residuos electrónicos india
Foto: Amarjeet Kumar Singh/SOPA Images via ZUMA Wire

Un día en la vida de los recolectores de residuos electrónicos en India

Miles de personas viven en condiciones precarias, expuestas a sustancias tóxicas, en busca de materiales valiosos que vender en el mayor mercado de desechos electrónicos de India.
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NUEVA DELHI- Al amanecer, cientos de hombres entran y salen de los congestionados callejones de Seelampur, empujando sus diablitos y conduciendo camiones de basura llenos de teléfonos móviles, computadoras, aires acondicionados y casi cualquier otro tipo de residuo electrónico imaginable. Seelampur, situado a las afueras de Nueva Delhi, India, es el mercado más grande del país dedicado a desarmar tecnología usada, y ahí viven unos 50,000 hombres, mujeres y niños cuyo sustento depende de los residuos electrónicos.

En el interior del laberinto de callejones, cientos de pequeños establecimientos están repletos de diferentes aparatos electrónicos que son desmontados por los trabajadores, utilizando casi siempre sus propias manos, un martillo y unas pinzas, con la esperanza de extraer metales preciosos como el oro, la plata y el estaño, o cualquier otra cosa que sea útil. Los niños se mueven por los rincones del mercado con bolsas de plástico sobre sus hombros, recogiendo restos potencialmente útiles entre los desechos electrónicos apilados frente a las entradas.

En 2019, India produjo 3.2 millones de toneladas de residuos electrónicos, gran parte de los cuales acabaron en Seelampur.

Aftab, de 15 años, es uno de ellos. Espera pacientemente junto con otros cuatro o cinco niños en medio de un calor abrasador para recoger lo que queda de basura electrónica, como pantallas de teléfonos móviles y baterías rotas. Este año, Delhi ha registrado el junio más caluroso de los últimos tres años, con temperaturas máximas que rondan los 40.5 grados centígrados en promedio. “La mayoría de las veces empezaba el día antes del amanecer para evitar esta temperatura insoportable, pero era cuando recogía tubos de cobre. Como eran pesados, se me trababa el hombro y empezaba a dolerme”, dice Aftab, secándose el sudor de la cara. “Ahora prefiero recoger restos de teléfonos móviles como cámaras, chips electrónicos y teclados que son fáciles de transportar, pero son menos rentables y están disponibles sobre todo durante el día”.

En 2019, en todo el mundo se desecharon 53.6 millones de toneladas de residuos electrónicos, de los cuales solo se recicló el 17.4%, según el Global E-waste Monitor 2020. Por su parte, India produjo 3.2 millones de toneladas de residuos electrónicos, gran parte de los cuales acabaron en Seelampur. India también sirve de vertedero para los residuos electrónicos de otros países, como Estados Unidos, a través de una “compleja red de puertos de transbordo“. Un artículo de 2017 en el Journal of Health and Pollution “estimó que India importa alrededor de 50,000 toneladas métricas de residuos electrónicos cada año”.

Este tipo de basura inunda las transitadas calles de Seelampur, un lugar donde los establecimientos se especializan en diferentes tipos de reciclaje y eliminación de residuos electrónicos: por ejemplo, las tiendas especializadas en teléfonos móviles se enfocan en recuperar las tarjetas madre y las baterías, que son más valiosas y pueden venderse a otras unidades de reciclaje. Al carecer de espacio y mano de obra suficientes, tiran otras piezas que son recogidas por personas como Aftab, quienes luego venden los restos en el mercado local a un precio más barato.

La mayoría de las personas en India que se ganan la vida con los residuos electrónicos viven en los alrededores de Seelampur. Aftab vive con su familia de cinco integrantes en una casa de hojalata al lado de un canal de drenaje, lleno de agua maloliente y turbia, que atraviesa el mercado. Aftab, el mayor de sus hermanos, empezó a trabajar con su madre a los 8 años recogiendo trozos de alambre y quemándolos para después extraer trozos de cobre. Su madre se vio obligada a dejar de trabajar después de que el peligroso humo producido por la quema la hiciera enfermarse varias veces.

“Siendo sinceros, ¿a quién le gusta trabajar aquí? Pero somos pobres y no tenemos otra opción. Todas las mañanas hago una larga cola para ir a buscar una sola cubeta de agua potable. Me considero afortunado si consigo dos cubetas y esas pequeñas cosas me hacen feliz, algo normal para otros que no llevan el mismo estilo de vida que nosotros”, dice Aftab. “He sufrido heridas leves mientras trabajo, pero las ignoro. Si uno de nosotros deja de trabajar un día, no llegaríamos a fin de mes”.

En cuanto tiran los restos de los celulares, los niños pequeños que esperan afuera se avientan, jalándose unos a otros para conseguir lo mejor. Aftab recoge lo que puede con sus propias manos y sale corriendo. Sentado detrás de un coche cerca del canal de desagüe abre su bolsa de plástico para ver lo que recogió.  

“Esto es una carrera de ratas y tienes que ser muy rápido para sobrevivir. En un día normal gano entre 50 y 170 rupias (entre 0.6 y 2.15 dólares) y todo depende de lo que encuentre”, explica Aftab. Le gusta la privacidad del canal de desagüe para examinar sus hallazgos, pero a veces el olor es asfixiante. “Me hace preguntarme cómo será respirar aire fresco”, dijo.

