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Sr. director:

Al igual que millones de mexicanos, Guillermo Sheridan cayó en la trampa, pero lo peor no es caer sino seguirla promulgando.

Como Sheridan menciona en su artículo “Diatriba contra ricachones” (Letras Libres núm. 131), según el Sistema de Administración Tributaria hay empresas que defraudan al fisco pagando sólo el 1.7% sobre sus ingresos acumulables. Este dato lo comentó el 29 de octubre el presidente Felipe Calderón arremetiendo contra los empresarios.

Llevo siendo empresario los últimos veinticinco años de mi vida y todos los días 17 de cada mes pago mis impuestos y sí: pago en promedio 1.7% sobre mis ingresos acumulables.

Por si no lo saben Sheridan y el presidente Calderón, o no lo quisieron saber, los impuestos se pagan después de deducir los gastos de las ventas totales, lo que es igual a los ingresos gravables:

+Ventas $ 100.00

-Costo $ 72.00

——————————————

Ut. Bruta $ 28.00

-Gastos $ 22.00

——————————————

Ut. Neta $ 6.00

El 28% de ISR de $6 es igual a $1.68, lo que es lo mismo que el 1.7% sobre mis ingresos acumulables.

Que fácil es criticar y no realizar un “descomunal” esfuerzo por entender lo básico en finanzas empresariales. Muchos empresarios de este país aguantamos la burocracia, los cambios fiscales de cada año, las crisis recurrentes, la inseguridad, etcétera. Pero con mucho esfuerzo seguimos trabajando, pagando nuestros impuestos y generando empleos en espera de un México mejor. Demasiado como para que con un simple plumazo nos digan que somos una amenaza para México. ~

 

 

 

 

 

Respuesta a Santiago Pereda Martínez

 

Sr. Santiago Pereda Martínez,  

Le agradezco la carta a Letras Libres en la que manifiesta su molestia con mi artículo “Diatriba contra ricachones”. Lamento ser uno de los “millones de mexicanos” que –según usted– cayeron en la trampa de otorgar crédito al discurso en que el presidente Calderón dijo que algunas empresas pagan sólo el 1.7% sobre sus ingresos acumulables. Y lamento más aún que usted ya haya decidido que me deleito en divulgar –parecería que con dolo–, lo que usted considera mi error.

 

La molestia de usted, Sr. Pereda Martínez, que parece tener en su origen algo más que mi comentario, parece ofuscarle lo suficiente como para no tener en consideración el contexto del que surgió el comentario del presidente.

 

En efecto, el cálculo del ISR sobre la base de la utilidad gravable puede equivaler a ese 1.7% sobre los ingresos. Creo que la crítica del presidente iba en el sentido de que ese renglón que usted anota, el del COSTO (es decir, la suma de costos y gastos deducibles), refleja un fuerte contraste con el estándar mundial, que anda por el 50%, bastante inferior al 72% que usted señala para México, porcentaje que me parece ofensivo y odioso en un país hambreado como el nuestro.

 

Un empresario que deduce autos lujosos, blackberries estéreo, viajes placenteros, etcétera, es empresario, pero también es ricachón, que es hacia lo que endereza mi diatriba. Sospecho que el “error” del presidente tiene que ver más con eso: que las leyes fiscales mexicanas pemitan 1) deducir gastos suntuarios, y 2) que permitan la consolidación fiscal (el poder deducir de las utilidades de una empresa las pérdidas de otra empresa consolidada; esto lo digo no para usted, que es experto en el tema, sino para los ignorantes).

 

Por eso opino que convendría más una recaudación centrada en el impuesto al consumo: el 16% parejo. Que más pague quien más consume.

 

Celebro, Sr. Pereda Martínez, que usted pague sus impuestos puntualmente y que sea honesto al calcular sus costos y sus gastos. Celebro que no abuse de las consolidaciones. Celebro que no deduzca gastos suntuarios. Celebro que no se ajuste su perfil al de los ricachones y por tanto celebro que no esté usted entre los algunos empresarios que sigo considerando una amenaza para México.

 

Pero celebro, sobre todo, que persevere usted como empresario a pesar de las adversidades que, le aseguro, conozco bien. Son muchas y cargantes, aunque no necesariamente mayores ni más enfadosas que las que cargamos los asalariados que no podemos deducir lo que las empresas, sobre todo las consolidadas.

 

Guillermo Sheridan

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