La censura viste de toga

Cállense. Los nuevos rostros de la censura

Humberto Musacchio (comp.)

Grano de Sal

Ciudad de México, 2025, 152 pp.

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En abril de 2025 la presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que “jamás será nuestra intención censurar”. La presidenta miente. Periodistas, medios de comunicación y organismos de la sociedad civil señalan que está en marcha una vasta operación para limitar, y en algunos casos suprimir, la libertad de expresión en México.

Morena, el partido de la presidenta, tiene bajo su dominio todos los mecanismos para ejercer el poder sin restricciones. De forma tramposa e ilegítima, logró la sobrerrepresentación en la Cámara de Diputados. Con amenazas, chantajes y extorsiones consiguió la mayoría en el Senado. De este modo pudo modificar la Constitución, operó una reforma judicial y orquestó para llevarla a cabo un gran fraude (orientación del voto mediante acordeones). Morena tiene el control del poder ejecutivo, el legislativo y el judicial. Tiene también el dominio sobre las fuerzas armadas y una evidente complicidad con el crimen organizado. Le falta solamente el control sobre el cuarto poder, el de la prensa, cimentado en la libertad de expresión y en la libertad de pensamiento.

En Morena consideran un peligro la crítica y la libertad de expresión de las ideas. Por ello han diseñado una estrategia para limitarla y asfixiarla. Esta estrategia incluye a gobernadores y legisladores, pero sobre todo a jueces y magistrados del Tribunal Electoral y a diversos integrantes del nuevo poder judicial. La censura hoy en México viste de toga. Se está utilizando el poder judicial para acallar medios, periodistas y hasta a los ciudadanos que se expresan en las redes sociales.

Morena concentra la mayor parte del poder político en México, sin restricciones. Pueden cambiar y crear leyes a su antojo. Desaparecido el contrapeso que representaba el poder judicial, ya no tienen el freno de las leyes. Si una ley los incomoda, la cambian. Su objetivo es la concentración de poder en la figura de la presidenta. Sin límites ni frenos el poder está abierto a cometer cualquier arbitrariedad para alcanzar sus fines de control político. Les estorba la crítica y el señalamiento social de sus yerros: buscarán acallarlo. Se valdrán de todos los elementos a su alcance. Los asesinatos y desapariciones de periodistas van al alza. Ahora también se utiliza a los jueces para imponer la censura.

De forma nada casual se han presentado decenas de demandas judiciales en contra de periodistas críticos. Al poder no le basta con censurar, busca la humillación pública. El senador Gerardo Fernández Noroña obligó a un ciudadano a disculparse públicamente por haberlo increpado en un aeropuerto. Una diputada de Morena demandó a la ciudadana Karla Estrella luego de que esta cuestionó el apoyo que recibió de su poderoso marido para que obtuviera un alto cargo en el Congreso. La consigna es clara: disuadir a los ciudadanos y periodistas. Toda crítica que emitan puede ser usada en su contra.

Hasta aquí he emitido opiniones. Vamos a los hechos. Desde el 2018, durante la presidencia de López Obrador, se utilizaron los medios de comunicación del Estado para estigmatizar a periodistas incómodos al poder. En 197 ocasiones López Obrador mencionó negativamente, calumnió, acusó sin pruebas, acosó, divulgó teléfonos y domicilios de periodistas. Las calumnias del presidente tuvieron consecuencias. En 2022 intentaron asesinar al conductor de radio más popular de México, Ciro Gómez Leyva. De 2018 a 2024 ocurrieron 3,408 agresiones a periodistas, 47 fueron asesinados y cuatro desaparecidos. Agentes del Estado fueron los principales agresores (45%). Durante muchos años se han presentado demandas contra periodistas, sin embargo 2025 marca un punto de inflexión: en diecisiete estados, más de la mitad de las entidades de la república, se presentaron demandas en contra de comunicadores. Con la siguiente particularidad: no solo el poder judicial es el que promovió ese acoso, también participaron de manera activa el Instituto Nacional Electoral y el Tribunal Electoral, cuya principal tarea pasó de ser la de organizar y validar elecciones a perseguir a periodistas y ciudadanos.

