Cortesía de Maksim Goldenshteyn

Entrevista a Maksim Goldenshteyn: “Si una parte sustancial de los judíos sobrevivió al Holocausto en Transnistria fue gracias a los ucranianos”

'So they remember' es un elocuente mosaico de la realidad cotidiana compleja y trágica de uno de los capítulos menos conocidos del Holocausto.
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Según datos asumidos por el propio Estado rumano, entre 220.000 y 300.000 judíos soviéticos y rumanos murieron asesinados a tiros o de hambre, frío y tifus durante el Holocausto en la región de Transnistria, un pedazo de tierra ocupado por la Rumanía aliada con la Alemania nazi que se extendía desde el puerto del Mar Negro de Odesa hasta el interior de la actual Ucrania. 

A diferencia de los guetos de Varsovia o Lodz o de lugares como Auschwitz, los campos de concentración improvisados por las autoridades rumanas en Transnistria estaban mal vigilados y carecían de reglas claras. Los prisioneros no recibían comida, ropa o tratamiento médico, y la naturaleza hizo en muchos casos de verdugo de la población judía internada en los guetos y centros de detención administrados por los rumanos. En esta situación, los prisioneros se veían obligados a escaparse durante días y pedir a los vecinos de los pueblos cercanos algo de comida con la que alimentar a sus familias.

Con los varones adultos combatiendo en el Este con el Ejército Rojo, la mayoría de prisioneros eran mujeres, ancianos, discapacitados y niños. Muchos menores se vieron obligados a tomar la responsabilidad de partir en aquellas misiones de las que dependía su vida y la de quienes se despertaban día tras día en el campo junto a los cadáveres de quienes iban cayendo.

A partir de testimonios inéditos como los de su abuelo Motl y su tía-abuela Etel, dos de estos niños empujados por las circunstancias al heroísmo, el profesional de las relaciones públicas Maksim Goldenshteyn ha escrito en sus ratos libres So they remember, un elocuente mosaico de la realidad cotidiana compleja y trágica de uno de los capítulos menos conocidos del Holocausto. Letras Libres le ha entrevistado coincidiendo con la publicación de su libro y con la celebración, este 27 de enero, del Día Internacional de Conmemoración del Holocausto.

¿POR QUÉ DEBERÍA COMPRAR ALGUIEN OTRO LIBRO SOBRE EL HOLOCAUSTO?

Pese a que fue donde murió la mayoría de las víctimas durante la II Guerra Mundial, al Holocausto en Europa del Este solo ha empezado a prestársele atención en las últimas dos décadas. Los estudiosos han tardado en poner el foco sobre algunas de las comunidades más afectadas. En un principio, en Alemania se puso el acento en los judíos alemanes, a menudo desde la perspectiva de la responsabilidad alemana del Holocausto. 

Rumanía fue el único país, aparte de Alemania, que puso en marcha un plan propio de genocidio. Y creo que se sabe muy poco sobre los judíos soviéticos que vivían en la zona cuando los rumanos ocuparon Transnistria. Diría que sus experiencias son muy diferentes a las que la gente asocia con el Holocausto en Ucrania, que se describe a menudo cmo the Holocaust by bullets (el Holocausto a través de las balas). La suya es una historia completamente distinta, una historia de inanición y enfermedad y enormes esfuerzos para sobrevivir.

DICE EN EL LIBRO QUE PARTE DEL DESCONOCIMIENTO SOBRE TRANSNISTRIA SE DEBE A QUE LOS RUMANOS NO TENÍAN UN PLAN SISTEMÁTICO DE ANIQUILACIÓN. LO QUE OCURRIÓ ALLÍ NO PUEDE ASOCIARSE A SÍMBOLOS TAN RECONOCIBLES COMO LOS QUE IDENTIFICAMOS CON AUSCHWITZ (UNIFORMES A RAYAS, TRENES, CHIMENEAS).

La actitud de los rumanos en Transnistria se debe en parte a que no tenían previsto mantener allí a la población judía por un espacio de tiempo tan largo. Algunos historiadores se han referido a este territorio como una especie de vertedero (dumping ground) en el que dejar a los judíos deportados desde territorios rumanos y a los judíos naturales del lugar hasta que sus aliados alemanes les permitieran trasladarlos más hacia el Este y se hicieran cargo de ellos. 

