Widow’s Bay, entre la risa y el horror

Con referencias abiertas a varios clásicos del terror y un preciso sentido del humor, la serie Widow’s Bay da nuevos aires a la idea del “pueblo mágico”.
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Al inicio del cuarto episodio de La maldición de Widow’s Bay (E.U., 2026), serie televisiva recién estrenada en Apple TV, la solitaria empleada municipal Patricia (sensacional Kate O’Flynn) empieza a cerrar su changarro ambulante, un camión-biblioteca que ella estaciona en algún lugar del centro del pueblo isleño de Widow’s Bay para ofrecer el servicio de lectura e intercambio de libros a una población a la que, por lo visto, no le interesa mucho eso de leer. En la caja de cartón destinada a recoger donaciones, la exasperada Patricia solo encuentra la basura de siempre –botes de refresco, envoltorios de hamburguesa– pero, contra todo pronóstico, también dos libros: El resplandor (1977), de Stephen King, y uno de autoayuda titulado Your turn, que parece haber sido escrito especialmente para ella, para la socialmente torpe Patricia, quien ha vivido toda su vida en ese lugar y que, más allá de los otros empleados del ayuntamiento y de su jefe, el alcalde Tom Loftis (Matthew Rhys), no tiene un solo amigo en toda la isla. Al abrir el ejemplar, Patricia se encuentra con autoevaluaciones de personalidad –“¿qué te gusta de ti?, ¿qué te disgusta de ti?”–, con algunos consejos para cambiar la percepción que todo mundo tiene de ella y, finalmente, con instrucciones precisas para organizar una gran fiesta –receta de ponche incluida– que deberá ser todo un éxito y la convertirá en lo que siempre ha deseado: ser aceptada, respetada, querida. Ser, de hecho, una líder.

Al finalizar este episodio –uno de los mejores de la serie que consta de diez capítulos, seis de los cuales ya están disponibles en la plataforma de streaming–, Patricia lo ha logrado: gracias al delicioso ponche que preparó, todos los asistentes a la pachanga “Cocteles al atardecer” la han visto a los ojos, le han puesto atención, han seguido sus órdenes aunque… ¿fueron realmente sus órdenes? Como inevitable moraleja de muchas buenas historias de horror –la más reciente, Obsesión, de Curry Barker, que sigue en cartelera–, lo terrible es no poder cumplir un sueño sino cumplirlo en demasía.

El guiño a la clásica novela El resplandor al inicio del cuarto episodio es poco sutil y hasta redundante. De hecho, el segundo capítulo de la serie, en el que el acorralado alcalde Loftis tiene que pasar la noche en cierta posada maldita de Widow’s Bay, está llena de referencias a este libro de King y a la adaptación cinematográfica dirigida por Stanley Kubrick: un hotel vacío y sin cliente alguno, varias habitaciones “prohibidas”, un huésped inesperado que sale de la nada para confraternizar siniestramente con Loftis y la súbita aparición demoniaca de un monstruo que podría haber sido primo hermano del payaso Pennywise de Eso (1986).

Creada por Katie Dippold –guionista recurrente en la exitosa sitcom Parks and Recreation (2009-2015)–, La maldición de Widow’s Bay no esconde sus influencias sino, al contrario, las presume. La isla ficticia situada a 68 km de Boston es como el Derry maldito de Stephen King; la niebla que se traga a uno de los personajes en el primer episodio es como –qué remedio– La niebla (1980) de la novela homónima; la relegada social Patricia de O’Flynn parece una versión cuarentona de Carrie (1974) nomás que sin poderes telepáticos; la posada sin huéspedes ya mencionada es el hotel Overlook de El resplandor y si no hay ningún vampiro por ahí como en El misterio de Salem’s Lot (1975) es porque, acaso, Dippold los está guardando para una segunda temporada.

Y es que, por más ligera que sea esta serie televisiva y por más que muestre tan abiertamente sus costuras provenientes de la obra literaria y cinematográfica de Stephen King y de varios filmes clásicos (uno de los episodios finales podría haber sido uno de los mejores capítulos de la interminable saga de Halloween (Carpenter, 1978), hay referencias directas al clásico brujeril Wicker Man: El hombre de mimbre (Hardy, 1973); el alcalde interpretado por Rhys parece una versión corregida y aumentada del jefe de la policía de Tiburón(Spielberg, 1975), lo cierto es que La maldición de Widow’s Bay es culposamente adictiva, no solo por la eficacia con la que ejecuta sus diversos tropos saqueados de la literatura y el cine de horror, sino porque cada susto contrapunteado por un regocijante sentido del humor.

De hecho, el Tom Loftis de Matthew Rhys es una nueva versión del héroe típico de las viejas comedias de horror hollywoodenses protagonizadas originalmente por Bob Hope y, luego, por la pareja de Abott y Costello. Su alcalde es un pobre diablo que nadie realmente respeta –ganó la elección porque no tuvo contrincante– y que es castigado cósmicamente –convención de la comedia y el horror obliga– porque su demencial idea de convertir la pequeña isla de Widow’s Bay en una nueva Martha’s Vineyard tiene éxito de verdad: luego de que un periodista del New York Times escribe una muy positiva crónica del pueblo, la isla se llena de turistas que no tienen idea de que el sitio está maldito desde su fundación, cuando los primeros colonos salieron de las costas de Nueva Inglaterra para vivir en ese lugar inhóspito.

La inspirada interpretación cómica de Rhys tiene su perfecta contraparte en la de la ya mencionada Kate O’Flynn –pues el humor está fusionado con el pathos que provoca atestiguar su aislamiento social–, mientras que muchos de los diálogos son ejemplos acabados de una muy aguda comedia de costumbres, como ese funeral en el que, después de que alguien suelta una serie de tonterías frente al cuerpo del muertito, el organizador le aclara a todo los asistentes a la misa que “no es obligatorio tomar la palabra”. De esta manera, el horror y el humor –a veces, incluso, la carcajada– van de la mano en El misterio de Widow’s Bay, cuyo desenlace será transmitido el próximo 17 de junio.

Ojalá que haya una segunda temporada: hay muchos libros de Stephen King o clásicos del cine de horror que faltan por citar. Y, esperemos, con el mismo sentido del humor. ~


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