Mireya Hernández en busca de lo invisible

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Historias de vencidos. Modos de caer (Newcastle ediciones, 2021) reúne un buen número de episodios, que recorren la historia de la humanidad, que cuentan un pequeño o gran fracaso; a veces, la caída es literal, como en varios sucesos en los que los protagonistas se estrellan. Otras, la caída es un plan que no sale, y otras, incluso, ni siquiera hay caída. Modos de caer es el segundo libro de Mireya Hernández (Madrid, 1981), después de Meteoro (Caballo de Troya, 2015), una novela sobre una pareja que se trasladaba a un pueblo donde todo, también ellos, era mucho más hostil de lo que esperaban. En una entrevista para Las librerías recomiendan, Mireya Hernández –ahora haciendo en el Máster de Escritura Creativa en Español de la Universidad de Iowa– explica Modos de caer así: “Muchos personajes de este libro intentan algo que está fuera de su alcance, o caen después de ganar, o son motivo de risa por lo que tienen de diferente, de poco común. Hay otros que saltan todos los obstáculos que les ponen por delante no para impresionar a nadie, ni para hacerse con ningún trofeo, ni porque han tenido cuatro sesiones con un coach, sino porque es su única manera de sobrevivir”. En la cuarta de cubierta del libro se dice que “los breves episodios” reunidos “podrían contar acaso la historia de los vencidos”.

Zorros helados, curas que vuelan con globos de helio y bigotudos que sueñan con ser Batman son algunos de los episodios que se cuentan aquí. El zorro helado aparece en 2017, en Baden-Württemberg: “Por la posición de sus patas, debió de congelarse en plena carrera y ahora flotaba en un cubo transparente sobre el Danubio, con la cabeza fija en el suelo que se resquebraja bajo su peso.” En 2008 Adelir de Carli, que antes de ordenarse sacerdote lo intentó en la política con el eslogan “Vote al seminarista Adelir”, “se puso un traje blanco de astronauta con la palabra ‘sol’ escrita sobre la frente, se sentó en una silla de plástico atada a un racimo de globos y despegó”. Poco antes había empezado a llover, pero eso no detuvo a De Carli. Franz Reichelt era sastre (y tenía un bigote de morsa –“supongo que esto no es importante a la hora de contar su historia, pero es difícil hablar de él sin aludir a su mostacho”–) y soñaba con volar. Inspirado en los dibujos de Da Vinci “ideó un traje de vuelo con varillas, dosel de seda y revestimiento de caucho”. Intentó volar saltando desde la Torre Eiffel el 4 de febrero de 1912. También hay historias que suceden en Soria y Logroño; me gusta especialmente el episodio que recorre 1896, que se abre con la batalla de bolas de nieve en Lyon que filma Louis Lumière y se cierra con el estreno de Ubú Rey en París, que debió de ser un éxito, porque “Alfred Jarry sale a la calle armado con un revólver y dispara tres veces al aire, algo que solo hace cuando está muy contento”. Me enternece la historia de un soldado egipcio del siglo III que escribía cartas a su familia reprochándole que no le respondiera. La carta se encontró en 1899 y no se sabe si la carta llegó a su destino. Cuenta la historia de Dick Fosbury, que cambió el salto de altura al acometer el obstáculo de espaldas. El último de los episodios cuenta la historia de Yuri Gagarin.

La tentación del fracaso. Mientras leía este libro me vino a la cabeza el título de los diarios de Julio Ramón Ribeyro, donde en una entrada de 1954 registró: “Todo diario íntimo es un síntoma de debilidad de carácter, debilidad en la que nace y a la que a su vez fortifica. El diario se convierte así en el derivativo de una serie de frustraciones, que por el solo hecho de ser registradas parecen adquirir un signo positivo”. Modos de caer no es un diario, reúne episodios que recorren el mundo y la historia que constituyen una especie de reivindicación del fracaso, o al menos de manifiesto anti-éxito. Hay algunas citas dispersas por el libro a modo de separadores, me fijo en la de Banchot: “Sea cual sea su apariencia, lo cotidiano tiene como rasgo esencial el no dejarse atrapar. Escapa. Pertenece a la insignificancia, y la insignificancia no tiene verdad, ni realidad, ni secreto, pero puede que sea también el lugar de toda posible significación.” En la entrevista para Las librerías recomiendan, Hernández cita un texto de Jonas Mekas –que casualmente esta semana he escuchado leído por la escritora y cineasta Mercedes Halfon–: “En tiempos en los que todos desean triunfar y vender, quiero celebrar a quienes aceptan el fracaso social y cotidiano en búsqueda de lo invisible, de aquellas cosas personales que no aportan dinero ni comida, que no se vuelven parte de la historia contemporánea, ni de la historia del arte o de ninguna otra historia. Estoy a favor del arte que hacemos para todos nosotros en señal de amistad.”

 

Modos de caer

Mireya Hernández

Newcastle Ediciones, 2021, 142 pp.