La recomendación del mes…

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Detente, lector amigo. Oprime el botón de pause en el ordenador de tu cuotidie y busca nutrición espiritual en el sereno sembradío de la buena prosa que, mes con mes, esta columna labradora espiga para ti.
     En esta ocasión, posamos nuestra mirada ávida en el áspero muro del actual debate universitario, con objeto de mostrar que aún en él se escribe a veces con lápiz que es carbón y diamante a un tiempo. En dicho tenor, te ofrecemos un breve collar trenzado con amatistas y rubíes de ese aparador generoso que se llama “Joyería Bellinghausen”: todo él ola de justicia, todo él aire de esperanza, todo él fuego de alegría, todo él tierra de confeti. — Edouard de Tours

En movimientos sociales como el de la unam hay algo de condición líquida.
Los estudiantes no daban señales de vida, pero hoy su ola parece irresistible.
Una decisión autoritaria de la rectoría incendia la pradera.
Sentirse engañados por las autoridades tiene hoy a muchos estudiantes sacados de onda y toman-do vuelo.
Los estudiantes formaron una valla viva y caótica.
La lucha de clases existe, con perdón de las nuevas tendencias sociológicas, y en ella hay un lado y hay otro.
Se ha revelado la existencia de una nueva unam burguesa, clasista, racista, apoyada en las viejas estructuras autoritarias y en la ley universitaria siempre rebasada, pero nunca bien reformada en un sentido democrático.
La discusión entre la universidad de paga y la gratuita destapa muchos pozos a la vez: unos, manantiales; otros, cloacas.
Una ola de participación e inquietud cívica recorre la unam en sus niveles superiores y medio superior.
Las estudiantes de veterinaria no pueden ocultar su fenotipo de güeritas.
Contra todo cálculo neoliberal, la disputa por la unam renace. ¿Cuánta imaginación logra-rá generar?
Un aura de irreprimible primavera va ganando la movilización estudiantil.
El susto inicial, cercano al vértigo, va tornándose alegría y terrible esperanza.
La protesta se derrama. La identificación común del estudiantado suelto, sin privilegios ni compromisos, está en pleno espejeo.
Al pie de un árbol de jacaranda, un grupo de muchachas se rociaba de flores como confeti.