Cómo conversan los bebés

Algunos niños adquieren el lenguaje de manera distinta a la habitual: en vez de usar una palabra para múltiples situaciones, usan enunciados completos que luego irán fraccionando.
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Uno de los fenómenos más fascinantes relacionados con el lenguaje es el proceso por el que los bebés humanos aprenden a hablar. De un modo natural, adquieren un complejo sistema lingüístico que a cualquier adulto nos costaría sangre, sudor y lágrimas. Es uno de esos milagros que, por conocido, a veces no sorprende lo suficiente.

Simplificando mucho, podríamos decir que el proceso comienza cuando el bebé se dedica a vocalizar y jugar con los sonidos del lenguaje (o con las configuraciones de las manos, si está adquiriendo una lengua de signos). Es una etapa preciosa, que tiende a extenderse hasta aproximadamente los 10 meses y que es la base de lo que pasará después. ¿Y qué pasa después? Habitualmente lo que ocurre es que el niño o la niña comienza a usar palabras. Al principio, tiende a usar una única palabra (agua) y la emplea para expresar toda una frase (‘dame agua’, ‘veo el agua’, etc.). Es un proceso conocido, por lo que los adultos lo aceptamos encantados. Ya sabemos que es cuestión de tiempo que use dos palabras (mamá aupa), tres palabras (nena casa no), hasta que comience a formular frases enteras. 

Esto es lo que esperamos que ocurra y, sin embargo, algunos bebés adquieren el lenguaje de otro modo. Es simplemente una forma de procesar distinto, un camino diferente que, en muchas ocasiones, llevará al mismo lugar. Estos bebés comienzan su camino con fragmentos de habla más extensos. Del mismo modo que sus pares usaban una sola palabra para múltiples situaciones distintas, estos niños usarán un enunciado completo (tengo mocos) para expresar que necesitan ayuda, que se han manchado las manos o que tienen cualquier otro problema. Es su forma de comunicarse, tan natural como usar una única palabra. En este modo de adquirir el lenguaje (gestáltico), el proceso lleva el camino inverso al que describimos en el párrafo anterior. Las frases completas pasarán después a fraccionarse, hasta llegar a la unidad de la palabra y a su combinación productiva.

Estos dos modos de adquirir el lenguaje responden a dos formas de procesar la información lingüística. Ambas son naturales y válidas, pero los adultos de referencia no las viven del mismo modo. Acostumbrados a un proceso analítico, si un niño o una niña usa una frase completa con libertad (con la libertad que otros usan las palabras), les parecerá que el proceso se está realizando de forma inadecuada y tenderán a revertirlo. La mirada del adulto marca la diferencia. Prueba de ello es que si se usa un enunciado completo como unidad mínima (tengo mocos), se suele decir que hay habla ecolálica para subrayar que se trata de repetir lo que ha escuchado. Como si los niños que se basan en palabras solo utilizaran neologismos. 

Lo realmente importante, sea el proceso analítico o gestáltico, es que la niña o el niño usen sus unidades de lengua de forma comunicativa. Que quieran transmitir algo. Y esto es, precisamente, lo que se obvia en muchas ocasiones cuando etiquetan su forma de hablar como ecolalia. Puede que sea una frase que ha escuchado en los dibujos animados, o una que sueles decir tú. Lo importante es que la está usando para contarte algo, habitualmente un deseo (que le limpies) o una emoción (que está contenta). Por ello, es crucial que el adulto sea capaz de reconocer el sentido de la frase y que no se quede en la superficie, pensando que es mera repetición. Lamentablemente, hacer caso a las sugerencias de obviar este modo de comunicación y no responderles es el camino más recto para retrasar el proceso de adquisición del habla.  

Si a vuestro alrededor tenéis niños que procesan el lenguaje de un modo gestáltico, aceptad su modo de adquisición y acompañadles. Responded a sus frases como lo habríais hecho con palabras sueltas; jugad con ellos para ayudarles a fragmentar, a reconocer unidades más pequeñas, a comprender que se pueden modificar y recombinar. Y, sobre todo, no juzguéis un proceso que, siendo distinto y minoritario, no es menos natural que el analítico. Saberse aceptado y acompañado puede hacer la diferencia. 


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