Lo que pasa por sus manos lo transforma en arte. Quien visita Oaxaca encuentra su huella creativa en todas partes. Como el de Rulfo, su arte es local y universal. Para Toledo, el mundo es animal y el hombre uno más entre los animales, y no el mejor. Este año cumplió 75 años de fecundidad casi infinita. Graciela Iturbide, hace algunos años, lo retrató con un xoloitzcuintle. El perro cae, el artista ríe. Su risa ilumina la noche oscura de México.
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