Tres voces, de Juan García Ponce

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Primero leer, después vivir
Juan García Ponce: Tres voces: Ensayos sobre Thomas Mann, Heimito von Doderer y Robert Musil, Editorial Aldus, México, 2000, 371 pp.I.
     A Juan García Ponce lo conocí por su voz. Todas las semanas por las ondas de Radio Universidad hablaba, decía, narraba y hacía suyas las grandes obras y figuras de la literatura moderna: Kafka, Thomas Mann, Robert Musil desfilaron por aquellas páginas acústicas de las que, por supuesto, no estaba ausente cierta musicalidad, cierta cadencia rítmica avanzando en espiral, desarrollándose en una serie de radios concéntricos, como si la voz fuese la piedra en el agua y la superficie del agua rizada por la piedra, por ese canto —piedra y canción— en incesante movimiento. Me resulta imposible calcular, estimar en toda su magnitud el efecto que esos ejercicios de vocalización crítica tuvieron primero sobre el joven y eladolescente y luego sobre la mente sin sosiego del adulto ya distante de la juventud, aunque no, muy probablemente, de la inmadurez. Aquella crítica en voz alta fue definitiva en mi formación y en la de muchos otros, y no creo haber sido el único que leyó primero o al menos paralelamente a Thomas Mann y a Robert Musil (confieso que a Heimito von Doderer aún no he podido leerlo)gracias a Juan García Ponce. Luegoproseguí esa lectura en su compañía, cultivada en clases y seminarios en la Facultad de Filosofía y Letras, donde la de él era una de las pocas clases que valían la pena y a las que asistíamos un grupo compacto de fieles para quienes sus exposiciones eran una fiesta del espíritu que se prolongaba en las lecturas encomendadas durante la semana. La reedición en un solo libro de estas Tres voces: Ensayos sobre Thomas Mann, Robert Musil, Heimito von Doderer resulta un acierto por parte de la Editorial Aldus, ya que permitirá que estos ensayos axiales continúen su trabajo en el mundo entre nuevos lectores, pues habían sido publicados hace años y se encontraban fuera de circulación hasta el punto de transformarse en libros legendarios. Al releerlos ahora, revivo una experiencia que tuve y he tenidosiempre con las consideraciones y desconsideraciones críticas debidas a Juan García Ponce: me refiero a la sensación de que la palabra de Juan García Ponce da cuerpo a una voz que mira, a un aliento que es pura contemplación. Pero este carácter eminentemente visual es una condición ante todo inteligible, intelectual y aun moral. Y si esa voz semanifiesta como un instrumento del juego estético, no es menos cierto que ese juego, ese placer discursivo que lleva al crítico a hablar de lo que le gusta y acompartir la animación del viaje, se ha puesto como regla de conducta crítica una cercanía y una intimidad con las obras interrogadas que presupone una suerte de traducción, una paráfrasis que le permite al escritor no sólo hablar sobre las obras sino desde ellas y asumir un paralelo entre el fuero creador y el escenario crítico.
     La instauración de este espacio literario —para evocar a Maurice Blanchot, escritor con el que Juan García Ponce tiene no poco en común— está preñada de consecuencias y de sentido. Y si el espacio de la literatura y del fluir narrativo es un ámbito similar al sueño, un territorio onírico donde el mundo queda puesto entre paréntesis y el lector se encuentra ante el cristal que es espejo del artista-autor, ¿qué pensar de ese espacio literario, ese jardín vigilante de la crítica donde se da un puente mental entre el orden híbrido de la creación artística y el desorden de la historia profana en cuyo relato nos desenvolvemos como en el interior de un espejo enigmático? Resulta evidente que si por un lado la suerte de esas obras —en nuestra lengua y en cualquier otra, pero particularmente en nuestro país y en nuestro medio— es ya indisociable de los ensayos que él les dedica (resulta casi imposible la lectura de Robert Musil sin referirse a la lección de Juan García Ponce —quien fue por cierto uno de los primeros en escribir sobre este escritor en nuestra lengua—), del otro se da una saludable y necesaria contaminación, y veremos que las novelas y obras de Mann, Von Doderer y Musil alimentan y sostienen la obra novelística y narrativa del propio García Ponce. No se escribe impunemente un libro de crítica sobre un autor que se admira, no se reescribe en modo crítico una obra admirada sin que esa mirada afecte la propia escritura.
     Un riguroso y obstinado juego de vasos comunicantes se establece así, digamos, entre El hombre sin cualidadesy Crónica de la intervención, entre El libro y Tonio Kröger, y no es quizá nada más una coincidencia, un azar impensado que Uniones sea el título tanto de un librode Juan García Ponce como de otro de Robert Musil.
