La atención médica a ras de lona

Una asignatura pendiente con boxeadores y practicantes de la lucha libre profesional es el derecho y acceso a servicios médicos que les garanticen la atención oportuna, profesional y especializada cuando la requieran.
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La práctica de la lucha libre profesional tiene riesgos: en cada lance, llave, castigo o plancha desde la tercera cuerda, los gladiadores ponen en peligro la vida. Los accidentes más recordados son, por supuesto,  los sucedidos sobre el ring; porque han sido registrados por la memorabilia fotográfica y popular. Mención aparte merecen las consecuencias que esos accidentes tienen en la vida de los luchadores. Después de la batalla, abajo del ring y fuera de la arena, las lesiones cobran la efectiva factura a los luchadores.

Una asignatura pendiente de este deporte-espectáculo es el derecho y acceso a servicios médicos que les garantice la atención oportuna, profesional y especializada cuando la requieran. Los luchadores han cabildeado el derecho a los servicios gratuitos desde los años setenta del siglo pasado, cuando el novelista Luis Spota presidía la Comisión de Box y Lucha del Distrito Federal. Recientemente, las negociaciones con el gobierno de la Ciudad de México han arrojado los primeros acuerdos en esta materia. Sin embargo la deuda con el gremio luchístico continúa porque no existen instancias de gobierno estatal ni Comisiones de Boxeo y Lucha Libre que hayan resuelto este asunto, aún cuando en sus reglamentos, municipios y estados, dedican capítulos al servicio médico en las arenas. El derecho a los servicios médicos, que implica atención oportuna dentro de las instalaciones de la arena de lucha libre, y su traslado a un centro de salud pública ha perdido vigencia, lamentablemente, porque hoy la lucha mexicana se encuentra en manos de improvisados promotores y programadores.

En diversos reglamentos de lucha libre se señala que la Comisión de Box y Lucha contará con un servicio médico, constituido por un Jefe y médicos auxiliares. El Jefe de los Servicios Médicos debe ser médico titulado, tener experiencia como médico de ring, especialista en medicina del deporte y tener amplios conocimientos en  materia de box. Se describe, además, el protocolo a seguir durante una función de lucha libre o boxeo: el médico del ring estará colocado junto al Comisionado en turno, mientras que un médico auxiliar en el lugar que el Jefe de los Servicios Médicos le indique, y el otro en la enfermería. En otros casos, se deja claro que una camilla, paramédicos y una ambulancia, estarán disponibles durante la función. En el Reglamento de Box y Lucha Profesional del Estado de México, vigente desde agosto de 2001, en su capítulo XIII, se menciona al Servicio Médico como “auxiliar de la Comisión”, en el mismo rango de los anunciadores, los réferis, los jueces y los tomadores de tiempo. Se exige al luchador presentarse media hora antes para pasar examen médico y acreditarse ante el comisionado en turno. En otros reglamentos locales la responsabilidad de los servicios médicos recae directamente en el empresario en turno y no en la comisión respectiva. En este caso sólo se menciona la presencia de paramédicos y una camilla. El Reglamento Interior de la Comisión de Lucha Libre del Distrito Federal, hoy Ciudad de México, que data de 1994 cuando Wolf Ruvinskis era su Presidente, señala que el Jefe de los Servicios Médicos y sus auxiliares deben ser médicos cirujanos titulados y tener una práctica no menor de tres años como médico de ring. 

En 2013, la Comisión de Lucha de la capital, presidida entonces por El Fantasma, lanzó una campaña de afiliación de los gladiadores al Seguro Popular que tuvo poco eco. Dos años después, el Secretario de Salud de la Ciudad de México y la Comisión de Lucha, alcanzaron un acuerdo (dentro del esquema del Seguro Popular) que beneficiaría a cinco mil personas, entre luchadores, boxeadores y sus familias. El apoyo ofrecido era “hacer uso de clínicas y hospitales donde se realizarán resonancias, Rayos X, cirugías y atenderse cualquier enfermedad, todo sin ningún costo”.

