Soneto votivo

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     En el nocturno poso recocido
     que la noche estancada sedimenta
     bajo las turbias sábanas, alienta
     también un poso nuestro sumergido,
      
     ciego montón sin orden esparcido
     de bultos, masas, pesos; irredenta
     pululación con fiebre que se asienta
     en la negra orfandad de nuestro olvido.
      
     Y todo eso se encima, abraza, estrecha,
     hasta que al fin aquí nos percatamos
     que está ya copulándose allá abajo.
      
     Y nuestra historia se nos da ya hecha
     para asumirla aquí —como a los amos
     les da su oro y su luz nuestro trabajo. –

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