Señor director:
De los dos poemas de Bonnefoy publicados el mes pasado, sólo haré mención del primero [“La imperfección es la cima”], que hace más de veinte años osé traducir al catalán, y con excesiva literalidad. Leído el texto que se propone, con independencia del texto original francés del poemario Hier Regnant Désert, he de declarar que “funciona”. Y no era tan fácil, pues estamos hablando, en mi opinión, del acaso más grande poeta de la lírica francesa de la segunda mitad del siglo xx. Y de uno de los poemas base de su “poética”, y que bien podría recorrer los caminos de la poesía de Juan de Yepes o John Donne y, siglo a siglo, llegar a los mares terceros de Juan Ramón. Cuántas veces habré recreado la delicada aporía poética aquella de “la imperfección está en la cima” y cuántas veces me habré traicionado a mí mismo, desde la juventud engañosa y autojustificadora mía, para solazarme con la idea del “umbral” en el que, más que abandonarme, me escondía. Ah, “el Amado”, “la Montaña”, “el más oscuro centro”. Ay, Yves Bonnefoy, tan de una generación que habríamos de leer, y recordar, cómo no, al casi desconocido, otro Maestro, Jean Lauger, y que merece otra dosis de respeto en el sentido que el último de los Áticos, Joubert, daba en sus Aforismos a la Poesía. Mi felicitación al equipo de traductores. –
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