Sobre mis pasos de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano

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Sobre mis pasos es la recapitulación que hace Cuauhtémoc Cárdenas de su vida política y profesional. En el principio de esta revisión, y a modo de epílogo también, están las ideas y las obras del general Lázaro Cárdenas. En la primera página del libro Cuauhtémoc afirma: “Sin duda, la influencia más importante de lo que ahora soy y de lo que he hecho, la he recibido del ejemplo de cómo condujeron sus vidas mis padres. Lázaro Cárdenas y Amalia Solórzano.”

Cuauhtémoc define la ideología de la Revolución mexicana desde la visión que el cardenismo tiene de ella, por eso cierra el libro insertando lo que se considera el testamento político de su padre: “Mensaje a los revolucionarios de México”. En aquel texto, Lázaro Cárdenas dice, entre otras cosas: “Es necesario, a mi juicio, complementar la no reelección en los cargos de elección popular con la efectividad del sufragio”, y también que “toda verdadera manifestación de democracia, ya sea en el orden político, social o cultural, se nutre en la democracia económica que produce un cambio profundo de las estructuras”. Sufragio efectivo y democracia económica. A estos puntos cardinales del pensamiento cardenista se suman la idea de México como país soberano y la definición de una posición de Estado frente a la comunidad internacional como pacifista, enemigo de la intervención de unas naciones en los asuntos internos de las otras, no alineado con las grandes potencias, así como la identificación de México como tierra de asilo para los perseguidos por sus ideas políticas.

Estas grandes coordenadas definen el territorio en el que se desarrolla la vida pública de Cuauhtémoc, desde su acercamiento al movimiento electoral de Miguel Henríquez –que devino en fraude y represión– o su participación en las protestas contra el golpe de Estado y la intervención norteamericana en Guatemala, hasta los procesos electorales del 88, 94, 97, 2000 y 2006, pasando por la creación del Movimiento de Liberación Nacional a principios de los sesenta, su simpatía por el movimiento estudiantil de 1968, su ingreso al PRI y la construcción de su candidatura para gobernar Michoacán, su rompimiento con el partido a raíz de la creación de la Corriente Democrática, su simpatía por las luchas de Rubén Jaramillo y Genaro Vázquez Rojas y sus encuentros y desencuentros con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Como muchos otros miembros de su generación alude también a la impronta que en su formación ejercieron los exiliados republicanos españoles, así como el entusiasmo que despertó tanto en él como en su padre el triunfo de la Revolución cubana en 1959.

Queda clara la intención del autor no solo de reconstruir los hechos de su vida, sino de mostrar lo que considera la coherencia de sus actos. El destinatario de esta suerte de largo exordio no son sus adversarios históricos sino la izquierda en que milita, y más precisamente aquellos que se aglutinan en torno a la figura de Andrés Manuel López Obrador, y muy principalmente Porfirio Muñoz Ledo, Elena Poniatowska y Enrique Semo. El debate en ese frente interno de la izquierda mexicana ha tenido como contexto el proceso electoral y postelectoral de 2006, y ha consistido entre otras cosas en revisar la actuación de Cárdenas en 1988. Cuauhtémoc define lo ocurrido el 6 de julio del 88 como un fraude electoral, un golpe de Estado, y una violación de la ley y la Constitución a cargo del PRI, pero también visualiza aquel momento como el inicio de la transición democrática. Es frente a ese debate que reivindica su derecho, como político y ciudadano, a reunirse e intercambiar puntos de vista con sus adversarios. Cuauhtémoc discute la teoría que empezó a circular a raíz del “plantón de Reforma”, de que él no había resistido con suficiente valor el fraude del 88. El autor argumenta que siempre consideró fundamental no conducir al movimiento hacia una confrontación armada o hacia el sacrificio, y que, frente a la disposición manifiesta del régimen a la represión y no contando con los instrumentos políticos necesarios para defender su triunfo y vencer entonces al sistema del partido de Estado, propuso transformar la fuerza social que encabezaba en una formación política (PRD) capaz de representar sus motivaciones y canalizar su fuerza en el terreno electoral.

