Entrevista a Jacinto Arias: “El éxito puede fabricarse, pero el prestigio no”

El autor jienense publica una novela sobre la posguerra española que ha sido galardonada con el II Premio de Novela Fundación Mediterráneo.
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Con Después del ruido (Pre-Textos) estamos ante el flamante II Premio de Novela Fundación Mediterráneo. El jurado, compuesto por el catedrático Francisco Florit, Soledad Puértolas, Clara Sánchez y Manuel Borrás, decidió galardonar esta obra que comienza al acabar la guerra, que gestiona magníficamente la tensión narrativa y gira alrededor no solo de la pérdida de lo material, sino lo espiritual con la muerte como un personaje más. Salpimentada con un punto de intriga y diálogos muy eficaces, ese silencioso estruendo de fondo, entre mar de olivos, nos llevará al ruido del título, y ahí cada lector descubrirá muchas huellas de lo vivido. 

¿Ante qué estamos con Después del ruido?

Estamos ante mi debut literario en el campo de la novela. Ante una obra formada por distintas capas de profundidad que tienen la intención de complacer al lector exigente. Sobre todo, es una historia que busca ahondar en la psicología de los distintos personajes, de los que no solo sabremos cómo se relacionan y actúan entre sí, sino también su manera de pensar. Mediante coloquios internos, seremos testigos de cómo su tiempo y el entorno en el que viven moldean sus personalidades y marcan su comportamiento.

¿De qué hablamos cuando habla de ruido?

El ruido al que hace referencia el título es un juego de palabras. Por un lado, está el ruido de la guerra, una contienda ya terminada al inicio de la novela, pero que, como todo el mundo sabe, tuvo ecos aún más sonoros durante la prolongada posguerra. Luego está el significado que la palabra ruido adquiere dentro de la propia obra y que hace referencia a ese jaleo, alboroto o algarabía que todos sentimos a lo largo de nuestra vida. Ese silencioso estruendo que nos lleva de un lugar a otro, alejándonos de lo inmediato, de la calma, de la reflexión. Un día nos damos cuenta de que ese ruido cesa, pero claro, quizá sea demasiado tarde.

La trama parte de un robo en una hacienda, pero la novela gira alrededor de la pérdida, tanto material como espiritual…. 

El robo es el punto de partida de esta historia que, como bien indicas, gira en torno a la pérdida en el amplio sentido de la palabra. A través de los distintos personajes somos testigos de cómo surge el desamor, la pérdida de la inocencia, la desilusión, el robo de bienes materiales o incluso la muerte, siendo este el significado más profundo y doloroso.

Y detrás de esas pérdidas están unos personajes muy bien definidos, ahogados de desamor y vacío. 

Creo que estos sentimientos son intrínsecos en el ser humano y se manifiestan en distintas formas. Uno puede sentir desamor hacia personas, cosas o incluso hacia sí mismo. De repente, aquello que hacías ya no encaja contigo y ahí es cuando llega el vacío, la sensación de vértigo. Todos pasamos por ello y es necesario para poder crecer y avanzar. En cuanto al lector, por difícil que resulte, hay que dejarlo de lado. Si se escribe pensando en los futuros lectores, la novela será más un producto que un ejercicio literario. La clave para transmitir es buscar la coherencia de los personajes más que la complacencia de un público.

Un relato coral que describe muy bien los diferentes estratos sociales, ¿cómo se logra conectar el espacio íntimo de la casa con la otra vertiente histórica? 

Tenía claro que, aunque el escenario de la novela sería la posguerra, huiría del género histórico. Tampoco quería adoctrinar al lector o decir qué debe o no pensar. Los personajes tienen un mundo interior, pero este a veces se encuentra con la realidad y surgen los conflictos. Al ser una historia coral, hay matices y puntos de vista muy dispares, lo que facilita la conexión con el lector. En la novela se encuentran y conviven desde caciques o curas hasta labriegos y curanderas. Todos tenían cabida en aquella España hoy lejana. Todos y cada uno de ellos tenían su propia vida, sufrían y celebraban por los mismos motivos que nosotros lo hacemos hoy. 

La novela está ambientada en Sierra Mágina, provincia de Jaén. Al igual que ocurre en Galicia con los Pazos o en Cataluña con las Masías, por poner algunos ejemplos, en Jaén se hicieron típicas una serie de construcciones llamadas Caserías. Sí, en femenino. Normalmente venían acompañadas del apellido familiar (Casería Lombardo) o de algún elemento que las diferenciara (Casería de las Palmeras). Tenían características muy particulares y orientadas a la vida en el campo, pero hay un detalle que me parece destacable y es el hecho de que estas viviendas contaran con un balcón desde el cual, ni más ni menos, podía contemplarse un mar de olivos.