Lo que ocurrió, sin embargo, es que los alemanes y los rumanos pronto se dieron cuenta de que su campaña militar contra la Unión Soviética sería mucho más larga y complicada de lo previsto. Y toda esa gente, todos esos judíos deportados a Transnistria o que vivían allí cuando la ocuparon los rumanos, se quedaron allí varados, abandonados a su propia suerte en esos campos y guetos. Tristemente, no hicieron planes para su manutención, lo que les condenó a pasar el invierno de 1941/1942, el más frío de todo el siglo XX, en condiciones inhumanas de enfermedad, hambre y temperaturas extremas. 

Sobre todo en los distritos del sur de Transnistria, hubo ejecuciones masivas, como la de Bogdanovka [donde 48.000 judíos fueron fusilados en los bordes de un barranco con la excusa de prevenir el tifus y otros 5.000 demasiado débiles para caminar hasta allí fueron quemados vivos en dos establos]. Pero, en general, fue muy diferente de la imagen que tenemos del Holocausto como una matanza sistemática.

UNA DE LAS VIRTUDES DEL LIBRO ES QUE ABRAZA LA COMPLEJIDAD DE LA REALIDAD Y NO TRATA DE ESQUEMATIZARLA. MUCHOS UCRANIANOS SE COMPORTARON DE MANERA CRUEL CON LOS JUDÍOS, PERO OTROS SE JUGARON LA VIDA PARA AYUDARLES.

En esta parte de Europa, los campos y los guetos eran especialmente porosos. No tenían nada que ver con los guetos sellados casi herméticamente de Lodz o Varsovia. Esto permitía un alto nivel de interacciones del resto de la población local con los judíos, a los que los vecinos de la zona veían cada día. Muchos tenían relación con los judíos desde antes de la ocupación, y se relacionaron con ellos también durante la guerra. A mi modo de ver, si una parte sustancial de los judíos sobrevivió fue gracias a los ucranianos.

A todos nos resulta familiar el concepto de colaboracionismo, especialmente en Europa del Este. Evidentemente existió, pero no debe hacernos perder de vista que, al menos en este territorio, la supervivencia solo fue posible gracias a centenares, quizá miles de ucranianos cuyos nombres posiblemente nunca sabremos. Creo que es importante contar su historia. Claro que también hubo gente que participó en las atrocidades. Pero, en mi opinión, fueron más los que ayudaron a los judíos, en este caso.

UNO DE SUS OBJETIVOS AL ESCRIBIR EL LIBRO ERA TRATAR A LAS VÍCTIMAS COMO LAS PERSONAS QUE ERAN, CON SUS GRANDEZAS Y SUS MISERIAS. PESE A QUE QUIZÁ PERSIGA LO CONTRARIO, LA IDEALIZACIÓN LAS DESPOJA DE SU HUMANIDAD.

Primo Levi habló de la idea de una ambigüedad moral en circunstancias extremas que nos es difícil de entender en contextos de paz y relativa estabilidad como el que vivimos. Es difícil para nosotros imaginar las condiciones en que vivían los deportados y las decisiones que tuvieron que tomar. En algunos casos protegieron a sus comunidades a costa de los intereses de otras víctimas. Este es uno de los aspectos más fascinantes de esta historia. 

Goldenshteyn cita el caso de Siegrifed Jagendorf, un judío rumano deportado de la Bucovina del Sur que había sido ejecutivo de Siemens. Vestido con traje, guantes y zapatos impecables incluso en el gueto de Transnistria en el que fue internado, Jagendorf hizo uso de su posición y su ascendencia entre los demás judíos rumanos para pedirles que denunciaran a cualquier judío soviético que buscara refugio allí tras huir de los campos, donde las condiciones eran mucho más duras. “La policía [judía del gueto] tiene órdenes de aprehender a estas personas y entregarlas a los gendarmes [rumanos] … Pedimos a la población judía que preste atención a esta orden debido a las graves consecuencias [de dar cobijo a judíos locales]”. Jagendorf fue uno de los líderes de gueto que negoció con las autoridades filonazis rumanas. Su interlocución con los genocidas llevó a la reactivación de una fundición abandonada en la que los rumanos pusieron a trabajar a los judíos del gueto. Haberles encontrado una utilidad salvó de una muerte casi segura a más de 15.000 judíos.

SO THEY REMEMBER ES UNA HISTORIA DE LOS JUDÍOS DE LA ANTIGUA UCRANIA SOVIÉTICA QUE VA MÁS ALLÁ DEL HOLOCAUSTO. CUANDO PENSAMOS EN LOS CENTROS DE LA DIÁSPORA JUDÍA QUE HAN SOBREVIVIDO AL HOLOCAUSTO Y A LA GUERRA FRÍA PENSAMOS ESTADOS UNIDOS, LONDRES, PARÍS, AMBERES, ARGENTINA E INCLUSO RUSIA, PERO MUY POCAS VECES EN UCRANIA.

