Una invitación a Cristina Peri Rossi

La escritora, Premio Cervantes 2021, inauguró una lengua tan moderna como incisiva que permitía hablar de las mujeres que anhelaban mujeres como la compañía más grata, sin sucedáneos ni cortapisas.
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Dicen las malas lenguas que bajo la trama de El mismo mar de todos los verano, subyace un triángulo amoroso del que Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941) bien pudiese haber tomado parte. Aquella novelita revolucionaria de Esther Tusquets para 1978 recogía con los mismos niveles de pasión y desidia una historia de amor entre una mujer casada perteneciente a la más alta burguesía catalana y una joven estudiante colombiana. De forma paralela a aquel relato, cuya lectura embrutece con deleite (el calor de los cuerpos imbuidos en la luz de la Costa Brava, el mar, las ramblas…), encontramos un marido ausente y sus amantes, un chiste sobre estas, el Liceu de Barcelona, un coche lujoso, dinero, mucho dinero, clases en la universidad y bienes inmuebles que palidecen al compararlos con lo fastuoso de dos cuerpos pendientes únicamente de sí mismos.

Peri Rossi, que reside en España desde 1972, irrumpió en la literatura peninsular no solo desde lo biográfico, sino también desde lo que tenía que ver con el deseo, casi en exclusiva. Fruto de aquella maniobra de aterrizaje, inauguró una lengua tan moderna como incisiva que permitía hablar de las mujeres que anhelaban mujeres como la compañía más grata, sin sucedáneos ni cortapisas. Además, lo hacía en ausencia de un marco político común entre les dones de las dos orillas. Más allá del mismo hablar compartido, su escritura permitió a otras grafías, como la de Marta Pesarrodona o, más tardíamente, la de María Mercè Marçal o Concha García, acceder a los caminos sinuosos de las retóricas del frenesí amoroso y de la inscripción, desde un idioma apasionado, en las verdaderas políticas del paisaje: las entrañas. Recordemos: “Me tiene así prendida / murmurándome cosas antiguas / cosas que he olvidado / cosas que no existieron nunca / pero ahora, al pronunciarlas, / son un hecho / y hablándome me lleva hasta la cama / adonde yo no quisiera ir / por la dulzura de la palabra ven.” Este poema titulado “Invitación” forma parte de un proyecto poético amplísimo, orgánico y pegajoso dulzor que se extiende hasta nuestros días, y que aúna un conjunto nutrido de poemarios (La noche y su artificio, de 2014 o Playstation, de 2009), novelas (El museo de los esfuerzos inútiles, 1968), narraciones breves (Habitaciones privadas o Los amores equivocados, ambos volúmenes de relatos publicados en la editorial Menoscuarto), así como escritos de corte abiertamente biográfico (más biográfico, quiero decir) como puede ser el texto que da cuerpo a La insumisa.

Resulta curioso, es verdad, que su literatura posea más afinidades electivas, por expresarlo de algún modo, con la geografía que describe el conjunto de escritoras catalanas para los años setenta y ochenta en España. No obstante, es aquel clima y no otro el que acoge a nuestra escritora uruguaya; el de un feminismo múltiple y deslavazado que aún habría de encontrar una voz propia para las mujeres que no veían la dichosa luz al final de un camino llamado postguerra española que, ¡ay!, no se acababa nunca. Mujeres que, sin embargo, encontrarían aquello que invoca Peri Rossi en ese poema al que nos referíamos, la palabra: “Una mujer me baila en los oídos / palabras de la infancia / yo la escucho / mansamente la miro / la estoy mirando ceremoniosamente / y si ella dice humo / si dice pez que cogimos con la mano, / si ella dice mi padre y mi madre y mis hermanos / siento resbalar desde lo antiguo / una cosa indefinible.” Cristina Peri Rossi que, según han relatado varios medios, ha recibido el galardón entre algunas complicaciones médicas de tipo respiratorio, ha rechazado abiertamente una hipotética maniobra de reanimación de un tipo grandote, si se diese el caso. Un premio, el Cervantes de literatura, que ha sido igualmente otorgado tan solo a cinco mujeres antes, tres de ellas poetas, y que hoy, un conjunto nutrido de lectores y lectoras recibimos con el mismo entusiasmo que exhibía Maruja Torres y su “Jo també soc adúltera” dedicado a la cámara de Pilar Aymerich en noviembre de 1977, junto a Montserrat Roig en una manifestación en Barcelona; una marcha en la que, con toda probabilidad, se encontrase, quiero creer tal vez, Cristina Peri Rossi.