Es por esto por lo que la casa tiene un papel tan importante en la novela, no solo como marco para gran parte de la acción narrativa, sino también como elemento representativo de la zona geográfica en la que sucede la obra.

Al hilo de esto hay que destacar la destreza a la hora de narrar el entorno rural.

El entorno rural o la naturaleza en sí misma es uno de los aspectos que más intenté desarrollar. Yo soy oriundo de Jaén y, para más señas, del barrio de La Alcantarilla, que es limítrofe por el sur con los olivares. He crecido viendo las sierras y los campos desde la ventana de mi habitación. Además, mi familia posee un terreno a las afueras al que acudíamos cada domingo. Allí, bajo la noguera que mi abuela plantó cuando era niña y que, después, como en una metáfora, creció para dar sombra a toda la explanada, comíamos arroces y pasábamos el día. Desde muy pequeños aprendíamos a rajar una caña para alcanzar las frutas más elevadas de los árboles, a cortar y abrir el paso de las acequias para regar, a diferenciar mediante golpecitos cuando una nuez estaría comida por los gusanos o fresca… Era habitual encontrarse entre las piedras pieles de serpiente o nidos de pájaro en las ramas. Quien se ha criado en contacto con la naturaleza puede saber las mil y una enseñanzas que esta ofrece. 

Regresando a los personajes, ¿la literatura nos ayuda a reflexionar sobre la condición humana, sobre cómo se entienden las personas? 

Esto que comentas es interesante, pues la mayoría de ellos están atrapados en su propia circunstancia. De alguna forma, mantienen la esperanza de quizá encontrar su camino o de que las cosas que les rodean cambien. Esto no siempre es posible.

La literatura sí nos ayuda a reflexionar sobre la condición humana. Nos facilita ese trabajo empático que tanto nos cuesta en nuestro día a día. Gracias a la literatura podemos conocer cómo piensa un personaje, si lo que dice se corresponde con él y con su manera de ver la vida, si hay correlación. Al leer el Quijote, se es capaz de comprender a Alonso Quijano. Sus locuras adquieren coherencia porque sabemos cómo piensa, cuál es su mirada del mundo. De lo contrario, nos faltaría el contexto y solo veríamos a un loco. 

También es importante la presencia de la muerte como algo natural, inseparable de la vida.

No se concibe la una sin la otra. La muerte tiene una importancia capital en la novela, así como en la vida. Se podría decir que es casi un personaje más, siempre paciente, esperando. A veces hace mover la trama y otras aparece en el momento más inoportuno, si es que esto no es de Perogrullo. También reclama su sitio como balanza de ricos y pobres, como la más justa de las injusticias. Es difícil hablar de ella en el contexto de la novela sin caer en el spoiler, pero una vez leída, se puede entender por qué es tan importante dentro de la misma.

El lector va a encontrar también un lenguaje sin adornos que nos distraigan de la trama, un vocabulario rico en expresiones tanto en lo clásico como en oficios… y es de valorar.

Sin ánimo de entrar en polémica, tengo la opinión de que hoy en día algunos autores suplen la falta de calidad narrativa con un vocabulario brutal o con una trama truculenta. Por supuesto, no hablo de forma general ni levanto el índice para señalar a nadie, pero noto cierta tendencia editorial en inundar el mercado con este tipo de historias. Aquí entraríamos en el eterno debate de si el mercado marca los gustos o se adapta a ellos.

En el caso de Después del ruido, la idea fue poner esmero en la forma de contar, más que en lo que se cuenta. Por eso era tan importante reforzar ese lenguaje que ayuda a transportarnos a la historia. No pretendí imitar a los narradores de mediados del siglo pasado, ni usé un estilo cargado de palabras arcaicas que pudieran ensuciar el ritmo, pero sí, como dices, intenté ser preciso en los objetos que se usaban entonces, las expresiones, los oficios… Hoy en día muchos han desaparecido, pero no solo por el paso del tiempo, sino también por la mecanización de las labores agrícolas y la implantación de la tecnología en muchos de aquellos trabajos. Es posible que llegue el día en que el ser humano no vuelva a usar una azada, ahí habremos perdido una conexión con la tierra que nació hace miles de años.

Y, buena tensión narrativa que no decae, ¿cuesta mantener ese buen ritmo hasta el final?

