La labor realizada por Fran G. Matute para reivindicar la obra y vida de Quico Rivas es fundamental y necesaria. La figura de Rivas es imprescindible para entender los cambios culturales que llevaron a España a la modernidad cultural, entendida como expresión independiente e integrada en la tradición, haciendo de la creación en nuestro país algo propio y genuino. Los años que van entre el final de los sesenta y la muerte de Franco, denominados “Dictablanda”, han sido fagocitados mediáticamente por la Movida Madrileña y toda manifestación surgida tras la victoria del PSOE en 1982, pero, últimamente, algunos autores y publicaciones han colocado el foco en aquel lustro primerizo, donde se funcionaba más por intuición e imitación y las estructuras de promoción y expresión eran prácticamente inexistentes. De ahí que cualquier producción, ya sea artística, musical o literaria, tenga un punto de inocencia que la hace todavía más valiosa. De ahí que la recuperación por parte del Colectivo Bruxista de Lo que dura una canción, la novela perdida del creador andaluz, sea la excusa perfecta para reflexionar sobre los orígenes de esa metamorfosis contracultural patria.
El texto, escrito originalmente en 1980, comienza en el Madrid de la primera mutación musical independiente: un cantante sube al escenario de un pub, encendido de ginebra y flaco de anfetaminas, para interpretar unos temas al modo de Chuck Berry y Adriano Celentano. En tiempos de onda fría y nueva ola, era visto como una antigualla a la altura de la canción melódica y las producciones para adolescentes. Carlos Pinball, el cantante, es un artista derrotado, siempre bien afeitado, limpio e impoluto, de voz ronca y todo huesos. Un tipo que entra y sale de la vida sin encontrar su lugar. Para entenderlo, Rivas nos devuelve a Sevilla, 1968. La ciudad, como sus habitantes, su geografía y su clima benévolo, actúa como un personaje más: en su urbanismo devocional nos sumergimos en la contradicción dominante, de Triana al barrio del Tardón, el Patio de los Naranjos o La Cuadra, el bar bohemio regentado por Paco Lira, centro neurálgico de la Andalucía contracultural. La misma idea de un bar que actúa como bar y tablao, laberinto y cueva, punto de reunión de artistas, empasta con el movimiento de los militares americanos de la base de Morón de la Frontera, que aportan whisky, vinilos y rock en onda corta. En sus habitantes, que han roto los compartimentos estancos de los años sesenta, convive una amalgama que pivota entre el tradicionalismo de la Legión, lo religioso y lo funcionarial, con la aparición de los pelos largos.
Esos pelos largos a los que cantaban Johnny Hallyday y Antoine florecen en Sevilla como las buganvillas en primavera, como las patillas de Luis Candelas, los pantalones estrechos y la pata de elefante. Pero también profesores de instituto, de pana y puño, universitarios maoístas, hijos de familia bien, supervivientes de vagos y maleantes, las primeras bandas de quinquis, homosexuales, groupies, yanquis y gitanos… En esa primera España mutante, de lo francés a lo anglo, la vida tenía algo de jaula dorada que se rompía con la geografía amable del Estrecho. Ceuta y Melilla: todos van verdes, moros y cristianos. Cito del libro: “De la guerra de Marruecos perdió un ojo, pero ganó un vicio”. Puerta de la grifa, que va de mano en mano, legionarios y yeyés, americanos y gitanos. Una pócima contracultural de electricidad y guitarra flamenca, donde el Hendrix de Electric Ladyland se mezcla con Curro Romero y Bob Dylan.
La novela es una historia dentro de otra historia, porque la banda de Carlos Pinball no es Smash ni él es Silvio; Rivas realiza un juego de heterónimos, de fandangos y psicodelia, de huida. La huida es el destino final del libro como apertura, en realidad, a otras narrativas. Ya no es solo el Tánger de Carmina Ordóñez, Mick Jagger o Sánchez Ferlosio, sino también Ámsterdam como paraíso químico o París, la capital de los existencialistas y los exiliados. En Lo que dura una canción, Rivas se hace eco de “El Manifiesto de lo borde”, pieza angular de lo que sería el Rollo y derivados, la biblia contracultural anterior a la Movida: con banda sonora de Smash, la división en España no era entre amos y esclavos, capitalistas o proletarios, pobres o ricos; la separación estaba entre los hombres de las cavernas y los hombres de las praderas. Entre estos últimos estarían rockeros y cantaores, Luis Buñuel, Ramón María del Valle-Inclán y Fernando Arrabal. A Oriol Regás le encantó aquello y Barcelona se convirtió en la nueva capital de lo moderno, donde acabarán grabando los primeros grupos del nuevo rock andaluz: Jiménez Losantos, Ajoblanco, STAR, Nazario y Ocaña, Pau Riba y Sisa. Pero eso es un vértice (que completa el triángulo con el Madrid de Gabinete Caligari y El Hortelano) que escapa en lo cronológico. En Diwan, la revista de arte y psicoanálisis, escribirá Rivas estos versos:
«En la ciudad / siempre a trasmano un lugar / reservado tras los almendros / allí van a morir / salvajes y tiernas / las muchachas en flor».
Algunas lecturas complementarias que no me resisto a recomendar:
Esta vez venimos a golpear. Vanguardismos, psicodelias y subversiones varias (1965-1968) de Fran G. Matute (Silex Ediciones, 2023)
Nosotros los malditos de Pau Malvido (reeditado por Anagrama en 2026)
Con la noche a cuestas de Manuel Ferrand (Reedición del ganador del Premio Planeta de 1968, El Paseo, 2025)
En la cresta de la nueva ola de Ramón de España (editado originalmente en 1981 y reeditado por EFE EME en 2022)
Ángeles bailando en la cabeza de un alfiler: la explosión libertaria de 1976-1977 de Pepe Ribas (Libros del KO, 2024)
Barcelona fantasma de Ramón de España (Vegueta Ediciones, 2022)
Todo era posible: Revistas underground y de contracultura en España, 1968-1983 de Manuel Moreno y Abel Cuevas (Libros Walden, 2020)
Star – La Contracultura De Los 70 de Juan José Fernández (Glenat, 2008)
A Quico Rivas. Por una revolución de la vida cotidiana de Fran G. Matute (Athenaica, 2024)
Suite Nueva Ola de Edi Clavo (Sílex, Ediciones. 2026)
Viva el Rollo! Una crónica de Rock & Rollo en la España de 1975 de Edi Clavo (Sílex, Ediciones. 2022)