Llego al grupo de pintores florentinos conocidos como los macchiaioli, algo así como los ‘manchistas’, de la mano de Telemaco Signorini. Me intereso por Telemaco primero por el fantástico contraste entre su nombre épico y su apellido pequeñoburgués, antes incluso de enterarme de que fue amigo de Vernon Lee, a quien adoro, y de Giosuè Carducci. A este último lo siento muy cercano porque pasé un fin de año en Castagnetto Carducci, un bonito pueblo livornés desde cuya calle más alta, acodados en un murete de piedra, vimos los fuegos artificiales. Aquel fin de año había nevado tanto y hacía tanto frío que en la playa la nieve llegaba hasta la orilla.
Los macchiaioli se reunían, entre 1855 y 1870, en el café Michelangiolo (variante florentina para referirse a Miguel Ángel, Michelangelo) de Florencia. A veces se los considera como unos protoimpresionistas. No puedo por el momento argumentar nada ni a favor ni en contra de esa tesis, pero voy a probar a escribir sobre un cuadro de cada uno de ellos y quizá los argumentos afloren por sí solos.
Puede que el cuadro más famoso que haya pintado un macchiaiolo (en concreto Giovanni Boldini) sea el retrato de Verdi con la bufanda blanca atada al cuello. Aunque sea por motivos extrapictóricos, parece un retrato de Italia tan fiel como la silueta de la bota. Chistera, bufanda, bota. Pero para salvar al artista de la pesadez de la asociación con su obra más triunfante, elijo además La cantante mondana, una tela vertical en que una mujer con un palabra de honor se inclina sobre el piano de pared que toca un hombre que se cuela en el encuadre solamente con el perfil y las manos. Encima del piano hay papeles, partituras, e incluso ¡un cartabón! Pero la sensación es más de movimiento que de desorden, por el abanico de ella y la manera en que las manos se disuelven en las teclas.
De Serafino de Tivoli elijo un cuadro en el que un asno y un joven campesino parecen estar charlando, como si se hubiesen encontrado en medio del camino. El asno lleva la manta atada al cuerpo con una cuerda. En el cielo, muy azul, hay nubes dispersas.
De Raffaello Sernesi lo primero que me llama la atención es cómo compone las paredes de las casas con planos de color. Qué bonito un óleo que está en los Uffizi, en el que ha sorprendido a unos ladrones de higos en pleno hurto. Uno de ellos ha trepado a un tejadillo desde el que le lanza a su cómplice los frutos. Qué bonita la puerta que pintó de rojo alguien que no sale en el cuadro.
Antonio Puccinelli pinta muchas escenas urbanas. La moda curiosamente tiene algo más de línea que de mancha, según la distinción de Roberto Longhi. Frente al escaparate de una tienda de modas se arremolinan muchas mujeres, dando la espalda a las prendas quizá más llamativas de la escena, que son las tocas de dos monjas que pasan de largo agarradas del brazo.
Telemaco Signorini pintó preciosos rincones de las calles florentinas, con sus recuadros de sombra y de luz y sus persianas verdes entreabiertas. El sol de las calles, también invocado por las persianas, ilumina a los Bambini al sole. Es un cuadro precioso. Una niña expone un lienzo blanco frente a otro niño muy pequeño, casi bebé. La mujer que aparece en las sombras del fondo podría confundirse con nuestro reflejo al asomarnos al cuadro.
Me gusta mucho de Il ricciolo, de Federico Zandomeneghi, el punto de vista desde el que ha pintado el espejo abatible al que se mira la mujer que se peina. En contraste con el voluminoso camisón, el espejo aparece como una fina vara. Un perrillo observa la escena desde la alfombra.
Muy vigoroso es el a la vez austero Lo staffato de Giovanni Fattori, con su caballo al galope que arrastra por el suelo el cuerpo del hombre que lo estaba montando, pero el que me gustaría ver en persona es Quadrato di Villafranca, un óleo apaisado en el que se distingue, en la mitad derecha, el regimiento de soldados en plena práctica de tiro, tan abocetados como el comandante que los guía y sobresale, enfrentados todos a la otra mitad vacía.
En los cuadros de Nino Costa se advierte una tendencia al paisaje horizontal dividido en una base de costa ocre, un fondo de montañas lejanas y un cielo alto. Por eso elijo el raro A Rapallo, donde años más tarde viviría Ezra Pound, en el que Costa parece haber superpuesto un collage de piedras de colores desacostumbradamente vivos, purpúreos, y en el que aparece una mujer que parece haberse resbalado al bajar descalza el sendero que va hacia la orilla.
¿Ves la Stradina al sole de Giuseppe Abbati? Juraría que he pasado miles de veces junto a ese muro.
En el curiosísimo Donna con ombrel lino de Vito D’Ancona, la falda de la mujer resalta al sol, pero lo verdaderamente chocante es la propia sombrilla, que podría pasar por una bola de nieve caída desde otro cuadro que representase un mundo a otra escala, gigante.
Cristiano Banti pintó en tonos menores Pescatore della Padule di Bientina, un cuadro en el que el pescador parece surgir de un confuso mar igual que el Coloso de Goya emerge de una neblina confusa y espectral.
Adriano Cecioni fue también escultor. Tiene un bronce de un perro en plena evacuación que se llama Canino indelicato. Me parece que hay una broma en el nombre de la escultura, pero a saber.
Al mirar los cuadros de Odoardo Borrani me sorprende algo que les pasa a casi todos, lo distintos que son los exteriores, más manchados, de los interiores, muchos de ellos muy delineados. En su caso hay muchos interiores con obras de arte, muy entretenidos de mirar.
Vincenzo Cabianca parece experto en pintar el aire después de que haya soplado fuerte el viento. Incluso el formato de los cuadros hace pensar en el viento.
Silvestro Lega tiene un ejemplo de metapintura que representa a un hombre pintando. Lo vemos de espaldas. Se ha colocado en un rincón frondoso, y a través de las ramas de los árboles se cuelan manchas de luz que animan el suelo y la sombrilla. El título es cautivador de puro descriptivo: Il pittore Tommasi chi dipinge, ‘el pintor Tommasi que pinta’, y esa especie de tautología revitaliza no solo el lenguaje, sino nuestra manera de ver el mundo. ¡Para eso pintarían Tommasi, Lega y los demás! ~