La ciudad sabe a mar,
de capanazos de salitre,
mece los brazos largos de sus sauces,
lame los ateridos huesos de sus plátanos,
se escapa en una enmarañada deserción.
Mueve los pies frenética en el cielo,
baila en el viento y en el agua,
y zapatea sus choclos con la lluvia, tap, tap.
Corre desesperada de callejón en callejón,
huye como si fuera la misma niebla,
y se va a pique con todo su ruidero.
Y más abajo el alma humana, se humareda,
su chimenea,
su montón de infiernillos y discordias,
sus mil pasos prendidos a cada día.
Un inmenso mar de luciérnagas,
el puerto,
sus hombres y mujeres.-
Decadencia y caída del club Guadalajara
El Club Deportivo Guadalajara ha muerto en lo más alto y lo están demoliendo mientras escribo esta evocación. La directiva de las campeonísimas Chivas ha vendido sus instalaciones principales,…
La risa cruel de Huysmans y Torri
Asistir a un entierro con el ánimo de ejercer la crítica de espectáculos, sin la menor consideración por el dolor de los parientes y amigos del muerto, equivale a llevar hasta sus últimas…
Libertad, igualdad y fraternidad: Simone de Beauvoir
En la introducción a El segundo sexo, Simone de Beauvoir afirma haber dudado mucho antes de escribir un libro sobre la mujer. “Es un tema irritante, sobre todo para las mujeres, y no es…
El desengaño de Julio Anguita
Hace unos días, El Mundo publicó una entrevista a Julio Anguita en la que el antiguo dirigente de Izquierda Unida afirmaba que “los problemas de España se llaman euro, deuda y Unión Europea”.
RELACIONADAS
NOTAS AL PIE
AUTORES