I will o ertake thee, Cleopatra

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Es el Deseo, La que en este

instante es el

Deseo.

                  Su Luna desterrada,

su diamante letal,

su luz de hielo y sus auroras

de fuego. Tiembla como la lluvia, como una crepitante

mar que llama.

 

Y ya es tuyo el Infierno.

Has sido el elegido

por ese fulgor y ese vacío, por esa

soledad de amianto.

Porque ella deja

caer el perfume de su cabellera

que te aísla del mundo. Y fuera

dicen que existe algo, misterios de ojos fijos,

límites de agua, desiertos de oro.

Todo lo que ha sido

exudado por ardientes insomnios,

abolidas cenizas de una niebla

donde moran las que ella ha asesinado.

 

Pero ella te mira.

Sus ojos como faros abandonados, la locura

de su carne, ese resplandor transparente.

                                                                          Y sabes

que ya no tendrás paz sin los placeres

de ese cuerpo, ese ocio divino.

 

Porque ella te ha elegido,

te ha destinado al frío de esa niebla,

el fuego de alabastro de los labios de la Muerte.

 

Sí. Es el abismo. Pero

no deseas otra suerte. Sabes

que Dios hizo el mundo para ella.

Y como por Helena

entregarías Troya a esa alta llama fúnebre. ~

 

notas

 

 

Este poema pertenece al libro inédito Los obscuros leopardos de la luna.

 


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