Foto: Philippe Matsas / Cortesía editorial Planeta

“El rey Juan Carlos sabe que al final se le reconocerá”. Entrevista a Laurence Debray

La escritora francesa habla sobre su colaboración con el rey emérito de España en la escritura de “Reconciliación”, su libro de memorias.
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En colaboración con Laurence Debray, el rey emérito Juan Carlos I escribió Reconciliación. Memorias (Planeta, 2025), un recorrido desde su nacimiento en el exilio en Roma hasta su exilio autoimpuesto en Abu Dabi, a causa de las controversias derivadas de su vida privada y de sus finanzas.

En el libro, que ha sido traducido a varios idiomas, el artífice de la transición a la democracia española aborda con templanza sus “fracasos” y sus “satisfacciones”, se resiste a que le sea “robada su historia”, aspira a que “todo el mundo lo comprenda mejor”, y a “subsanar los malentendidos”. Espera, así, volver a encontrar su lugar en su país y ser enterrado con honores: “España decidirá, la historia nos juzgará”. 

Laurence Debray presentó el libro en la Ciudad de México, lo que fue la ocasión para entrevistarla.

Usted conoce a detalle al rey Juan Carlos, las vicisitudes de su infancia, el difícil proceso que encabezó para que España pasara de la dictadura a la democracia, su exilio autoimpuesto de la actualidad. En varios aspectos, no ha sido una vida fácil. 

La vida de un rey no es fácil porque no tienes libertad. No eres dueño de tu destino. El rey Juan Carlos dio la libertad a los españoles, pero no la disfruta. En realidad, es en el velero donde se siente libre. Le gusta la competición: ha ganado cuatro veces el mundial de vela y dos veces el campeonato de Europa. En su velero [El Bribón] es libre, está solo en el mar, la gente no lo vigila.

Llama la atención, al respecto de la libertad, que el rey de la transición a la democracia, que a su vez dio origen a una apertura cultural y social conocida como “el destape”, donde comenzaron a ejercerse libertades individuales sin restricciones, sea juzgado por esa sociedad de manera tan conservadora a causa de sus aventuras amorosas.

No conozco a fondo la sociedad española, pero en efecto, el rey Juan Carlos es el rey de la movida española y al final esa sociedad española le reprocha que haya llevado una vida privada muy liberal. A lo mejor ese estilo de vida lo hereda de su lado francés, dado que es descendiente directo de Luis XIV por el lado de su padre y de los Orleans del lado de su madre. Es probable que también esté presente el peso de la iglesia española. A mí, como francesa, España siempre me sorprende.

En Francia, el hecho de que un jefe de Estado tenga amantes es un asunto tan banal que cuando no las tiene hasta nos preocupamos, como nos sucede con Emmanuel Macron. Para nosotros hay una gran diferencia entre la vida pública y la vida privada, mientras en España, al rey el pueblo le exige lo imposible: que sea irreprochable y ejemplar tanto en su vida pública como en su vida privada, lo cual se dificulta aún más con las redes sociales, a través de las cuales se busca saber minuto a minuto lo que sucede y se exige transparencia total. Eso, en la realidad, no existe.

¿Por qué en el libro no se mencionan por su nombre a las mujeres con las que el rey Juan Carlos tuvo algún vínculo extramarital?

Porque no son conocidas, nadie las conoce. Yo he escrito un libro para la historia, un libro que perdure, que se pueda leer dentro de varias generaciones. Entonces, para un francés, el nombre de fulanita que tuvo una relación con el señor, no le importa mucho. No son personas que entrarán en la historia.

Entre ellas está la cantautora italiana Raffaella Carrá y la actriz y cantante española Sara Montiel.

Muchas de esas historias son falsas. En España tienen mucha imaginación. No hemos

escrito este libro sólo para un público hispanoamericano. Salió en francés, español y

portugués, para abril saldrá en árabe y va a salir también en inglés.

El rey hace una defensa de la monarquía como forma de gobierno. En la actualidad, tal vez sea el único que pueda decir que fue capaz de contemporanizar a España.

El rey es un caso excepcional. La monarquía sigue siendo importante en España, pues sin ella no habría unidad de país ni garantía de democracia ni de instituciones democráticas.

No obstante, tiene una estrecha amistad con el jeque Mohamed bin Zayed Al Nahyan, de los Emiratos Árabes Unidos, donde no necesariamente puede hablarse de instituciones democráticas.

En los Emiratos Árabes Unidos está construyéndose un país nuevo y con una perspectiva a largo plazo. Naturalmente no hay opinión pública, el jeque es una persona casi sagrada y una familia entera ocupa todos los puestos de gobierno, pero tiene una visión a largo plazo. Eso es propio de los reyes que no tienen los políticos: su visión es de varias generaciones [y no depende] de los sondeos de mañana o de las elecciones de pasado mañana. Eso fue lo que llamó mi atención. Yo pude percibir a los políticos franceses a través de mis padres, preocupados de esos sondeos y esas elecciones. Un rey tiene esa tranquilidad. El rey Juan Carlos lee la prensa que está en su contra, pero que sabe que al final se le reconocerá.

