La muerte (1966),
Vladimir Jankélévitch
El arte
que me excluye
de ti,
muerte mía,
posee
un cunero
(con llantos repentinos)
flotando en alta mar
sobre una isla de hielo a la deriva. ~
Las confesiones (ca. 397-398 d. de C.),
San Agustín
Pecador sin pecar lo suficiente,
mi vía siniestra tuvo un álamo vidente
seguido de un babilónico y mercurial escalofrío.
Quise resarcirme y procuré un dolor tan mío,
apegado a las claves de Sol y a los Salmos.
Rayé con un arado de bueyes taciturnos y calmos,
toda la noche, las hectáreas de mi sistema nervioso.
Y luego, escolástico y ruin, me puse a pensar bajo un candil rabioso
–derroche y cadalso de inconfesados presentimientos–
en los mil nombres de Satán, las putas y los vientos. ~