Entrevista a Valérie Mréjen: “Tengo la sensación de interpretar un papel, usurpar un lugar”

AÑADIR A FAVORITOS

Valérie Mréjen (París, 1969) es escritora y cineasta. Su primer libro, Mi abuelo, era una memoria familiar escrita como una lista de recuerdos. A ese le siguieron El agrio, sobre una ruptura amorosa, Eau sauvage, sobre la relación de un padre con sus hijos ya mayores, y Selva negra, sobre su madre. Acaba de aparecer en español Tercera persona, como los anteriores en Periférica, donde escribe sobre la experiencia de ser madre. Los libros de Mréjen conforman un todo mezclado con sus vídeos y su vida; destaca su sentido del humor, la precisión, la mirada perpleja y la ambigüedad para observar experiencias comunes y presentarlas a la vez como únicas y universales. En sus anteriores libros, la muerte es uno de los temas, este parte de la llegada de una nueva vida.

En Tercera persona afronta la maternidad como tema literario. Utiliza la tercera persona gramatical para hablar de su experiencia, pero la tercera persona es también el bebé que llega y convierte a la pareja en una familia.

Primero tuve la idea de escribir en tercera persona, por razones que podemos entender: evitar el yo para hablar de una experiencia universalmente compartida, y el título llegó al final cuando me di cuenta de que la elección estilística podía también designar al bebé. También me gustaba que garantizara una forma de anonimato puesto que esta experiencia completamente universal sigue siendo profundamente única para cada uno. Eso hace pensar en un lenguaje de registros, de un registro un poco mecánico del estado civil.

El libro salió en Francia en 2017, han pasado cuatro años. ¿Ha cambiado mucho su visión en ese tiempo?

Lo que es seguro es que hay otra verdad sobre los niños que se confirma, en la serie de frases que solemos escuchar: olvidamos. Así que si hubiera tenido la idea de hacer este libro hoy que mi hija tiene casi nueve años, tendría muchos menos recuerdos precisos. Me doy cuenta mirando hacia atrás de que es un libro escrito en caliente, como un diario. La idea del diario es claramente la de registrar hechos para acordarse más tarde.

El eje central del libro es el trayecto en taxi desde el hospital a casa. Eso le permite mirar la ciudad imaginando cómo será verla por primera vez, y también subraya la idea de que hay una nueva vida que comenzará en cuanto lleguen a casa.

Sí, fue en ese preciso momento en el que hice una especie de contrato conmigo misma para hacer algo a partir de ese trayecto, un texto y otra cosa. Una nueva vida seguro, en el sentido en que se toma conciencia de que nada será ya como antes. En esa expresión hay mucha nostalgia y excitación, están contenidos el futuro y el pasado.

El nacimiento del bebé hace nacer también una madre.

Un solo nacimiento trae varios: los padres se convierten en abuelos, los hermanos y hermanas en tíos y tías, todos los roles de la familia se redefinen, cambian de nombre. Y también, como se demuestra pronto, la mirada de los vecinos, de los comerciantes del barrio, de los paseantes, se crean nuevos lazos “familiares” efímeros en el metro, el tren o el café. Lo que dura un intercambio de miradas o de muecas.

El sentimiento dominante en la protagonista es el de impostora: mira la maternidad con perplejidad y extrañeza.

Sí, porque no me salía natural por mi familia de origen. Pero ese sentimiento de impostura es interesante. Tengo la impresión de que mucha gente siente eso, tengo la impresión de interpretar un papel, usurpar un lugar. Tengo a veces esa sensación en relación a mi trabajo artístico. Son papeles que hay que inventar cada día, día a día. ¡Nadie nos escribe los diálogos ni el guion completo antes!

En el libro está también la idea de que los hijos son una especie de espejo no solicitado de los padres.

Está esa devolución de nuestra imagen por imitación, puesto que un niño repite y reproduce lo que ve… Yo, que escribo a veces situándome como una especie de grabadora –sobre todo en Eau sauvage–, me pareció oír el eco de mi propia voz.

Como muchas mujeres, la protagonista ha pospuesto la maternidad porque quería desarrollar una carrera profesional. ¿Es la conciliación un problema sin solución?

Nunca me planteé las cosas con el pragmatismo de un “proyecto de vida” o de carrera. Por otro lado, prefiero hablar de recorrido más que de carrera. Y para mí ese recorrido liga el trabajo, la vida, los amores, la familia… además es muy poroso porque mis libros hablan de la familia, de experiencias personales, y mis películas también, es un juego de reflejos permanente. Luego es verdad que antes necesitaba realizar algo en mi trabajo, pero no estaba pensado como un plan: era necesario para tratar de que fuera mejor.

Culpo a una cierta mirada bastante machista que consideraba, en la época en que todavía era estudiante, que había que elegir entre vida de artista y maternidad, como si fuera incompatible (¡solo ser una chica ya era una enorme desventaja según algunos!). Por supuesto que todo es posible, me resulta muy alegre y emocionante poder conciliar todo, incluso aunque sea agotador. Hay presiones sociales e ideas preconcebidas en los medios, incluyendo –y de qué manera– el arte. Pero tengo la impresión de que para las generaciones jóvenes ya no es un problema, incluso se ha convertido en algo evidente.

Una vez escuché a una periodista preguntarse un poco molesta por qué todas las escritoras que tienen hijos escriben de la maternidad, ¿qué le diría?

Que hay un libro magnífico de Peter Handke sobre el tema, Historia de niños.

Hay una fascinación –quizá sorpresa– en su mirada a los niños. Y se ve también en sus piezas de vídeo en las que hay muchos niños, hasta su hija. ¿Qué ve en la infancia?

Algo que podría emparentar con la expresión “tan lejos tan cerca”, filmar a los niños en modo documental tiene algo apasionante, porque no sabemos qué va a suceder: la espontaneidad es muchas veces más potente que todo lo que hayamos podido prever.

Su primer libro era como meter en una coctelera a Perec y Natalia Ginzburg y algo pop, ¿se reconoce en esas referencias?

¡Sí! Un strudel a la italiana con caramelos de colores encima, eso es una perfecta magdalena revisitada.

¿Pueden interpretarse sus libros como una especie de novela en marcha?

Se pueden ver como se quiera. En todo caso estoy muy orgullosa de que estén traducidos al español. ~