Marca personal a Succession: Vampiros en la Toscana

En el penúltimo episodio de la tercera temporada de Succession, las cualidades vampíricas de los Roy afloran antes de una boda en la Toscana.
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El dinero nunca es problema para los vampiros. Hay excepciones, claro, pero la tendencia es concebir a los personajes vampíricos que aparecen en libros, películas y series como seres pertenecientes a una burbuja de privilegio e impunidad que les permite perdurar por siglos.

En el imaginario popular, los vampiros y las dinastías acaudaladas son figuras análogas. La crueldad es el denominador común. La criatura más grande no se limita a eliminar a la más chica, sino que la mantiene en un estado intermedio entre la vida y la muerte para drenarla por completo. Una vez que no hay energía que tomar, la víctima es desechada y sustituida por alguien más. Si corre con suerte, la víctima tiene la opción de convertirse también en un vampiro y repetir el proceso con alguien más. Es la única ventana de movilidad posible. La escalera de humillaciones se extiende de arriba hacia abajo, de generación en generación, de manera cíclica y permanente.

Succession está repleta de vampiros. En este octavo episodio de la tercera temporada, el clan Roy se concentra en Chiantishire, área de la Toscana famosa por recibir a personalidades del jet set británico en temporada vacacional (el término es una derivación de Chianti, el vino tinto producido en las provincias de Siena y Florencia). El motivo: la boda de la exesposa de Logan, Caroline Collingwood, madre de Kendall, Roman y Siobhan (Shiv).

Al igual que sucedió con la boda de Shiv y Tom al final de la primera temporada, la celebración se ve empañada por las tensiones internas de la familia y la amenaza de perder el control de Waystar Royco, aunque esta vez frente a un vampiro que los mismos Roy invitaron a su casa: Lukas Matsson, el fundador y director de GoJo, la plataforma que los Roy consideran clave para poder sobrevivir en las “guerras del streaming”.

A continuación, la Marca Personal a “Chiantishire”

1.

“Chiantishire” abre con la primera junta del nuevo consejo de Waystar Royco, el cual incluye ahora a Sandi Furness y Stewy Hosseini. Ambos expresan su malestar por no haber sido informados del inicio de negociaciones con GoJo. “Es un trato transformacional”, revira Logan. Sandi, hija del ahora discapacitado magnate Sandy Furness, expresa su extrañamiento ante la ausencia de Shiv, quien no asiste para evitar una confrontación con Roman (empoderado por la relación que estableció con Matsson en el episodio anterior). Hosseini experimenta dificultades para ocultar su entusiasmo respecto a la compra potencial de GoJo. Como inversionista de capital de riesgo, sabe que el streaming reina en Wall Street, por lo que el valor de las acciones de Waystar Royco podría elevarse sustancialmente con la adquisición. Logan nunca los pierde de vista, ni siquiera cuando sale de la sala para no incurrir en conflictos de interés cuando se aborda el tema de las investigaciones del Departamento de Justica. “¡Me siento como si estuviera cagando en el Guggenheim!”, exclama Hosseini.

2.

Caroline va a contraer nupcias con Peter Munion, quien es clasificado de manera inmediata por los Roy como un fantoche cazafortunas que busca capitalizar el poder y contactos del clan. Munion es un vampiro menor, un supuesto aristócrata con mala suerte en los negocios que ya ni siquiera se esfuerza en esconder sus intenciones aspiracionales. Shiv y Roman se muestran preocupados, pero Munion carece de la estatura necesaria para desfalcar a Caroline, por lo menos sin su consentimiento.  “Él es horrible, lo puedo ver con claridad”, le dice Caroline a Roman. Falsamente indignado, Roman revira con socarronería: “Hey, ¡estás hablando de mi padrastro!”. La familia de Munion también está compuesta por sanguijuelas. Bajo el engaño de que van a tomar unas fotos, las hijas del futuro esposo de Caroline exportan la libreta de contactos de Shiv para promoverse como diseñadoras de interiores. La sutileza no es un rasgo de los Munion, definitivamente.

Greg luce radiante en el brindis de bienvenida. La incipiente relación con Comfrey, la publirrelacionista de Kendall, le ha inyectado confianza al personaje. Interpretado con inteligencia por Nicholas Braun, Greg es una amalgama constante de duda y pánico; el único miembro del círculo de Waystar Royco que aparenta conservar algunos rastros de conciencia en medio de la decadencia generalizada de la familia. No obstante, detrás del aspecto de mascota tierna se oculta un parásito que bien podría transformarse en un vampiro de alto nivel.

