La naturaleza de las pesadillas

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Del lado que se le vea, es uno de los fenómenos más intrigantes del cine reciente. La peliculita de terror Actividad paranormal arrastra consigo misterios, unos más simples que otros, pero todos enraizados en el anhelo muy humano de tender puentes hacia el más allá. El primero se sugiere en el título, y es el tema de su historia: los fenómenos inexplicables –ruidos, desplazamientos, presencias– que ocurren al interior de una casa. El segundo es la histeria que la película ha generado desde sus primeras proyecciones en funciones de medianoche. Su presupuesto de 15 mil dólares es ya material de leyenda: tan sólo en Estados Unidos ha recaudado casi 110 millones, y en cada país que se estrena desbanca en popularidad a películas superproducidas.

Al modo de El proyecto de la bruja de Blair, construye un relato a través de pietaje supuestamente encontrado. Su tono amateur es, por así decirlo, real: su director, el israelí Oren Peli, hizo también de guionista, fotógrafo, sonidista y editor. La historia arranca en el momento arbitrario en que la pareja formada por Katie y Micah decide usar una cámara de video para grabar su experiencia. Quieren que registre lo que pasa mientras ellos duermen, en tanto su recámara parece invadida por una presencia sobrenatural. Un psíquico les revela que se trata de un demonio: más nocivo que un simple espíritu, y el tipo de entidad con la que no se puede “pactar”. El objeto de sus ataques es Katie, y es probable que no ceda hasta conseguir lo que quiere. Ese tipo de criaturas –dice– no es de su competencia. Abandonados a sus recursos, la pareja –sobre todo Micah– hace el tipo de cosas que enfurecen a un demonio. Por ejemplo, intentar grabarlo. O usar una tabla ouija para acelerar la “comunicación”. A partir de ese momento, las cosas se pondrán peor.

La crítica se ha referido a Actividad paranormal con todo tipo de superlativos: la más aterradora en años, verdaderamente inquietante, la mejor de su género. Sus fans (basta entrar a la red) le atribuyen el poder de provocar pesadillas, o, por lo menos, de no dejar dormir. Tienen razón –y no. La película es efectiva, pero el mérito no es sólo suyo. Si Actividad paranormal es una pepita de oro es porque lidia con un detonador casi universal de angustia, prácticamente inexplorado por el cine de horror (aunque no por la literatura y la plástica): la vulnerabilidad del cuerpo cada vez que se abandona al sueño, la incertidumbre de lo que ocurre mientras dormimos y –lo más específico– la sensación de compartir la cama con un ser de otro mundo. A través de sus mitologías, la mayoría de las culturas, occidentales y orientales, describe un ente diabólico que sofoca a una persona a la mitad de la noche sin que esta pueda moverse o gritar.

La medicina –esa aguafiestas– tiene un nombre para la situación. La llama parálisis del sueño, y es el momento durante el cual el cerebro despierta del sueño profundo, pero el cuerpo permanece en estado de inmovilidad. El desfase genera angustia, y esta, alucinaciones. Inversa al sonambulismo, es mucho más común: una de cada dos personas dice haberla experimentado por lo menos alguna vez en su vida. Es, por así decirlo, el “fenómeno sobrenatural” más ordinario y familiar.

Actividad paranormal no trata sólo de eso. Nunca se habla del tema, ni es el peor de los ataques del ser sobrenatural. Pero el miedo, para ser masivo, sólo puede responder a aquello que uno de dos espectadores reconoce como familiar. Las escenas que demuestran que el demonio merodea por la recámara, se trepa sobre la cama y se mueve bajo las sábanas son brillantes no por extrañas sino por ilustrar con exactitud una sensación al mismo tiempo espantosa y frecuente. Más que inventar un espanto, Actividad paranormal rescata uno de los arquetipos más fascinantes de la mitología. Parálisis del sueño o no, bastaron segundos de pánico para que hombres a través del tiempo hablaran de criaturas diabólicas que penetran su dimensión.

En su texto ya clásico sobre la naturaleza de las pesadillas, Borges habla de las distintas etimologías de la palabra y demuestra que todas conducen a la figura del demonio opresor. Concluye preguntándose si estos sueños no serán sobrenaturales, más allá de la superstición: quizá las pesadillas –dice– son grietas del infierno en sentido literal. Remata con un “¿Por qué no?” Si algo prueba la fascinación masiva alrededor de Actividad paranormal es que nadie quiere respuestas sino seguir el camino de Borges y alimentar la especulación. No es que sea una gran película, pero sirve para aceitar la maquinaria de la fabulación. Después de ver la película, cualquiera que tenga cama y necesite unas horas de sueño, tiende a pensarse a sí mismo como víctima en potencia de un demonio trepador. Ya es guionista, director y personaje de su propia película de horror. ~