Mientras que tantos músicos latinoamericanos y de todo el mundo adoptan el inglés en un afán por llegar a un público más amplio, no es común que los estadounidenses se tomen la molestia de cantar en otro idioma; mucho menos tratándose de una estrella que ya goza de toda la popularidad que podría desear como es el caso de St. Vincent. Sin embargo, esta no ganó su fama manteniéndose en una zona de confort, y su disco más reciente, Todos nacen gritando (2024) –una versión en español de All born screaming, lanzado unos meses antes–, es una muestra más de la originalidad que caracteriza su trayectoria. Con ayuda del director de videoclips mexicano Alan del Río Ortiz, St. Vincent se encargó de traducir sus propias letras y reinterpretarlas exponiéndose a todos los tropiezos de hablar una lengua extranjera que no se domina del todo: dificultades de pronunciación, errores de género gramatical, confusión de tiempos verbales, o comerse preposiciones y artículos con la misma voracidad con que mira a su amante en la canción “Pulga”.
Dado que la música delimita el tiempo de cada frase, uno de los mayores retos de traducir canciones radica en la diferencia de extensión entre lenguas, es decir, de la cantidad de sílabas requerida para transmitir un mismo significado. Esta suele ser mayor en español que en inglés, lo que obligó a St. Vincent a reducir sus versos de distintas maneras, empezando por suprimir todo tipo de articuladores discursivos. Por ejemplo, en la frase “London sun, the air like a shot”, desaparece la comparación y los tres elementos simplemente se yuxtaponen: “El sol de Londres, el aire, un tiro.” Esto acentúa un estilo de ambientación perceptible en el original desde el primer tema, “Hell is near”, cuya letra básicamente consiste en una enumeración caótica. Las complicaciones comienzan en los pasajes más narrativos, donde este tipo de reducción diluye la relación entre las ideas exigiéndole al oyente llenar los huecos: “Te miré toda la noche, llegó el amanecer” llevaba en medio un hasta que.
Otra forma de reducir el contenido es la reformulación. En ocasiones esta se limita a transmitir el significado a costa de debilitar las imágenes: los brazos abiertos que en inglés se convierten en camisas de fuerza, en español simplemente atrapan a la cantante; y de sentirse como grafiti en un mingitorio en una lengua, pasa a sentirse como basura en la otra. Los versos mejor logrados son aquellos en que se toma más libertades para recrear las imágenes de manera más simple y directa, pero no menos efectiva, como cuando pide a su amante clavarse a ella en una especie de crucifixión en “Hombre roto”: “Aquí estoy con mis brazos abiertos / Pero tú tienes que clavar el clavo”.
En cambio, un apego excesivo a la sintaxis original termina por entorpecer el ritmo o el sentido o ambas cosas. Tampoco pudo evitar caer en calcos del inglés incomprensibles en español, como el coro de “La fruta más dulce”: “Eres una natural / Sabes que este no es”, que copia las expresiones “You’re a natural, baby / You know this ain’t it”. La frase “Un hombre dijo justo que le dispararon” es confusa porque calca la expresión “just as somebody shot him”, cuando hubiera bastado un cuando para solucionarlo. Y en “El infierno está cerca” hay sobre el suelo letras y registros que debían ser cartas y discos.
A la dificultad de la extensión se suma la necesidad primordial de adaptar las palabras a la melodía. A St. Vincent podrán fallarle los subjuntivos del español, pero no el oído, por lo que no vaciló en modificar sus letras cuando algo no le sonaba bien. El ejemplo más claro es el cambio del título y coro de “Reckless” por “Salvaje”: mientras que la sílaba adicional de esta palabra puede pronunciarse como apoyo previo a la tónica sin descomponer el ritmo trocaico, sería difícil hacer lo mismo con las dos sílabas más del equivalente literal temeraria (si no me explico, intente cantarlo). En otros casos la artista supo hacer lo mismo comprimiendo una frase en una sola palabra: en el coro de “El infierno está cerca”, “Desnuda” corresponde a las mismas tres sílabas de “I was bare” sin perder expresividad, y acaso ganándola; y, con ayuda de un hiato, “el principi-o” tiene las cinco de “to begin to be”. Igualmente, en “Tiempos violentos” “Dinero” se ajusta a las sílabas de “Dolar signs”, aunque los acentos rítmicos caen justamente en las átonas de la palabra en español.
“El mero cero” es la traducción en que la cantautora despliega una mayor parte de la creatividad que la caracteriza en su esfuerzo por mantener una canción rimada, aunque con cambios: además de restar homofonías en español, su colocación es menos regular, unas veces en medio y otras al final del verso, lo que le da un ritmo más sincopado al canto. La palabra sashay se mantiene en ambas versiones, sin embargo, en inglés rima con el sonido ei, mientras que en español se desplaza el acento rítmico al igual que en la palabra compórtate para hacer una asonancia en a-e entre ambas. La letra de la canción original consiste en una retahíla de verbos en imperativo que pueden interpretarse como un monólogo interno de la ansiedad o como la voz de la presión social. Mantener la melodía, la rima y el sentido exigió mayor diversidad en español como expresiones con verbo implícito: “ojo”, “más duro”; reprobatorias: “vas mal”, “eres raro”; o el cuestionamiento “¿estás segura?”. Menos afortunado resulta el uso anómalo del subjuntivo degrades que resta fuerza a la orden.
“Tiempos violentos” cuenta con una tercera versión posterior que canta Mon Laferte en una traducción distinta a la de St. Vincent. Si esta goza de la venia de autora para manipular libremente su propio texto, el dominio del idioma le permite a aquella reformular con mayor naturalidad. Por ejemplo, St. Vincent reduce la exclamación “I forgot people could be so kind” a “Gente puede ser tan amable” volviéndola una simple constatación que transmite una actitud casi optimista muy diferente de la desolación del original; por su parte, Mon Laferte cambia más la sintaxis, pero mantiene un sentido más cercano con “Me olvidé de la amabilidad”. Otro acierto suyo fue mantener la rima de “Tengo mil bombas dentro / Escondo algunos cables y no me encuentro” logrando una musicalidad cercana al original, “When all of the bombs inside / All of the wires I hide”, sin dejar de imprimirle su estilo propio al canto.
Uno de los temas principales de Todos nacen gritando es la pérdida y la necesidad de lidiar con ella. Metafóricamente resulta ad hoc para hablar de la traducción, donde siempre se pierde algo. Hay quienes lo consideran intolerable y prefieren declarar su imposibilidad. Una línea de St. Vincent resuena para mí como palabras de aliento para quienes, pese a todo, insistimos en intentarlo cuando un sacrificio es inevitable y el desafío consiste en decidir qué recuperar y a costa de qué: “Deja el resto, pero vuelve por [las] caléndulas.” ~