La luna llena nos ilumina por dentro

Bajo la influencia de Blake, Palmer y otros amigos suyos pintores formaron el grupo The Ancients, los Antiguos, un par de décadas antes de que los prerrafaelitas formaran el suyo.
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Me pongo a mirar cuadros de Samuel Palmer mientras suena “Full moon”, de eden ahbez.1 La combinación se ha dado por casualidad, pero calzan sorprendentemente bien. La música ayuda a decir algo a la pintura, que a su vez inspira a la música. Las ranas, al croar, afilan las sombras. Aunque la armonía no es por eso, en muchos de los cuadros de Palmer aparece la luna, en distintas fases. Buscando una llena encuentro varias versiones del tema del pastor que conduce su rebaño por la noche. “El pastor” se llama la primera de las canciones de inocencia de William Blake, y dice: “Qué dulce la tarea del Pastor; / vaga desde la aurora hasta la noche: / escolta a su rebaño todo el día / y su lengua se colma de alabanza…” (en traducción de Jordi Doce). Así parece moverse el pastor de Samuel Palmer por ese paisaje de eternidad, y, aunque no se le distingue la expresión porque la figura es demasiado pequeña y además está de espaldas a la luna, que la ilumina por detrás, se percibe el acuerdo entre todo lo pintado. Las nubes replican el brillo de la luna por toda la mitad superior del cuadro, como un empedrado protector y luminiscente. Las ovejas siguen mansamente al pastor, dirigiéndose hacia el recodo que lleva al otro lado del otero.

Bajo la influencia de Blake, Palmer y otros amigos suyos pintores formaron el grupo The Ancients, los Antiguos, un par de décadas antes de que los prerrafaelitas formaran el suyo, también con el deseo de volver a un pasado idealizado transcurrido no necesariamente en el tiempo lineal. “Antes” no es siempre una categoría lineal del tiempo, y a lo mejor ni siquiera es transcurrido sino transcurrente. La influencia de Blake alcanzó hasta The Doors, cuyo nombre, como se sabe, sale de Las bodas del Cielo y el Infierno. A veces el recitado de eden ahbez, mientras describe su paisaje nocturno, recuerda al de Jim Morrison. Y aunque su luna no ilumina los campos, sino la “vieja cabaña junto al mar”, no lejos del mercado al que se puede llegar caminando, produce este efecto en los cielos: “Y por la tarde, / cuando el cielo arde en llamas / el cielo y la tierra se convierten en mi gran catedral al aire libre / donde todos los hombres son hermanos / todas las cosas se rigen por la ley / y están coronadas de amor”, y un poco más adelante se tumba en la yerba y sueña “el sueño que sueñan los soñadores”. Como el pastor.

Pero, volviendo a los cuadros de Palmer, en ellos está la transfiguración declarada por Blake, las cosas vistas tal y como son realmente. El motivo del pastor bajo la luna se repite en una aguada que se conserva en el Centro de Arte Británico de la Universidad de Yale. Aquí el pastor parece un gondolero, con el remo ya clavado en el limo, en el instante previo al siguiente impulso, y aquí las ovejas lo preceden, como si él se hubiese detenido un momento para ver mejor algo. También pintó una acuarela en tonos rojizos de un maizal, con la luna en cuarto menguante, pero aun así lo bastante brillante como para iluminar el caminar del granjero, que también lleva un cayado, y su perro (“el mundo está lejos / el mundo es ancho / el hombre necesita / a alguien a su lado”). ¿Qué es lo irresistiblemente atractivo de esta pintura? ¿Tiene que ver con que la luna parece iluminar tanto el fondo como el primer término, como si los dos fuesen algo único, lo central, lo mismo?

Otra luna llena de Samuel Palmer: la luna de cosecha, alta detrás de las copas de los árboles. A pesar de que la luna está llena, se distinguen muchas estrellas al otro lado del cielo. Las figuras que recogen los haces de trigo me parecen hacerlo con cierto desorden y premura, como si no hubiesen pensado mucho en el procedimiento, como si el momento adecuado de cosechar fuese impredecible y fugaz. ¿O están bailando? ¿Al ritmo de qué versos de ahbez? ¿“El mundo es profundo / el mundo es alto / y nadie / conoce la razón / Las estaciones vienen / las estaciones se van / el fruto del verano / y las nieves invernales”? ¿Se verán a sí mismos esos cosechadores a esa luz sobrenatural?

Después de tantas lunas, el círculo que flota en el cielo en El valle cuajado de maíz me parece también otra, aunque es una tinta en blanco y sepia y la placidez con que lee el hombre que hay tumbado en la parte inferior del cuadro sugiere que lo hace a la luz del sol. La abundancia de cereales, a estas alturas, hace pensar ya en el cornezuelo del centeno y en Aldous Huxley. Con solo contemplarlo un rato, una armonía geométrica empieza a resaltar allá donde se mire, y el hombre parece cómodo y tranquilo, protegido por las formas radiantes.

Conocemos esos valles de haberlos cruzado a la luz de esa luna. ~


1 Que escribía su nombre con minúsculas.


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