Diábolos

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Polvo azul, de Timothy Linh Bui

Al estilo de Crash (la de Sandra Bullock, no confundir con la de Cronenberg) o cualquier película del disuelto binomio Iñárritu-Arriaga, Polvo azul utiliza la estructura narrativa de diversos personajes cuyos destinos se ven ligados inesperadamente. Aquí estamos ante un ex sacerdote de tendencias suicidas (Forest Whitaker), una stripper con un hijo en coma (Jessica Biel), un joven embalsamador con fobia social (Eddie Redmayne) y un ex convicto en busca de redención (Ray Liotta). El reparto es interesante y las actuaciones son buenas, pero la historia no logra sostenerse durante la segunda mitad del filme. Lo que empieza como una película de ambientes y caracteres sórdidos se transforma abruptamente en un manual de autoayuda con un lamentable final new age. Lejos de entender a sus personajes, el director parece más interesado en juzgarlos y en dar una lección. Hollywood puro, vaya.

Reencuentro, de Helen Hunt

El primer intento de la actriz Helen Hunt tras la cámara es un filme flojo, poblado de lugares comunes que, sin embargo, logra sacar una que otra carcajada. El principal problema es el casting, tan insípido como la historia misma: Matthew Broderick, quien parece hacer siempre el mismo papel de pusilánime, Bette Midler como Bette Midler y la misma Hunt, a quien los años le han caído mal en todos los sentidos. Esta historia sobre una mujer madura que se debate entre volver con su marido o arriesgarse con un nuevo galán, no aporta nada a la reflexión sobre el desorden amoroso, ni al papel de la mujer en las relaciones sentimentales del nuevo siglo (como sí lo han hecho series de televisión del estilo de Sex & the City y Desperate Housewives). Helen Hunt se quedó atrapada en las ideas y el estilo de Mad About You, el programa que le dio fama… hace 17 años.

Los secretos del poder, de Kevin Macdonald

Una buena pieza de entretenimiento, que tiene como eje central a un periodista (Rusell Crowe) y a un Congresista (Ben Affleck), quienes se ven envueltos en la intriga de una poderosa corporación. Crowe hace su papel casi sin despeinarse, con un oficio ya probado, y sostiene buena parte del filme en sus hombros. Quien por momentos lo echa a perder es Affleck, incapaz de darle matices a su atormentado congresista, cuya carrera está a punto de ser destruida debido a un escándalo sexual. Si le informan que su amante ha sido asesinada o tiene que enfrentar a su humillada esposa, él permanece con el mismo rostro de actor de telenovela. Pero la película sobrevive, porque además ahí está la inmarchitable Helen Mirren para darle intensidad cuando hace falta. Al final, queda claro que, tanto en la política como en el periodismo, todo mundo pisa a los demás con tal de defender los intereses propios.

– Bernardo Esquinca