Mensajes desde el pasado de Montserrat Roig

La periodista y escritora, autora de 'Els catalans als camps nazis', habría cumplido 75 años en 2021, treinta años después de su muerte. Fue precoz en todo, también en morirse.
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Precocidad. Montserrat Roig (1946-1991) fue precoz en todo, también en morirse. Empezó a escribir en prensa jovencísima, tuvo hijos joven, ganó premios con sus libros desde el principio y se preocupó antes que nadie o de una manera más profunda de algunos asuntos de los que se sigue hablando. También trabajó en televisión y estuvo dando clases en la universidad en el Reino Unido. Su precocidad fue no solo de edad sino de que se anticipó. Por ejemplo, con el asunto de los españoles que murieron en los campos de concentración. Su libro Els catalans als camps nazis, de 1977, un libro fundamental en su carrera, tuvo un nacimiento curioso: leyó Cartes des dels camps de concentració, de Pere Vives, que hablaba del campo de Mauthausen, de donde nunca regresó –como a tantos, lo asesinaron con una inyección de gasolina–.

Conoció a un superviviente de los campos, Joan Pagès, y de ahí surgió el primer reportaje, “Españoles en los campos nazis”, que convertiría en libro. Ese rastro puede seguirse en Algo mejores. Artículos (1966-1983) (Debate, 2021), donde se recogen artículos tempranos de Roig, publicados en Tele/eXprés, Triunfo, El Periódico y El País. El primer texto no es un artículo, sino una carta al director que Roig mandó a Triunfo: tenía veinte años y escribía contra la guerra de Vietnam. Pedía que le firmaran la carta solo con las iniciales M.R.

Una periodista legendaria. Montserrat Roig habría cumplido 75 años en 2021, treinta años después de su muerte. Con motivo de la publicación de este libro de artículos, su amiga y cómplice Rosa Montero escribió: “Mandó su último artículo al periódico el día antes de su muerte, como los periodistas legendarios. Son estos mismos artículos que ahora puedes leer, tan originales y poderosos. Unos textos caleidoscópicos que te van a sorprender. Pero ¿cómo no he conocido antes a esta mujer?, te vas a decir, asombrado por su calidad. Fue cosa de la suerte. De la mala suerte. El tiempo fue mezquino con ella, y no solo porque la mató a una edad tempranísima, sino porque además se la llevó en mitad de una de esas travesías del desierto que toda vida tiene. Fue precoz en su éxito porque hacía muchas cosas y todas bien. […] Era pura pasión, pero también razón; poseía una lúcida cabeza que no paraba nunca de rumiar, y su burbujeante sentido del humor (le encantaba jugar a ser una mujer fatal o hacer el payasito) le impedía caer en cualquier exceso. Especialmente en el egocentrismo. Era una buenísima persona.”

En el prólogo de Algo mejores, Betsabé García escribe que Roig “estrenaba el año 1973 con un lectorado en la Universidad de Bristol, con lo que por fin podía dejar atrás todo aquello de tener que cargarse por escrito y para todos los públicos obras literarias de autores que conocía. Sabía perfectamente lo que cuesta escribir y lo que vale el tiempo perdido. En su lugar, colaboraría para Tele/eXprés contando sus impresiones sobre  el Reino Unido”. Fue a Irlanda y contó no solo lo que vio y lo que pasaba, sino que trató de escarbar en la historia del conflicto en busca si no de una solución de un camino para llegar a ella. 

Un idioma literario. Dice Betsabé García que Roig se había liberado de la crítica, pero no dejó de preocuparse y de ocuparse de la literatura en catalán: se preguntaba por cómo convertir esa lengua en literaria, dónde buscar modelos. A la literatura en catalán dedica bastantes artículos: aparece un análisis de Pla, “Algo sobre la irritación que provoca Josep Pla” se llama el texto, hay un reproche a la “Insistencia en el tópico generacional” y un anexo sobre la literatura catalana en los setenta. Los textos de Roig sirven como un plano.

Una de mis piezas favoritas de este libro encaja en parte en este asunto de la literatura en catalán: “El aliento poético de Mercè Rodoreda”. Roig acude a la casa de Rodoreda, recorre las calles del barrio en el que nació la escritora, creadora del personaje femenino que más le impresionó después de Emma Bovary: Aloma. Rodoreda le pide que no tome notas, luego le permite hacerlo, van a comer y vuelven a casa, “La escritora se sienta en la punta del sofá y cruza las piernas”, escribe Roig, que quiere saber qué es lo más importante en una novela, si prefiere sus cuentos o sus novelas, cómo ve el futuro de Cataluña (“No lo veo de ninguna manera”), le pregunta qué concepto tiene de sí misma (“Más bien tirando a pésimo”). “Escribir me sirve de sedante, de excitante, es angustioso, es… todo a la vez. Escribir me cansa mucho. Lo necesito, porque se tiene que hacer una cosa u otra en la vida. Pero lo que a mí me gusta es entusiasmarme ante el paso de las nubes, o leer novelas policíacas, o ir al cine y ver westerns, que son las películas que más me entusiasman […] Escribir es una huida, eso tan vulgar que se llama evasión”, explica Rodoreda y anota Roig. 

Dos o tres cosas sobre ser mujer. En el suplemento cultural del Diari de Tarragona, Andrea Toribio ha escrito que Roig parece preguntarse “cómo ser una mujer, cómo ser mujer en democracia”. Escribe de “La larga marcha de las mujeres por sus derechos”, cita a Betty Friedan cuando señala otra mística, “la de la maternidad, que me parece que va más ligada a la manipulación ideológica de las sociedades que no son libres”. Escribe sobre hacerse vieja, sobre el aborto, sobre el destape: “Yo no voy contra el destape. Lo único que quiero es que sea auténtico. Que también haya un destape moral, que el destape entre en las alcobas. Pero las alcobas españolas están llenas de voyeurs fantasmales”. Explora qué es ser mujer desde diferentes ángulos con inteligencia y sin caer en la victimización.

Repaso ahora y veo que Monserrat Roig no se acaba: alerta contra el sensacionalismo en los medios, contra las prisas a la hora de enjuiciar; cuenta la Capuchinada diez años después y tiene un texto magnífico, el más literario, “El tiempo y los años”, en el que en su lectura de Los años de Virginia Woolf se cuela la historia de su vecina y de su hijo y unos parientes de Granada que le hace recordar algo que dijo Vargas Llosa: “La materia prima de la literatura no es la felicidad sino la infelicidad humana, y los escritores, como los buitres, se alimentan preferentemente de carroñas”. Añade Roig: “Y es difícil no ser un buitre en la vida real”.

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