En 2008, la Secretaría de Salud del gobierno local y el Instituto del Deporte habían suscrito un acuerdo para otorgar atención básica a los gladiadores. Además, invitaron a deportistas al Foro de Análisis de Riesgo y Proyección de los Deportes de Contacto, organizado por la Comisión de Deporte de la Asamblea Legislativa de esta ciudad. Ahí, practicantes de diversas actividades de contacto expusieron las carencias que padecen: contar con un seguro médico de gastos mayores, la creación de una clínica especializada donde se brinde atención en estas ramas del deporte, así como erradicar los abusos de los empresarios en perjuicio de los luchadores profesionales. “Los intentos han sido varios y todos acabaron siendo insuficientes, acaso fracasados. Actualmente en la Ciudad de México el gobierno local anda haciendo un censo de luchadores de más de 63 años pero habrá que esperar si no resulta, como hace unos años, que con bombo y platillos anunciaban y con “respaldo” de la Comisión de Lucha Libre y un diputado del PRD, dicho seguro”, explica HaraKiri Jr. Hijo del Dragón.

Hace algunos años, conversando con el ya desaparecido doctor Francisco Daza Girón, Jefe de los Servicios Médicos de la Comisión de Box y Lucha del Estado de México, subrayaba que los sucesos trágicos en el ring pueden atenderse pero no evitarse porque no siempre está en las manos de la Comisión resolverlos. Daza Girón atendió innumerables situaciones sobre el cuadrilátero relacionadas con la escasa técnica y la pobre preparación física de los gladiadores. Por su parte, Horacio Ramírez Mercado, médico cirujano que estuvo al frente de los servicios médicos de la Comisión de la capital del país por más de cincuenta años, y a quién se le consideraba muy rigorista en la aplicación del reglamento, comenta que tardó más de diez años en aprender los secretos, incluso insólitos, que se requieren para atender lesiones al filo del cuadrilátero. El  problema se agrava cuando las lesiones son delicadas y requieren de atención médica externa y por periodos prolongados. En esos momentos los gladiadores echan mano de la solidaridad de los compañeros quienes organizan funciones en su beneficio. Aunque económicamente no sea suficiente, ayuda a completar para los gastos médicos, sobre todo si la atención médica es brindada por instituciones privadas. Casos importantes abundan. En 2010, Hombre Bala fue operado de la cadera y el fémur, en el Hospital Rubén Leñero; se brindó una función a su beneficio en la Arena López Mateos. A Scorpio Jr. le ofrecieron funciones mientras estuvo internado algunas semanas por una insuficiencia renal. Años atrás, Bestia Salvaje sufrió dislocación de cadera cuando se lanzó contra la Hormiga Atómica para darle un tope; tardó algunos meses en el hospital hasta su recuperación. En 2007, La Parka estuvo cuatro meses inactivo; en una operación abierta le fueron incrustadas siete anclas para reconstruirle los músculos del hombro izquierdo; la lesión, originada en un accidente automovilístico se recrudeció sobre el cuadrilátero durante una función denominada Guerra de Titanes, de la empresa Triple A.

La lucha libre mexicana lleva varios años viviendo una crisis de salud y a nadie parece importarle si vive o muere. Las condiciones laborales no son claras, no se estipulan cuidados médicos mínimos ni especiales durante o después de una función. Lo relevante en los contratos es la apuesta de máscara, cabellera o campeonato, además de la “garantía”, que es el sueldo de los luchadores y que depende del aforo de la función. En México sólo los gladiadores de renombre tienen “garantía” asegurada. Esta esquema no es exclusivo de nuestro país, en Estados Unidos, la “garantía” de los luchadores de la WWE no incluye seguro de gastos médicos, cubre alimentación, hospedaje y traslado para los luchadores. Sin embargo la empresa les permite contratarse con compañías que ofrecen rentables convenios económicos.

Las condiciones en las que trabajan los luchadores en México son abrumadoras: los empresarios  escatiman en gastos de seguros médicos, los luchadores acumulan lesiones y un público desinformado señala que este deporte es una farsa y desautoriza los riesgos que todo gladiador vive sobre el cuadrilátero.

 

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