El tema de sus diferencias y distanciamiento con López Obrador sube de tono cuando polemiza con las ideas expresadas por Enrique Semo en su libro La búsqueda. 1. La izquierda mexicana en los albores del siglo xxi. En efecto, Semo quiso proponer una visión crítica del cardenismo de Cuauhtémoc con la finalidad de legitimar ideológicamente un cambio de liderazgo al interior del PRD. Para Cárdenas, el trabajo de Semo se propone deslegitimar su posición política en el contexto del avance, dentro del PRD y de un sector considerable de la sociedad, de las simpatías por amlo como cabeza electoral de la izquierda mexicana hacia el proceso electoral de 2006.

En La búsqueda, Enrique Semo pretende mostrar a Cuauhtémoc como un hijo mimado de la élite gobernante, un adversario del Partido Comunista, el responsable de la disolución del Movimiento de Liberación Nacional, un ignorante de las ciencias sociales, un moderado reformista neoliberal, un claudicante incapaz de oír los nuevos lenguajes y las nuevas ideas de su tiempo. Desde luego que las posiciones políticas de Cuauhtémoc son discutibles, como las de cualquier otro actor político, pero resulta sorprendente que Enrique Semo, defensor a ultranza de la “dictadura del proletariado” como militante de un Partido Comunista que se proponía deshacerse de aquella definición totalitaria, más tarde promotor del voto útil a favor de Vicente Fox y, al momento de publicar su libro, secretario de cultura de amlo, se proponga justamente derribar la figura política de Cuauhtémoc desde una supuesta condición de historiador objetivo.

El libro recuerda la puesta en marcha de esa campaña de deslegitimación desde el bando de López Obrador a partir de la campaña del 2000, que se torna especialmente cruda en 2006 y en la que destacan las críticas de Muñoz Ledo (también aliado tardío y representante de Vicente Fox ante la Unión Europea) y Elena Poniatowska (que en 2006 llamó a Cárdenas “envidioso” y propició un abucheo masivo en su contra durante un mitin lopezobradorista), pero a la que se sumó en su momento el aparato mismo del PRD, involucrado en la campaña presidencial de amlo y que alcanzó múltiples editoriales y un bombardeo de insultos expresados por las redes sociales. Esta campaña hizo el efecto esperado: facilitó el ascenso de López Obrador y convirtió al cardenismo en una corriente minoritaria del PRD, pero también significó la renuncia de una parte amplia de la izquierda a uno de sus mayores referentes políticos y a una figura sustantiva de su identidad histórica, lo que en la práctica se ha traducido en un golpe contundente contra sí misma. La crisis actual del PRD, su desdibujada identidad y su falta de proyecto nacional (del que carecen, por cierto, todas las demás fuerzas políticas de México) tiene mucho que ver con esa suerte de furor parricida, de campaña de odio tolerada, cuando no auspiciada, por la corriente de Andrés Manuel contra el fundador de su partido.

Si alguien ha disentido desde el liberalismo con las ideas de Cuauhtémoc Cárdenas respecto al papel que debe jugar el Estado en temas como el petróleo o la electricidad, y no se identifica con las concepciones sociales y políticas de la Revolución mexicana y el cardenismo histórico, no encontrará aquí argumentos que lo hagan reconsiderar su posición. Es verdad que Cárdenas se considera a sí mismo un continuador de la obra de su padre y la Revolución, y que la publicación de este libro justo en 2010 tiene también la intención de reivindicar a la misma a cien años de su inicio, pero lo que es más notable de esta narración autobiográfica es fundamentalmente otra cosa: se trata de su destacada aportación en la lucha por la democracia, la defensa del voto y la civilidad política en México. ~

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