Fotografía: Días así de Mariana Gándara / Teatro UNAM

Mariana Gándara, vine a tu casa a conocerte

Una casa, un espectador y los rastros de una mujer que ya no está. “Días así”, la obra póstuma de Mariana Gándara, convierte la intimidad doméstica en teatro.
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Cuando vi mis tenis en el pasillo supe que había entrado de verdad en la intimidad de esa casa. Antes había recibido las instrucciones. Debía avisar por WhatsApp que había llegado, alguien abriría la puerta, luego caminaría al primer departamento de la planta baja y pondría la contraseña, que ya tenía en el chat, para abrir el candado y entrar.

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Era domingo de noche. Estoy acostumbrado a dinámicas furtivas, entrar a casas y departamentos a tientas, con luz o en penumbra. Lo he hecho en muchos lugares y no ha dejado de gustarme el filo desconocido, pero entrañable a la vez. Supongo que algo de eso, que es efímero, permite crear redes y lazos invisibles.

Comienzo así, confesándome, porque no puede ser de otra forma, pues en esta obra no hay escenario, hay un solo espectador que participa y juega a implicarse en la pieza. Días así es la obra póstuma de Mariana Gándara, dramaturga y gestora cultural. Se trata de un proyecto que da cuenta de cómo el cáncer colorrectal afectó su vida. Una pieza única, que la misma creadora concibió para un solo espectador visitante de su casa, como consta en diarios y anotaciones que nutren tanto la pieza como un fanzine de reciente publicación que se puede descargar en la página del Colectivo Macramé, el cual Gándara fundó en 2007. El grupo, constituido por sus amigas, montó la obra a finales de 2025.

Conocí a Mariana Gándara en 2023 a través de una pantalla. Estuvimos muy cerca de trabajar juntos. Además de crear obras como Nadie pertenece aquí más que tú y Nada siempre, todo nunca y de rebautizar la coordinación de Artes Escénicas del Museo Universitario del Chopo como coordinación de Artes Vivas, Gándara se hizo cargo de la coordinación de la Cátedra Ingmar Bergman en cine y teatro de la unam de 2018 a 2024. En su momento, me entrevistó para ocupar un lugar en el equipo de la Cátedra.

Cuando crucé el umbral de la puerta, la experiencia fue inusual. ¿Cómo es posible que esté en la casa de una persona que no alcancé a tratar realmente?, pensé. ¿Es posible conocer a alguien por su casa? ¿Es suficiente? La apreciación es distinta, a lo mejor está mediada por habitaciones, muebles, objetos domésticos y decorativos. Puentes para llegar a ella.

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Me senté en el sofá de la sala, donde había un letrero con mi nombre, frente a mí, té y galletas sobre la mesa de centro; también instrucciones, dar play a una grabadora con un casete donde una voz contaba un sueño o el recuerdo de un viaje. La luz era gentil y amarilla. Encima de la bufetera, donde había juguetes de antaño y otras reliquias, un proyector iluminaba imágenes, entre otras, de la sombra de las hojas de los árboles, captadas con un teléfono. ¿Qué pensarán los vecinos de lo que ocurre aquí ahora?, me preguntaba. Estaba ahí solo, con una taza de té. Silencio.

Luego, alguien bajó por las escaleras. Era una chica con unos ojos enormes y que contagiaban confianza. Se sentó a mi lado. Me habló de Mariana. A partir del diagnóstico de cáncer en etapa IV, el 11 de noviembre de 2021, su tratamiento la llevó a investigar los pormenores de la enfermedad y a revisar su propia vida, los cambios extraños, inevitables y dolorosos que comenzó a experimentar entonces. También los deseos e impulsos que consideraba vitales, la creación, la amistad, la fiesta, bailar, que están presentes en Días así.

Prendimos unas velas, frente a unas cajas de cristal con flores y fotografías, una suerte de altares para honrar a familiares y amigos que han muerto a causa del cáncer. Luego había que elegir entre varias cartas para determinar a qué habitación de la planta alta íbamos a entrar. El azar decidió que fuéramos a la habitación de Mariana. Nos quitamos los tenis. Nos sentamos en su cama. Incluso me acosté en ella. Mi acompañante o narradora sugirió darme un masaje. Dicen que el cuerpo todo lo registra, así que acepté. Mientras tanto, me contaba del cáncer, de lo mal que lo llevan especialmente las mujeres, que sufren el abandono de sus parejas cuando enferman.

Veía el pasillo y pensaba en Mariana. Teníamos la misma edad. Cuando me entrevistó para colaborar con ella, ya sabía que me iba a ir a Bélgica, pero aun así quise participar en el proceso de reclutamiento. Pensaba que no me iban a elegir. Recuerdo cuando me llamó y vi con sobresalto su nombre en la pantalla del teléfono. No contesté. Unos minutos después recibí un mensaje que decía: ¡bienvenido al equipo! Cuando le conté que iba a viajar para traducir una obra de Chantal Akerman, se alegró por mí.

Mariana, ¿cómo es que vine a tu casa a conocerte y ya no estás? Incluso nos metimos en tu clóset, donde cabíamos la narradora y yo, sentados frente a frente, separados por una mesita. Me mostró objetos tuyos –entre ellos, un labial que todavía tenía el aroma perfumado y un cepillo que aún tenía cabello– mientras me hablaba de cómo eras como amiga, de la profunda huella que deja la gente cuando se va. Luego ocupamos el pasillo y escuchamos, a través de una grabación, textos escritos por ti sobre lo frágiles que somos, una sentida confesión sobre el miedo, la finitud y el misterio de lo inevitable. Silencios y palabras. En la penumbra, mi narradora alumbraba con una lamparita las grietas del techo. Quién sabe desde cuándo están ahí.

La narradora propuso hacernos una foto instantánea, un souvenir, un gesto fugaz con miras a permanecer. Bajamos las escaleras. De repente, escuché el sintetizador con que inicia el clásico de la música disco “Don’t leave me this way”. Mi corazón latió con fuerza y se emocionó. Escuché la voz de la cantante, esa voz que te transporta y te lleva a otro lugar, el mejor lugar, el espacio de la representación, de la fantasía; nunca estuvimos juntos, Mariana, pero por un momento nos unió la magia del glitter en las cortinas de tu casa, el brillo de la bola disco que giraba encima de nuestras cabezas, la euforia y la desesperación de la libertad; brazos al aire, ojos cerrados, giros, vueltas. Mi narradora y yo bailamos, nos reímos un poco. Hacía calor.

Días así se presentó del 6 de noviembre al 7 de diciembre de 2025 en casa de Mariana Gándara, antes de que se tuviera que desalojar su departamento. Los participantes o espectadores llenaron un formulario previo para acceder a la pieza, de acceso limitado por sus características. La facilitadora o guía del dispositivo escénico fue Aura Arreola. El fanzine fue publicado este año. ~


Días así
Fanzine de la obra teatral disponible en www.colectivomacrame.com
México, Colectivo Macramé, 2026, 67 pp.


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