En 1948 el grupo filosófico Hiperión irrumpió en la cultura mexicana como un cometa: de manera brillante y efímera. Este grupo, formado por exalumnos de José Gaos, pretendía combinar la autonomía de pensamiento con el mayor rigor intelectual para crear una nueva filosofía mexicana comprometida y de altura. De todos los hiperiones, el único que logró realizar plenamente ese afán fue Luis Villoro. Pero su legado va más allá de su obra escrita: hasta el último de sus días, él fue nuestro mejor ejemplo de cómo vivir como un filósofo; tarea que requiere de virtudes poco comunes como la de no sucumbir a las tentaciones del poder o no abandonarse a las pequeñas miserias de la vida académica.
La verdad incómoda, de Davis Guggenheim
A lo largo de La verdad incómoda, el notable documental de Davis Guggenheim, Al Gore recuerda más a un personaje de una novela de Philip K. Dick que a un político de cepa. Como protagonista de…
Gudeg: la gente buena habla bajito
Jogjakarta es, en voz muy baja, una de las experiencias multiculturales más intensas. Pero es tan pobre que nadie se ha atrevido a llenar esto de suficientes McDonald’s para arruinarlo todo.
La luna trae al mes
La luna trae al mes y el mes trae al jazmín; extingue la luna ascendiendo contiendas de formas lejos y cerca. Pesca la fronda de la palma en el azul. La Osa se oculta en lentos linos…
Décimo rastreo
Necesito poner muy a menudo Largamente ante mí sin distraerme Eso que inauguraba cada día mi día En aquel tiempo en que aún estaba Limpia mi edad entera Aquel deslumbramiento emocionado De ver…
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