Soy plateado y exacto. Yo no tengo prejuicios.
Me trago de inmediato cuanto veo,
tal como es, sin que el amor o la aversión lo empañe.
No soy cruel, soy sincero:
el ojo de un pequeño dios por los cuatro costados.
Medito buena parte del tiempo en la pared de enfrente.
Es rosa y tiene manchas. La he mirado tanto que
la pienso parte de mi corazón. Y sin embargo parpadea.
Los rostros y la oscuridad nos siguen separando.
Ahora soy un lago. Una mujer se inclina sobre mí
y busca en mi extensión lo que en verdad es ella.
Luego se vuelve a esos mentirosos, las velas o la luna.
Veo su espalda y la reflejo con fidelidad.
Ella me recompensa con lágrimas y manos agitadas.
Soy importante para ella, que va y viene.
Cada mañana su rostro sustituye la oscuridad.
Ha ahogado a una muchacha en mí, y en mí una anciana
se alza día tras día sobre ella, como un terrible pez. ~
(1963)
Versión de Hernán Bravo Varela.