Los ataques de Kendall en “Too much birthday” eran certeros: en el fondo, Greg es una esponja que se alimenta de la familia. Una vez que Shiv le señala que el romance con Comfrey puede servir para escalar en sociedad, Greg intenta ligarse a una condesa, no sin antes menospreciar a otras candidatas potenciales. Tom lo aniquila sin piedad: “¿Un hombre que antes moría de sed es ahora un crítico de agua mineral?”. Una de las subtramas menos comentadas de la serie, pero sin duda una de las más significativas, es la corrupción progresiva de Greg. ¿Podrá salvarse a tiempo? ¿Le importa, realmente? No mucho, al parecer.

3.

“Chiantishire” funciona como una reflexión sobre la maleabilidad con la que recordamos el pasado familiar. Por lo general, cada miembro guarda un recuerdo distinto de lo que pasó. La falta de una versión definitiva puede resultar angustiante. Tras una despedida de soltera aséptica en la villa, Caroline y Shiv se enfrascan en una discusión sobre quién abandono a quién. De acuerdo con Shiv, Caroline ya no quería jugar a ser mamá y aceptó un pago para que ella y sus hermanos se fueran a vivir con su padre. Caroline, en cambio, sostiene que fue Shiv quien tomó la decisión de vivir con Logan. “Elijo la carbonara y a papá”, se mofa Caroline. Shiv argumenta que solo tenía 10 años (“¡era una maldita niña!”). Caroline, aplastante, enmienda la plana: “No, tenías 13 años, y ya sabías cómo clavar la navaja. Lo sabías entonces, y lo sabes ahora”.

Tras subrayar que algunas mujeres no deberían ser madres, Caroline –o Scary Poppins, como la apodan sus hijos– expresa que con Logan ni siquiera era posible tener perros: “Nunca vio nada por lo que sintiera amor que no quisiera patear para ver si regresaba”. Furiosa por la revelación, Shiv va con Tom y se declara lista para tener un bebé (con él, cabe aclarar). A la mañana siguiente, Shiv repiensa las cosas y apunta que el camino óptimo por ahora es congelar sus embriones. “Puede que no te ame, ¡pero te amo!”, le dice Shiv con un cariño similar al que alguien expresa por un tío lejano al que solo ve en la cena de navidad. ¿Cuánta sangre le queda a Tom? Ojalá que Logan cumpla su promesa y no lo olvide en el reparto de utilidades.

4.

El vampiro más peligroso del episodio no es un Roy. De manera inesperada, Matsson desea redefinir las condiciones de la negociación con Waystar Royco. Ya no quiere una compra, sino una fusión entre pares. Irónicamente, la idea se la pudo haber dado Kendall en “Too much birthday”, cuando le dice que es ridículo que Amtrak quiera comprar a Tesla. Los argumentos para la fusión son sólidos: GoJo es una “bomba de crecimiento”, un amplio abanico de propiedades intelectuales y contratos exclusivos; Waystar Royco, en cambio, podría acabar siendo el Blockbuster del mañana: un elefante con numerosos activos, pero con nulo potencial expansivo. Logan pensaba que el mercado iba a obligar a GoJo a vender, pero ahora todo indica que ese mismo mercado va a forzar la fusión con Matsson, quien presume sin pudor su naturaleza vampírica: “Yo exploto a las personas. Las exprimo como naranjas. Me involucro intensamente con ellas, y luego me decepcionan”. La grandilocuencia del desplante suena risible –como lo evidencia la risa contenida de Roman–, pero ilustra el dilema de Waystar Royco: fusionarse o morir.

Logan acepta la posibilidad de la fusión en Milán, lo que empodera aún más a Roman, orquestador de las negociaciones. En medio de la euforia, comete un error mayúsculo: en lugar de mandarle una foto de su pene a Gerri, el receptáculo resignado de sus perversiones, los dedos de Roman tropiezan y se la envía a Logan. Como apuntábamos aquí, el lenguaje corporal de Roman es similar al de un perro, por lo que no sorprende que la reacción ante su error sea la de un animalito avergonzado por haber orinado en el lugar equivocado.

La actitud de Logan es iracunda. El comportamiento compulsivo de Roman revela fallas de carácter tan graves como los problemas de adicción de Kendall. ¿Se le pueden confiar las llaves del coche a un adolescente con una botella de tequila en la mano? El asunto también podría derivar en un escándalo de acoso sexual, lo que podría dar más peso a las investigaciones del Departamento de Justicia sobre los abusos en los cruceros Waystar. La hipocresía de Logan es colosal: le repugna que a su hijo le guste una mujer “un millón de años más vieja”, mientras él no tiene resquemor alguno en ocultar la atracción que siente hacia Kerry, platónica o no. Roman quiere a Gerri, pero jamás la pondría antes que a su padre. Roman es el perro que Logan patea y regresa por más.