¿Qué futuro encuentra entonces en las monarquías?

Eso depende de las regiones y en realidad no soy especialista. Soy heredera de la Revolución Francesa y más bien le hemos cortado la cabeza a un rey.  Me parece que hoy en día, donde las sociedades son individualistas, las monarquías tienen la capacidad de agrupar a un país. Lo vimos cuando murió la reina de Inglaterra: un país entero que estaba en duelo. Las monarquías tienen esa fuerza simbólica de cohesión.

Además de los romances extramaritales de Juan Carlos I, causó mucho revuelo el donativo de 65 millones de euros que recibió del rey de Arabia Saudita, que acabó en la Fundación Lucum, y que no declaró. No es convincente que el rey afirme en su defensa que no consideraba necesario hacerlo.

Yo creo que el rey no se dio cuenta pues [por su condición de monarca] no es la clase de persona que maneje directamente sus cuentas ni que haga sus compras en el supermercado. El rey reconoce que sus consejeros fueron mal intencionados y abusaron de su confianza.

¿Partimos de la base entonces que no se dio cuenta?

La vida cotidiana del rey la arreglan otros.

Juan Carlos I fue cuestionado asimismo por irse en 2012 de cacería de elefantes en Botsuana.

Fue un fin de semana, donde se rompió la cadera.

¿A partir de ese momento comienza a mermar su salud?

No podría decir un año con exactitud, pero en efecto, fueron haciéndole operaciones, comenzó a tener dificultades para caminar pues le cambiaron la rodilla, le cambiaron la cadera. El rey Juan Carlos siempre me ha dicho que su abdicación no fue solo por los escándalos sino también porque ya no podía estar de pie, porque ya no podía moverse. Le habían prometido que volvería a correr y al final no podía ni levantarse. Yo le dije que no confiaba en sus médicos porque en verdad lo trataron muy mal.

El título, Reconciliación, me despierta interrogantes. El libro me parece más bien una apología.

Es un hecho que el rey reconcilió a los españoles durante la transición democrática. Ese es el origen del título y de la palabra que podía sintetizar su reinado.

¿Cuál es la valoración que hace usted de modo en que el libro fue recibido en España?

Al principio, la prensa fue muy crítica, pero no por el libro –que no lo habían leído– sino por el hecho de que se haya escrito un libro. No por el contenido, sino por el hecho de que existiera. Luego se vendió el libro, ventas históricas que han alcanzado a la fecha las seis ediciones, comenzaron a leerlo, y empezaron a valorarlo más.

Es el tercer libro que escribe sobre el rey. ¿A qué se debe? Usted llegó a tener un poster de Juan Carlos I en su habitación.

Mi padre había puesto en la casa un poster de Francois Mitterrand, con quien trabajaba, y a mí Mitterrand me caía muy mal. Luego de que volví de un viaje a España fue que puse el poster del rey Juan Carlos y uno más de las Meninas de Velázquez. El primer libro, Juan Carlos de España (2014) surgió de una tesis de historia dedicada a su papel en la transición, que es única en el mundo. En el segundo, Mi rey caído (2022), dejo atrás los archivos y los eventos históricos y me concentro más en dar mi propia opinión sobre su exilio. Ahora, Reconciliación. Memorias. Ese ha sido el camino.

Al ponerse las cosas sobre la balanza, ¿no hay una suerte de linchamiento al rey Juan Carlos?

Hay que diferenciar la opinión de los españoles de la del resto del mundo. Cuando Juan Carlos llega a París, Emmanuel Macron lo recibe con todos los honores de un jefe de Estado, o cuando viaja a Inglaterra, donde recibe muchas muestras de aprecio. En España, muchos lo habían santificado y se han sentido decepcionados. Más que un linchamiento, es un intento por apartarlo de la vida oficial. No fue invitado, por el ejemplo, al 50 aniversario de la democracia, cuando él fue el padre de la democracia. Tal como lo dice el rey: un bautizo sin niño. Mi teoría acerca de lo que sucede es que el rey Juan Carlos se fue para dejar tranquilo a su hijo Felipe II y a la Corona española, pero convirtiéndose en el ausente omnipresente. Al final, en España, siempre se habla de él.

Hay sectores que buscan restarle mérito y plantean que la transición iba a darse de cualquier manera.

Ese es el gobierno oportunista español, que busca reinterpretar a su conveniencia la historia. Es una tendencia de los políticos en la actualidad. La próxima generación lo revalorará. ~


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