asiente con la cabeza), ¿no son incansables los escuadrones de la muerte? (el funcionario vuelve a asentir).
     (Aria.) ¿Y qué fue de Salomón Cabrales y su sonrisa de media luna? Era positivo y callado y nadaba un kilómetro diario. Nadie como él, tan astuto y diligente.
     Funcionario: (Dúo.) Salomón Cabrales murió.
     Jonás: ¿Murió?
     Funcionario: Fue torturado lentamente. (Con la música de la primera aria.) Toques eléctricos, algo salvaje, que pone espanto en los corazones, la picana, la picana…
     Jonás: Pobre hombre.
     Funcionario: Finalmente le arrancaron la cabeza y la aplastaron con una piedra. Y ahí quedó Salomón Cabrales. Por eso queremos que vayas tú.
     Jonás: ¿A Nínive?, ¿yo?
     Funcionario: Sí, a sustituirlo, un reemplazo. Hemos pensado que justamente tú eres el indicado.
     Jonás: ¿Yo?
     Funcionario: Tú. ¿Qué, no estoy hablando con claridad, es torpe mi fonética u oscuros mis conceptos? Tú, Jonás.
     Jonás: En este momento voy a hacer mis maletas.
     Funcionario: (Marcha triunfal.) Bravo, Jonás, no esperábamos menos de ti. (Aparte.) Qué prontitud de reflejos, qué sentido del honor, no dudó, no vaciló ni siquiera un momento y allá va a lo desconocido, presto al sacrificio.
     Jonás: Me voy de vacaciones, piensa en otra persona. Presento mi renuncia con carácter de irrevocable. Dame por muerto y enterrado, desaparezco, me voy, adieu.
     Funcionario: ¿Cómo, Jonás? ¿Qué estoy oyendo? Parece que te niegas a ir a Nínive.
     Jonás: De ninguna manera y bajo ninguna circunstancia.
     Funcionario: (Irritado.) Creo entender que te niegas a ir.
     Jonás: No voy a Nínive. ¿Es torpe mi fonética o son oscuros mis conceptos? No-voy-a-Nínive, no quiero tener nada que ver con eso, cero relación con los ninivitas. Me voy.
     Funcionario: ¿A dónde vas, Jonás?
     Jonás: A cualquier parte donde no puedan encontrarme.
     Funcionario: Jonás, Jonás, bien sabes que no existe ese lugar. No huyas, Jonás, fuiste seleccionado y tienes que cumplir. A ti te tocó, no puedes escapar a lo que está dentro de ti.
     Jonás: Eso crees tú. Adiós, me voy, tengo prisa. Adiós y hasta nunca.
      
     Música. Se apaga la luz en la oficina del funcionario y se enciende un letrero de gas neón con vivos colores de una agencia de viajes: LLEGUE PRONTO Y SEGURO A SU DESTINO. Una mujer con lentes está detrás del mostrador. Con la música de la transición, la mujer canta una canción, que tiene un toque de comercial de radio:
      
     Mujer: Escape al horror de los suburbios, viajar, viajar, goce el sol de España y la nieve de los Alpes, camine por París, oh, dulce Francia, cara Lutecia, Afganistán, Manhattan, Turquía, el mundo es suyo.
     Contemple su pigmeo en la selva de Borneo.
     Jonás: (Se suma a la canción de la mujer.) Viajar, viajar, tengo gran urgencia de viajar.
     Mujer: Sí, señor, ¿adónde y por cuál medio de locomoción? (La mujer tiene todo el tiempo una sonrisa amplia y artificial.)
     Jonás: (Nervioso.) A cualquier parte, con tal de que sea lejos, señorita.
     Mujer: Sí, sí, un deseo abstracto de viajar, comprendo y apruebo. Escapar un poco al horror de estar vivo. Bien, pero necesito penetrar un poco en su psicología, señor.
     Jonás: No, señorita, le suplico que no profundice, cualquier lugar es bueno, con tal de que esté lejos.
     Mujer: Bien, bien, veamos qué ofertas tenemos. (Revisa papeles.) ¿Qué le parecerían dos semanas de pesca deportiva en Coromandel?
     Jonás: ¿Dónde queda eso?
     Mujer: Cerca de Nínive.
     Jonás: (Furioso.) ¿Está usted loca?
     Mujer: No, las playas son de ensueño, aguas cristalinas, pesca recreativa…
     Jonás: Y el país sumido en guerra civil, cruenta en extremo, con matanzas de depuración étnica y toda la cosa.
     Mujer: Sí, señor, pero el ejército patrulla con lanchas rápidas, sin descanso y con diligencia ejemplar, la zona de pesca recreativa, y hace esas playas unas de las más seguras del mundo entero.
     Jonás: Es el colmo, señorita, vengo aquí en busca de tranquilidad y ayuda y usted quiere enviarme al teatro de una guerra despiadada.
     Mujer: Cálmese, señor, si no está usted dispuesto a arriesgar un poco aunque sea, más vale que se quede en pantuflas y en casita.
     Jonás: (Más enojado.) Pero si le acabo de decir que tengo extrema urgencia de viajar.
     Mujer: Sí, señor, sí, pero ¿adónde?
     Jonás: Adonde sea. Deme un boleto para París.
     Mujer: (Empieza a canturrear. Su canción crece y se hace dúo con Jonás.) Paris est une blonde, muy buena elección, pero los vuelos están llenos. Si quiere lo pongo en lista de espera.
     Jonás: No, no puedo. Démelo a donde sea, el mundo es enorme: Damasco, Samarcanda, Lisboa, Santiago de Compostela, Pekín, Antofagasta, Madagascar…
     Mujer: Tranquilícese, señor, no siga.
     Jonás: Mar del Plata, Praga, Milán, Omaha Nebraska, Quito, Leningrado, Casablanca…
     Mujer: El mundo es enorme, pero los vuelos están llenos. Estamos en temporada. –

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