Paula Vásquez Lezama, gran venezolana

La joven socióloga venezolana, recién fallecida, escribió sobre Venezuela desde una perspectiva que resultó incómoda en el contexto académico internacional, con una mirada científica impregnada de humanismo liberal.
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A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
Miguel Hernández

 

Cuando la joven socióloga Paula Vásquez (1969-2021) salió de Caracas hace más de veinte años, con el fin de estudiar un doctorado en Antropología Social y Etnología en el Centro de Altos Estudios de Ciencias Sociales de París, pensaba volver a su país. Pero los avatares políticos consecuencia de la llegada de Hugo Chávez cambiaron los planes, por lo cual adquirió la nacionalidad francesa. Antes de marcharse a estudiar a Francia, se licenció en Sociología en la Universidad Central de Venezuela, la universidad más importante de esta nación y hoy víctima de la destrucción revolucionaria. Trabajó para el Estado en políticas sociales y ejerció su labor de etnóloga en regiones sumamente difíciles dado su grado de pobreza y violencia. Este temple la acompañaría durante su carrera, interrumpida en pleno auge vital e intelectual por el celo de “la muerte enamorada”, palabras del poeta español Miguel Hernández en su conocida “Elegía”.

Su primer libro, Poder y catástrofe. Venezuela bajo la tragedia de 1999 (Caracas, Taurus, 2009), hace referencia –con una escritura elegante, infrecuente en las ciencias sociales– a la llamada tragedia de Vargas, región que fue literalmente destruida por la acción de las lluvias. Los damnificados del estado Vargas se convirtieron, por obra y gracias del mandato de Hugo Chávez, en “dignificados”, en ciudadanos redimidos de los pecados sociales de los gobiernos anteriores a 1998. Esta transformación se cumpliría a través de la tutela de la revolución bolivariana; Vásquez ofrece las claves para que entendamos cómo la militarización de esta tutela no solamente no cumplió con su objetivo de ayudar a las víctimas de la catástrofe, sino que asumió una dinámica cuartelaria. Los sujetos dejaban de ser individuos con necesidades e historias particulares para ser asumidos como minusválidos, incapaces de buscar un destino propio y fuente de suciedad, desorden y perturbación del orden de las instituciones de resguardo. Torpes ante tareas propias de civiles, los militares aceptaron la responsabilidad en los mismos términos en que siempre han sido árbitros de los destinos del país: no podemos con esto, pero los civiles pueden menos que nosotros. Detrás de esta visión de los sectores civiles como ineptos y de los sectores populares como minusválidos, indica Vásquez, se esconde toda una línea de pensamiento de izquierda de los años sesenta que asume al estado como el supremo ductor de las vidas desarregladas por tantos siglos de opresión oligárquica-burguesa-colonial-capitalista. El Estado se convierte en garante de la felicidad colectiva e individual y, por lo tanto, tiene derecho a decirle a la gente dónde y cómo vivir, qué comer, en que debe trabajar, cómo debe comportarse.

Esta perspectiva ha resultado incómoda en el contexto académico internacional, signado en parte por una izquierda que tiende a confundir el ejercicio investigativo con la militancia y que, sin duda, ha actuado de manera complaciente ante la deriva autoritaria de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. No cabe duda de que la figura de Paula Vásquez era polémica y desafiante para los venezolanos partidarios del oficialismo, cómodamente instalados en universidades de Estados Unidos, Canadá y Europa occidental. Ni hablar del maridaje entre el chavismo y parte del latinoamericanismo francés, fascinado con las aventuras del nuevo y rousseauniano “buen salvaje” suramericano, situación por la que Paula Vásquez se alejó del Geiven (Groupe d’Etudes Interdisciplinaire sur le Venezuela), conformado por jóvenes chavistas europeos con pretensiones de especialistas.

Sin inmutarse ante posibles inconvenientes en su carrera dada su insobornable postura ética y política, intervino públicamente en medios de comunicación franceses con el fin de desenmascarar al gobierno revolucionario desde su condición de antropóloga. Incluso, fue invitada a título de experta por la Asamblea Nacional de su país de adopción, interesada en la situación venezolana. Asimismo, coordinó un número de la legendaria revista Les Temps Modernes que ha quedado como material de referencia sobre la crisis venezolana. Siendo ya investigadora titular del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia (CNRS) publicó Le chavisme: un militarisme compassionnel (Éditions de la Maison des sciences de l’Homme, París, 2014), en el que destaca la relación entre emociones y política que explotó con gran habilidad Hugo Chávez. La compasión por los más débiles se tornó en calculado reparto de renta petrolera con fines clientelares y ha mutado en incuria y abandono con Nicolás Maduro, heredero del desastre fiscal del “compasivo” comandante, cuyo aferramiento al poder lo condujo a destruir la economía venezolana. No obstante, Nicolás Maduro ha resultado más letal porque no ha tenido apoyo popular ni renta que repartir.

Sin restar méritos a los libros de Paula Vásquez mencionados, me atrevo a afirmar que su texto más importante es País fuera de servicio. Venezuela de Chávez a Maduro (Siglo XXI, México, 2021), libro que comenté recientemente en esta revista. Se trata del testamento intelectual de Paula Vásquez, quien ofrece las coordenadas en las que debe pensarse Venezuela como fenómeno político y social cuya singularidad es pábulo del interés científico, pero también motivo de espanto e indignación. En sus páginas se manifiesta una vez más la mirada científica impregnada de humanismo liberal que signó la obra y la vida de una mujer que vivió sus dos nacionalidades, la venezolana y la francesa, con la intensidad y la altura ética de la que fui testigo durante nuestra amistad. Lectora de literatura y amante de la buena música, profundamente venezolana y cariñosamente francesa, criolla y cosmopolita políglota, demócrata y feminista, Paula Vásquez Lezama vivió una existencia plena. La vida desatenta, cito de nuevo a Miguel Hernández, ha dejado ir a una gran defensora de la causa venezolana, a una amiga inigualable y a una intelectual de una dimensión pocas veces vista en Venezuela, amén de reconocida en un medio tan exigente como el francés.