5.

Tras la aparatosa crisis nerviosa de “Too much birthday”, Kendall arriba a Chiantishire con una actitud sobria y contenida. “Quiero recortar”, le dice a su madre, quien de entrada le informa que no podrá estar presente en algunas actividades para no cruzarse con Logan. Después de un par de golpes afortunados (“Rape me!”), la tercera temporada ha sido una crónica de su hundimiento: del fallido discurso woke en la junta de accionistas al inexplicable despido de Lisa Arthur (“la mejor abogada de la ciudad”), sin obviar su notoria incapacidad para proyectarse en la opinión pública como el icono empresarial que desea ser, como quedó reflejado en la cancelación de última hora en el programa The Disruption. El rechazo de sus hermanos y la incapacidad de reclutar a Tom –y así reforzar las acusaciones del departamento de Justicia contra Waystar Royco– lo han dejado sin municiones para enfrentar a Logan. Kendall desea matar al vampiro paterno, pero carece de una estaca para hacerlo. Peor aún, un grupo de periodistas lo ha invitado a un podcast para que hable sobre los múltiples escándalos de la familia Roy, incluido el acontecido en la boda de Shiv y Tom, donde un mesero murió ahogado en un accidente automovilístico. Los periodistas sospechan que Logan pudo haber mandado hostilizar al mesero, pero la realidad, como sabemos, es que Kendall fue el responsable del accidente.

En un intento por empezar de nuevo, Kendall invita a cenar a su padre para informarle que está dispuesto a aceptar la oferta de compra accionaria por dos mil millones de dólares. El intercambio es brutal. Luego de pedirle al nieto autista que pruebe el queso para asegurarse de que no esté envenenado, el patriarca le informa a su hijo que puede que retire la oferta y decida mantenerlo en la órbita de la compañía, así sea para revisar el correo.

Kendall admite que no es ningún “caballero cabalgante”. Logan le dice que la vida no es un juego de caballeros, sino “un número en un pedazo de papel”, “una pelea por una navaja en el lodo”. Kendall le reclama que es un ser corrupto, responsable de contaminar el debate nacional y polarizar a la población. “Soy mejor que tú”, presume Ken. El convencimiento que Kendall tiene de su superioridad moral es ridículo. Logan le recuerda la manera cobarde en que dejó morir al mesero en el accidente. Kendall sostiene que él es una mejor persona, pero la respuesta de Logan lo deja tirado en la lona: “Cada vez que la cagaste, estuve ahí para limpiar tu mierda, ¿y ahora dices que soy una mala persona? Jódete.”

Logan, en efecto, limpió la mierda de su hijo en la boda de Shiv, pero no por motivos amorosos. La razón ulterior del encubrimiento no era salvar a Kendall, sino chantajearlo para que no colaborara con Furness y Hosseini para destituir al patriarca. La adicción y la falta de confianza lo sabotearon, pero Kendall estuvo a punto de vencer a Logan al final de la primera temporada. Después de eso, pasó a ser un muerto en vida, un siervo vampirizado por el padre. El factor que lo resucita es su negativa a ser el chivo expiatorio de los abusos en los cruceros y enfrentar cargos penales (y así limpiar la mierda de su padre, algo que Logan olvida mencionar durante la cena, por cierto).

¿Cuál es el futuro de Kendall? Si desea probar que es mejor que su padre, la opción más clara que tiene es revelar la verdad detrás del accidente. Tomar ese camino, obvio, implicaría un sacrificio reputacional que lo llevaría a sufrir costos legales y el destierro social permanente. Otra opción es el suicidio, un escenario que la serie ha sugerido en múltiples ocasiones desde el final de la primera temporada. “Chiantishire” cierra con Kendall en la piscina, probablemente intoxicado, montado boca abajo en un colchón inflable y con cerveza en mano. Desde el fondo de la alberca, en contrapicada, observamos cómo suelta la botella y sumerge el rostro en el agua.  Recordamos las palabras de Logan en la cena: “¿Cuánto tiempo estuvo vivo ese joven antes de ahogarse? ¿Un par de minutos? ¿Tres, cuatro, cinco? Es mucho tiempo, un par de minutos”.

Pd. ¿Quién pide matrimonio en una boda? Connor, desde luego.