Sobre el Tibet

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Señor director:
     En el número 7 (febrero del 2005), el artículo principal “China: ¿Tigre de papel?” hace un interesante análisis de la actualidad china. Lamentablemente el tratamiento ejemplifica la aproximación incompleta que típicamente se da al tema. China es una potencia económica y, de manera simultánea, es un poderoso aparato irrespetuoso de los más elementales derechos humanos, donde el Tíbet es probablemente el caso más grave. Pero el artículo del Sr. Ramón Cota Meza “China: El otro lado de la moneda” realiza una revisión tristemente superficial. El párrafo que se refiere al Tíbet (ocho renglones) da una visión tan ligera que constituye un desafortunado caso de subinformación.
     Como coordinador del grupo aitibet (responsable del área de China y el Tíbet para la Sección Mexicana de Amnistía Internacional), debo mencionar algunos datos —esperando la publicación de la presente, para que sus apreciables lectores tengan idea de la realidad tibetana. Como consecuencia de la brutal invasión china en 1949, han muerto más de 1,200,000 tibetanos (uno de cada seis). Se han destruido más de seis mil monasterios —en 1949 existían alrededor de 6,250 templos y para 1979 quedaban sólo 13. En 1959 el Dalái Lama, líder político y espiritual del Tíbet, huyó a la India para salvar su vida, y estableció el Gobierno Tibetano en el Exilio (gte) en Dharamsala. Fue seguido por más de 120,000 tibetanos que realizaron una peligrosa travesía a través de los Himalayas. El Gobierno Chino dividió el Tíbet en regiones y prefecturas, donde el área central fue engañosamente bautizada como “Región Autónoma de Tíbet”, extensión territorial que no es todo el Tíbet ni ostenta ninguna autonomía. Es cotidiana la práctica de arrestos ilegales, juicios secretos, sentencias absurdas, torturas aberrantes y ejecuciones clandestinas. Las políticas de China incluyen, de manera sistemática, el acceso restringido a la educación (prohibitiva en general), el saqueo, venta y destrucción del patrimonio cultural tibetano, los campos de trabajo obligatorio, los programas de abortos forzados, las esterilizaciones en masa y las transferencias permanentes de población china a territorio tibetano, que ha convertido a los tibetanos en minoría en su propio país (actualmente existen más de 7.5 millones de chinos contra seis millones de tibetanos).
     Quedo a sus órdenes y de sus lectores para ampliar esta información en aspectos específicos. –
     Reciba un atento y muy cordial saludo.

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