No sabe cuándo le pedirán que se vaya
y piensa que el propietario
es un inquilino
de otro propietario
más alto,
al que también le pedirán
el departamento…
y en el delirio,
piensa,
igualando destinos,
que Dios también
es un inquilino
al que le solicitarán,
tarde o temprano,
que se vaya
y maúlla el gato
y lo deja entrar
como se deja entrar
a la belleza
en una habitación,
en la costumbre,
le abre apenas
y se desliza
por los pliegues,
inalcanzable para el alma,
delicioso
para el tacto y la vista:
de su corazón
responde la bruma,
de su columna vertebral
la electricidad del rayo
y la precisión del mediodía.
Ahora lo tiene
en su balcón:
un lujo
ante el vacío,
droga nocturna,
llave de lucidez
en el cerebro,
hamaca y taquicardia. –
Acción, palabras, tiempo
“Un guión que adelantase unas partes y retardase o escamotease otras adrede para crear tal vez sólo mayor intriga o quién sabe si para hacer que esos saltos o…
La brecha inventiva
François Jullien La identidad cultural no existe Madrid, Taurus, 2017, 108 pp. El filósofo francés François Jullien –helenista y, por si fuera poco, sinólogo– ha escrito un ensayo que retoma…
La historia como conversación
Pueblo en vilo es más que un libro de historia; quizá se defina mejor como novela verídica, término con el que su autor gustaba distinguir a los contados…
La otra red de susurros: cómo el feminismo de Twitter es malo para las mujeres
Nadie quería hablar conmigo para este artículo. O más bien, más de veinte mujeres hablaron conmigo, a veces durante horas, pero solo después de que les prometiera que no publicaría sus…
RELACIONADAS
NOTAS AL PIE
AUTORES