Incluso en los Estados Unidos en los años sesenta, cuando empezó el movimiento que pedía la libertad de los judíos soviéticos, mucha gente asumía que ya no quedaban judíos viviendo en la llamada Zona de Asentamiento. Creo que esto se debe en parte a que los judíos estadounidenses sufrieron una especie de amnesia sobre sus orígenes. La mayoría de ellos asumieron que la vida judía había dejado de existir en los pueblos y ciudades que dejaron atrás, lo cual no es cierto. Es verdad que mucha gente se marchó después de la guerra y en décadas sucesivas, pero otros se quedaron y la vida judía siguió existiendo, aunque en formas muy distintas a las de los antiguos shtetls.

Los judíos vivían ahora junto a los ucranianos y la lengua que hablaban había cambiado. El Holocausto fue un momento crucial para estas comunidades, pero hubo otros hitos y factores que también cambiaron la identidad judía de la gente que vivía en estas regiones.

De izquierda a derecha: Eva Poliak, su hija Svetlana, Anna Braverman y Motl Braverman (abuelos del autor) y Lova Braverman en la orilla del río Bug, en Pechera. La foto fue tomada en 1957 a poca distancia del edificio que albergó el campo de concentración al que sobrevivieron los Braverman. Todos los retratados salvo Svetlana sobrevivieron al Holocausto en Transnistria.

NUNCA SE REFIERE A SU FAMILIA COMO JUDÍOS UCRANIANOS, UNA EXPRESIÓN QUE EVITO EN ESTA ENTREVISTA PARA REFERIRME A LOS JUDÍOS AUTÓCTONOS DE TRANSNISTRIA.

Cuando en los años noventa llegué siendo un niño a Estados Unidos con mi familia procedente de Ucrania tuve muchos problemas para entender mi identidad. La mayoría de judíos de lo que hoy se llama Ucrania nos identificábamos como judíos de habla rusa. Hay incluso chistes sobre las muchas fórmulas con que nos describíamos: rusos de la antigua URSS, judíos rusófonos de Ucrania. 

El ruso era el único idioma en que mis padres y mis abuelos me hablaban, y la única lengua que aprendí de pequeño. Mi familia nunca usaba el ucraniano. Era una lengua que aprendían en la escuela pero que no era dominante en su contexto cultural.

Es interesante cómo en la última década, y sobre todo después de la revolución [del Maidán] en Ucrania y de la ocupación [rusa de territorio ucraniano] se ha desarrollado una nueva identidad judía ucraniana ligada al orgullo y la identidad nacional. Eso es algo que no tiene nada que ver con nosotros, los judíos que nos fuimos del país mucho antes, pero ha sido fascinante asistir desde la distancia a esa transformación aún en marcha.

SU ABUELO LE DIO EL TÍTULO DE ESTE LIBRO, AL PEDIRLE QUE LO ESCRIBIERA PARA QUE SU HISTORIA SE RECUERDE, SO THEY REMEMBER.

Creo que estaría orgulloso de que su historia haya sido publicada. Para mí lo importante era inscribir la historia en los anales de la historia. Ese era el primer objetivo. Si cumple otros objetivos es algo que está por ver, pero yo estoy contento de que se haya publicado.

UNO DE LOS ASPECTOS MÁS EXCEPCIONALES DE LA HISTORIA QUE CUENTA EL LIBRO ES QUE ESTÁ PROTAGONIZADA POR NIÑOS QUE TOMAN LA RESPONSABILIDAD DE SALVAR A SUS MAYORES.

Creo que la historia es única porque la mayoría de judíos que sufrieron la ocupación rumana fueron mujeres, niños, ancianos y personas con discapacidad, porque los varones adultos y los adolescentes estaban sirviendo en el Ejército Rojo. Por eso fueron los niños los que tuvieron que escapar de los campos y salvar a sus familias. Pienso que los adultos entendieron que los niños tenían más posibilidades de ganarse la simpatía de los vecinos. También pienso que es posible que las madres y quienes tenían algo más de edad estuvieran demasiado traumatizados por lo ocurrido, mientras que los niños eran menos conscientes y tenían más fuerzas para lanzarse a aquellas misiones llenas de obstáculos y peligros.

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