Si tienen tanto poder ¿por qué a los gobiernos morenistas les molesta la crítica? Por el mismo motivo por el que suprimieron el Instituto Nacional de Acceso a la Información: para encubrir la corrupción que corroe a este gobierno. No hay otra explicación. Los morenistas han hecho de la corrupción parte consustancial de su quehacer gubernamental. Frente a los señalamientos críticos de la prensa, los políticos de Morena podrían responder con cartas aclaratorias, podrían convocar a un debate para exhibir a sus críticos, podrían transparentar sus actos de gobierno para despejar toda duda. En vez de eso han optado por ofrecer negocios a los dueños de los medios de comunicación para que sean estos los que despidan al periodista incómodo y lo sustituyan por uno afín al gobierno. Han optado por demandar a los periodistas y a los medios de comunicación. Han decidido que la vía más expedita para deshacerse de ellos es la de encargar el acoso o su eliminación a grupos criminales. A pesar de su discurso populista, los políticos de Morena persiguen a los críticos, no a los poderosos. Prostituyen los medios de comunicación del Estado al usarlos como vehículos de propaganda y como medio para injuriar a los opositores. El Estado, en manos de los morenistas, controla, vigila y censura.

México dejó en los hechos de ser una democracia para convertirse en un Estado autoritario, sin contrapesos, militarizado y corrupto. Para ocultar sus malos manejos, el Estado morenista acosa, demanda, persigue. Mientras el periodista es agredido o desaparecido, la presidenta insiste en decir que en México no hay censura, que “vivimos en el país más democrático del mundo”.

En Cállense, Humberto Musacchio reúne 43 artículos aparecidos en la prensa durante el 2025 para registrar “los nuevos rostros de la censura” en México. Los artículos, muchos de ellos escritos por los más destacados periodistas mexicanos, dan cuenta de un hecho: el gobierno de Morena ha tomado la decisión de coartar la libertad de expresión en nuestro país. Lo hace a través del aparato de justicia que Morena renovó con el fin de deshacerse de jueces independientes para suplirlos con jueces dóciles a las decisiones de los morenistas. Realizó esta sustitución de jueces mediante un procedimiento aparentemente democrático: la elección popular. Lo hizo a pesar de que la totalidad de los colegios de abogados y las facultades de leyes del país desaconsejaran la medida. Lo hizo pese a los múltiples llamados de atención de los más prestigiados institutos jurídicos en el extranjero. Al gobierno no le importó que varios de los jurisconsultos más prestigiados del mundo reprobaran la iniciativa. La finalidad de la reforma era clara: validar jurídicamente las arbitrariedades del poder, entre ellas, de manera destacada, la limitación del ejercicio periodístico. De este modo el gobierno podía alegar a su favor: no es el gobierno el que censura, se trata de demandas judiciales legítimas. Una simulación absoluta. Los nuevos jueces están al servicio de Morena que fue quien gestionó para que ellos ocuparan sus cargos.

Unánimemente los periodistas e intelectuales que Musacchio reúne en este libro cuentan con detalle la operación de Estado que ejecutó Morena para dotar de legalidad la arbitrariedad de la censura. Los políticos de Morena actúan taimada e hipócritamente. Arrojan la piedra censora y esconden la mano. Persiguen a los periodistas críticos armados con la ley. Y cuando eso no basta, utilizan la Unidad de Inteligencia Financiera para exponer las operaciones privadas de los periodistas que quieren denigrar. O bien se valen de la información reservada del Servicio de Administración Tributaria para exhibir la situación fiscal de los periodistas bajo acoso. Todos los instrumentos al servicio del poder dedicados a la tarea de acallar a la prensa libre. Si nada de lo anterior funciona, siempre queda el recurso de resolver el asunto del periodista incómodo dejándolo a merced de los grupos criminales. México, no por nada, es el país más peligroso del mundo para ejercer el periodismo.

Contrariamente a lo que la presidenta afirma, en México sí se censura, sí se acosa a los periodistas y el gobierno sí utiliza los espacios públicos para hacer propaganda a favor del partido oficial. No vivimos en “la mejor democracia del mundo”. Vivimos desde hace algunos meses en un país autoritario que cada día va angostando los espacios de expresión. Un país gobernado por un grupúsculo corrupto que no se detendrá hasta haber logrado concentrar todo el poder posible. Irónicamente el gobierno de Morena lo hace utilizando la bandera de los pobres, la bandera del Pueblo. En nombre de las mayorías Morena controla, vigila, acosa, persigue y censura. Nada bueno puede salir de esto. ~


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