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Un día a mediados de junio, Aftab estaba satisfecho con lo que había obtenido. “Ha sido un día de suerte, ya que encontré algunos metales útiles”, dijo, sonriendo mientras se dirigía a un carrito de comida. “Ahora puedo regalarme una samosa (similar a las empanadas) y descansar un poco”.

En mayo, el ministerio de Medio Ambiente, Bosques y Cambio Climático de India publicó un proyecto de normas adicionales para los residuos electrónicos y abrió la propuesta a los comentarios del público. Si se aprueban, las normas establecerán un nuevo marco para impulsar el reciclaje hacia el sector formal (aunque los críticos dicen que podría “exacerbar la mala gestión“).

Estas normas son las más recientes de una serie de esfuerzos para gestionar los residuos electrónicos del país, que comenzaron en 2011 con una legislación “que obliga a que solo los desmanteladores y recicladores autorizados recojan los residuos electrónicos”, según el Global E-waste Monitor 2020. En 2016, un nuevo conjunto de normas hizo mayor hincapié en la responsabilidad del productor y estableció objetivos para la recolección. Y aunque India es el único país del sur de Asia que cuenta con este tipo de normas, el informe de 2020 señala que el cumplimiento de las mismas sigue siendo un reto importante, debido a “la falta de una infraestructura adecuada para la recolección y logística, el limitado conocimiento de los consumidores sobre los peligros que implican la eliminación inadecuada de los residuos electrónicos, la falta de estándares para la recolección, el desmantelamiento y el tratamiento de los residuos electrónicos, y un proceso ineficiente y tedioso para notificar incumplimientos”. Lugares como Seelampur, en donde se recicla alrededor del 80% de los aparatos electrónicos desechados, son preferidos a los sectores formales gracias a lo barato que son los recicladores y los costos de desmantelamiento.

A pocos metros de la carretera principal que lleva al mercado, Rashim, de 30 años, está despejando el camino para su camioneta llena de chips y tarjetas madre de teléfonos móviles desechados. Rashim llegó a Seelampur desde Meerut, una ciudad a las afueras de Delhi, en 2011. Empezó como obrero descargando chatarra en todo el mercado y ahora tiene un negocio de venta de restos de teléfonos móviles.

“No cabe duda de que corremos un riesgo constante aquí, pero ¿qué otra opción tenemos?”.

“Mi travesía en Seelampur ha estado llena de altibajos, pero al mismo tiempo, Dios ha sido bondadoso conmigo. Cuando llegué aquí nunca imaginé que tendría una tienda, pero todo es posible si se trabaja duro. Solo me ocupo de los teléfonos móviles desechados, ya que son fáciles de desmontar y no suponen muchos riesgos para la salud”, dice Rashim, sentado en una silla dentro de su tienda donde emplea a tres personas. Sus empleados extraen las placas base y otros chips de los teléfonos móviles y los envían para su posterior procesamiento. “Gano entre 1,000 y 1,500 rupias (entre 12 y 15 dólares) en un día normal, pero eso no es suficiente cuando tienes que mantener a una familia de seis miembros y cumplir con otras responsabilidades”, explica.

En la tienda de Rashim, un trabajador busca las tarjetas madre rotas que no puedan enviarse para su posterior procesamiento. Sin equipo de protección, las sumerge en un vaso lleno de ácido con la esperanza de extraer cobre, plata u otros metales que puedan venderse. Poco después, la pequeña tienda se llena de nubes de humo blanco. “No cabe duda de que corremos un riesgo constante aquí, pero ¿qué otra opción tenemos?”, dice Rashim, tapándose la nariz y la boca con un trozo de tela. “Sufro de problemas respiratorios desde joven, pero no puedo dejar de trabajar porque tengo una familia que cuidar. Necesitamos un equipo de seguridad de alta gama para hacer este tipo de trabajo, pero está demasiado alejado de nuestro presupuesto”. Ponerse una simple mascarilla, dice, dificultaría la respiración con el calor sofocante.

Rashim, aficionado de los programas de televisión de suspenso, ve una serie de India en su smartphone mientras su hijo mayor, un joven adolescente, aparece con su almuerzo. Rashim se asegura de que su hijo no juegue ni toque nada en la tienda, le compra caramelos y lo envía rápidamente a casa. “Tengo pesadillas en las que mis hijos hacen este mismo trabajo, por eso no los dejo pasar mucho tiempo aquí”, explica Rashim, mientras despeja una pequeña mesa de plástico para su almuerzo. “Rezo todos los días para que no terminen en este lugar”.

Efectivamente, el contacto constante de los trabajadores con metales, ácido y otras sustancias peligrosas afecta su salud y sus condiciones de vida.

M. Taj, un médico popular en la zona, lleva 10 años trabajando en Seelampur. Cada año, dice, las cosas empeoran. “Hasta hace unos años solía ver entre 5 y 12 pacientes al día, ahora han aumentado a 20 o 30”, dijo. La mayoría de los casos, explicó, están relacionados con infecciones de la piel y la Enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

Taj se refirió a la falta de conciencia de los trabajadores de la basura electrónica sobre las causas de estos problemas de salud. “Ellos queman cables, plásticos y piezas de aparatos normales y es ese trato con sustancias químicas peligrosas lo que ha causado el aumento de casos de EPOC en la zona”, dijo. “Veo casos de niños pequeños con EPOC y problemas respiratorios que afectarán indefinidamente su vida y es realmente preocupante”.

Este artículo es publicado gracias a una colaboración de Letras Libres con Future Tense, un proyecto de SlateNew America, y Arizona State University.

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