Hay distintas formas de componer una novela. Cuando el autor comienza a planificar desde el principio de la historia y no tiene muy claro cuál va a ser el final, es corriente que a mitad de camino se pierda o, peor aún, concluya la misma de cualquier manera. Yo soy de los que piensan que, si se tiene un final, se tiene una historia. Es más fácil estructurar cuando uno tiene claro hacia dónde va. Esto ayuda mucho a mantener esa tensión a la que te refieres, esa sensación de que todo estaba atado desde el principio. También es importante no menospreciar al lector, no darle todo hecho. A mí me gusta medir cada frase, cada diálogo. Probablemente este trabajo sea más visible en una relectura, pero estar, está desde la primera página. Si se me permite el símil culinario, Después del ruido es más parecida a un cocido tradicional, donde los elementos se mezclan entre sí a fuego lento. Aunque me gustaría recalcar que necesité hasta seis borradores para dar por terminada la novela que, al menos en mi caso, es fruto del trabajo artesanal, de la repetición, del esmero.

¿Sin nuestros clásicos como Cela, Azorín, Delibes, etc habría escrito este libro…? ¿Qué referentes le han traído hasta aquí? ¿Algún fragmento de nuestra literatura al que le tenga especial admiración?

De Cela y Azorín no he leído nada, por lo que no han podido influir en esta historia. En el caso de Delibes, la cosa cambia, ya que es un autor que me encanta y del que sí he leído distintas obras: Cinco horas con Mario, Las ratas, Los santos inocentes… Esta última me parece una grandísima novela y su adaptación al cine es una de las mejores películas de nuestro país.

Con el paso de los años, he ido depurando la forma de elegir mis lecturas y a veces tardo más en elegir el siguiente libro que en leerlo. Considero que el éxito puede fabricarse, pero el prestigio no. Por eso, salvo raras ocasiones, intento huir de la literatura contemporánea. El tiempo ha dado a esas obras una perspectiva desinteresada. A nadie le importa si Dostoyevski, Virginia Woolf o Cervantes venden más o menos. No hay sinergias ocultas. Sin embargo, sí que hay mucha gente interesada en que tal superventas haga diez, quince o veinte ediciones. Esta tónica general no impide que lea algún libro de moda o autores que se alejen de un canon más convencional.

Si me pides nombres: F. S. Fitzgerald, Richard Ford, Raymond Chandler, Bradbury, Agatha Christie, Rulfo, Delibes… Si me pides novelas: Memorias de Adriano, La hoguera de las vanidades, El día de la independencia, La colina de Watership, Réquiem por un campesino español, A sangre fría… Sí, hay un fragmento que me gusta mucho y por desgracia sigue vigente. Es el poema llamado Españolito: “Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza. Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón.” (Campos de Castilla, Antonio Machado).

Trabaja en el Instituto Nacional de Estadística. Hoy somos meros datos y números, tal vez por eso se encuentre mejor escribiendo sobre personas que tienen sentimientos, la vida… 

Como se puede ver por mis influencias literarias, soy un autor que prefiere que la trama esté al servicio de los personajes y no al contrario. Quizá por eso me centro es los aspectos que citas, en el desarrollo, en lo verosímil. He leído grandes novelas en las que aparentemente no ocurre nada, pero el personaje principal o incluso los secundarios están tan bien logrados, son tan creíbles, que brillan en una trama en apariencia simple. También ocurre lo contrario, libros con buenas premisas que se quedan vacíos porque los personajes que los pueblan son de cartón-piedra.

Si hay algo que queda tras leer esta novela es la importancia de las decisiones personales y el valor de tener la conciencia tranquila… 

Considero que es una de las principales conclusiones que pueden extraerse de la novela. La vida acabará y no habrá más juez que uno mismo. 

Vamos a decir a los lectores que no todo son los premios del millón de euros, que hay vida más allá como este certamen de la Fundación Mediterráneo

La literatura es un arte, pero el mundo literario es un negocio. Además, uno bastante complejo. La mayoría de los premios literarios de renombre son herramientas que tienen las editoriales para aupar la carrera de un escritor de la casa, aprovechar el tirón de algún reciente best seller o directamente robar a la competencia alguno de sus escritores. Es un hecho aceptado.

Ahora bien, no todos los certámenes literarios funcionan de esta manera. Un ejemplo de ello es el Premio Fundación Mediterráneo de novela. Cuando presenté Después del ruido, jamás pensé en ganarlo. La noche que recibí la llamada me quedé en shock, sin saber cómo reaccionar. Más allá de la dotación económica, está la satisfacción de que un jurado integrado por Clara Sánchez, Soledad Puértolas, Manuel Borrás y Francisco Florit reconozcan tu buen hacer. Eso no tiene precio.


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