     Esta simpatía radical se encuentra discretamente soslayada, y el lector sólo aprecia desde su butaca mental un armónico y luminoso baile de palabras que van reescribiendo y restaurando las obras comentadas —esa es la palabra exacta—, es decir: dichas simultáneamente a ellas, dichas con ellas y por así decir a coro. Los sabios desdoblamientos, las diestras réplicas, los acompañamientos inteligentes del ensayista son útiles y tienen sentido no sólo en cuanto que explican didácticamente las obras y trazan en miniatura su arquitectura intelectual y moral, ética y estética, sino, más allá, porque en virtud de la simpatía radical que mueve al ensayista a tomar posesión del ser de las obras mediante su escritura, esos ensayos le permiten al lector entrar en contacto —y por así decir sin ningún intermediario: García Ponce es un invisible crítico profesional, una presencia tan cristalina y transparente como impersonal—, tomar posesión desde dentro de la intimidad y la soledad de las obras: comprenderlas con toda nitidez y en cierto modo participar de la aventura artística que les va dando forma y figura.
     Mann, Musil, Von Doderer, tres clásicos modernos cuya modernidad deriva de su amplitud y rigor críticos, y cuyo clasicismo proviene de la elegancia y sencillez con que merodean y hacen aparecer lo esencial: la vida de la conciencia, la pasión del espíritu, la vocación trágica del artista, la trágica comedia de errores que lleva a los hombres a renunciar a la intemperie y a lo sagrado que los sustenta.
     Tres voces —las de Mann, Musil, Von Doderer— asociadas por otra que las enuncia y disimula y sabe acogerse a su eco, desdoblarse en él para hacerlas másnuestras y más próximas. Esta tarea desalvación espiritual y de curación por la contemplación sólo la puede realizar un espíritu saludable, un espíritu capaz de afirmar una vocación que ha sabido ponerse en suspenso para abrirse a esa resonancia creadora, a ese juego llamado literatura y que aquí encarnan las obras de Mann, Musil, Von Doderer leídas por Juan García Ponce.
      
     II.
     Primero escribir, después vivir (Primum scribere, dende vivere) es una sentencia que el lector que escribe, mejor conocido como ensayista o crítico literario, vive al revés: primero leer, después vivir. "En el principio era el Verbo" puede entenderse como todo nace de lo leído y lo oído. En ese sentido, la crítica literaria más noble y vigorosa —como la que practica Juan García Ponce— no se cumple en modo alguno como un momento secundario. Aspira a prolongar el placer originario de la lectura y un libro de ensayos como Tres voces puede leerse como un cuaderno de retorno al país natal o, mejor, a los países natales, pues cada nueva lectura es un nuevo nacimiento. Dice Juan García Ponce contundentemente: "…lo que hace posible estas líneas es la voluntad de escribir presidida por la voluntad de leer. Las dos cosas pueden ser un gozo o untormento". (p. 139) La escritura misma, la creación misma puede verse como una lectura de la realidad. Por eso puede decir Juan García Ponce que "toda buena novela es una crónica". Los tres ensayosreunidos en Tres voces son muy distintos, tanto como sus protagonistas lo son entre sí. Sin duda, el más extenso y complejo es el dedicado a Robert Musil y publicado en forma de libro en Montevideo, en 1967, por la desaparecida Editorial Arca. Los otros dos también fueron publicados en forma de libro y ofrecen cada uno a su manera diversas posibilidades de lectura. Dime cómo lees y te diré quién eres.
     Juan García Ponce sabe que la lectura es una interpretación en el sentidomusical de la palabra, una variedad de la repetición, como ironiza el bicéfalo Bustos Domecq. Refraseo, re-escritura, representación de la representación, parodia, paráfrasis, cuento vuelto a contar: hay en ese oficio de leer en público un imperativo de lealtad y fidelidad que hace de los ensayos un ejercicio dedesdoblamiento de esa realidad ya desdoblada y que es la literatura que viene a instalarse con toda naturalidad y autoridad en esta, tan transitoria, realidad. A este lector del lector que es Juan García Ponce no le parece en modo algunoinsignificante que uno de los escritores mexicanos e hispanoamericanos más importantes del siglo XX haya elegido o haya sido elegido por las obras precisamente de estos escritores de lenguaalemana. Esa elección me hace preguntame: ¿existe alguna correspondencia entre la historia y la cultura alemana yaustriaca del siglo XX y la circunstancia mexicana? ¿Por qué Alemania y el imprio austrohúngaro ejercen sobre el escritormexicano ese poder de atracción? ¿Existirán vasos comunicantes —ocultos y no tan ocultos— entre nuestros días sin dueño, entre esta época mexicana donde conviven estilos de vida que parecen más próximos a morir y formas sociales que todavía no encuentran su forma del todo? ¿Será que nuestro país frontera vive también una edad fronteriza de alguna forma afín a la época —infierno y limbo— que a estos escritores les tocó vivir? Y si así fuera ¿importa? Si en el principio es la lectura, si antes que vivir está leer, ¿la pregunta que nos debemos hacer es si estos ensayos nos devuelven o no al país encantado de la literatura, nos hacen o no leer más y mejor a Mann, Musil y Von Doderer? La respuesta es un contundente: . Y laafirmación sostenida por estas réplicas resulta un signo cumplido de esperanza: de la misma manera que en medio de la zozobra política y financiera, de la guerra y la devastación fueron posibles Dr. