La ciudad sabe a mar,
de capanazos de salitre,
mece los brazos largos de sus sauces,
lame los ateridos huesos de sus plátanos,
se escapa en una enmarañada deserción.
Mueve los pies frenética en el cielo,
baila en el viento y en el agua,
y zapatea sus choclos con la lluvia, tap, tap.
Corre desesperada de callejón en callejón,
huye como si fuera la misma niebla,
y se va a pique con todo su ruidero.
Y más abajo el alma humana, se humareda,
su chimenea,
su montón de infiernillos y discordias,
sus mil pasos prendidos a cada día.
Un inmenso mar de luciérnagas,
el puerto,
sus hombres y mujeres.-
La muerte del chivo
Luis Llosa, Augusto Cabalda y Zachary Sklar, guionistas de la adaptación cinematográfica de La fiesta del chivo, proponen un comienzo bastante perturbador, que no era el de la novela de Mario…
Imitar, contemplar, interpretar: Paisajismo británico en México
En la exposición Landscapes of the Mind es posible ver en las obras de grandes paisajistas británicos el tránsito desde el exterior hacia el interior del artista.
Poéticas municipales
Hace unos meses, en una reseña, Víctor Manuel Mendiola dio su lúcida sentencia sobre el espíritu de este tiempo en materia poética: “Los nuevos poetas…
Elementos de deontología
Con frecuencia el crítico literario es conminado a explicar lo que hace, por qué lo hace, y qué debe o no hacer. Este ensayo polemiza, con pasión e inteligencia, sobre cinco lugares comunes…
RELACIONADAS
NOTAS AL PIE
AUTORES