Sex and the City, de Michael Patrick King

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Sex and the City funcionó en la televisión durante seis temporadas gracias a dos virtudes: primera, que sus guiones cristalizaban en torno a una metáfora central que comunicaba todas las subtramas y se filtraba aun al nivel de los punch lines. La otra es que había punch lines. Cada episodio estaba rigurosamente planeado para que si a una de las cuatro protagonistas le iba mal, siguiera un comentario o una secuencia en contrapunto que virara la desazón hacia su propio comentario: de ahí su textura deliciosamente sarcástica. Todo esto se hunde en la película, que en sus 145 inmanejables y llorosos minutos muestra que no basta repetir actrices; hace falta la factura. ~

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