La agonía de los Siete Sabios

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Suele atribuirse el rompimiento entre los Siete Sabios de México a divergencias ideológicas que aumentaron con el tiempo. No es del todo cierto. También hubo motivos personales, poco conocidos, que enfriaron la amistad que cultivaron en la Escuela de Jurisprudencia.

Entre 1918 y 1920 ya se les asociaba poco dentro de las actividades universitarias. Las tempranas cartas de Antonio Castro Leal a Alfonso Reyes evidenciaban competitividad entre ellos, y los intereses individuales restaban importancia al proyecto colectivo: Vicente Lombardo Toledano y Manuel Gómez Morin buscaban lugar en el gobierno; Teófilo Olea y Leyva y Alberto Vásquez del Mercado, ambos paisanos y amigos de la infancia, se dedicaron a la abogacía; Castro Leal se entregó a las letras y Alfonso Caso a la antropología. En 1917, Jesús Moreno Baca se graduó y se alejó paulatinamente del grupo al iniciar su vida profesional y familiar, y al definirse en favor del Partido Nacional Cooperatista, encabezado por Jorge Prieto Laurens.

En 1922, Alfonso Caso contrajo matrimonio con María Lombardo, hermana de Vicente. No hay constancia de que fueran invitados a la ceremonia Moreno Baca ni Castro Leal –quien ya vivía en extranjero, donde permanecería ocho años– ni Gómez Morin ni Vásquez del Mercado. Olea y Leyva, que sí recibió invitación, se disculpó en una carta a Caso:

“Desgraciadamente no podré asistir a tu matrimonio mañana por los motivos que a continuación te expreso, mismos que sin desearlo, [me] han hecho alejarme de ti como lo has notado y que ahora me veo obligado a decírtelos para que no sigas tomando mi proceder como falta de afecto hacia ti: Vicente Lombardo se me ofreció para cobrar un pagaré, […] habiendo ocurrido esto en el año de 1919. Después de algún tiempo, Vicente me dijo que el documento se había extraviado en un despacho donde él trabajaba, y después de muchísimas súplicas para arreglar satisfactoriamente esto, llegó a pretender entregarme una carta firmada por una persona de pésima reputación para justificarme la pérdida del documento, en vez de comprometerse […] a responder como era de esperarse de una persona honorable. Han pasado tres años y […] contra mí han dicho que soy un abogado sin escrúpulos y mil chismes […]. Al saber esto tuve un derrame de bilis que me enfermó; causa por la cual me veo imposibilitado para asistir.” [Fondo Alfonso Caso, 1922]

Esta boda produjo un golpe de efecto inesperado en otros ámbitos. Ese mismo año de 1922 –como relata José Vasconcelos en El desastre–, para resolver el problema de autoridad que existía en la Escuela Nacional Preparatoria, el rector Antonio Caso le propuso como director a Lombardo Toledano. Escribe Vasconcelos: “Tiene Caso la debilidad de los parientes. A Lombardo lo recomendó porque un hermano de Caso había contraído matrimonio con una de [sus] hermanas. […] Creí, pues, que el ingreso de Lombardo a la Dirección de la Preparatoria conciliaría intereses y me uniría de nuevo con mis colaboradores de primera categoría: [principalmente] Caso.”

Ese nombramiento no funcionó como esperaba: “Empezaron en la Preparatoria las juntas políticas y los discursos radicaloides. Lombardo procedía de un seminario poblano y había sido, además, un buen auxiliar en la administración de Victoriano Huerta. Su nuevo celo lo atribuimos al deseo de borrar su pasado.”

Las cosas empeoraron: “Bastaba, por supuesto, con que yo sugiriera algo para que no se hiciese.” Según Vasconcelos, Lombardo conspiraba contra él, esperando que con Calles se le entregaría la Secretaría de Educación, donde nombraría subsecretario a su cuñado Alfonso.

Estos conflictos desataron una huelga en San Ildefonso, violencia contra Vasconcelos, la salida de Lombardo, la expulsión de Alfonso Caso y, el 28 de agosto de 1923, la renuncia de Antonio a la rectoría con el consecuente rompimiento entre dos de los miembros más destacados del Ateneo de la Juventud. No fue indiferente a todo esto Gómez Morin, que veía en Vasconcelos a su mentor, por lo que nunca más volvió a dirigirle la palabra a Lombardo. Cuando Manuel se casó, el 12 de enero de 1924, los bandos estaban claramente escindidos. A su boda solo acudieron Olea y Vásquez del Mercado.

Estas asperezas, sumadas a su distanciamiento profesional, generaron que ninguno respaldara la decisión de Vásquez del Mercado de renunciar a la Suprema Corte en 1931 por la expulsión del país de Luis Cabrera. El ríspido debate por la educación socialista acrecentaría más tarde los rencores. Las tempranas muertes de Moreno Baca y Olea descartaron la posible reconciliación. Los Sabios se separaron definitivamente cuando se extinguió lo que los había unido: el desinterés y la camaradería que se construyen en la juventud y en el aula. ~

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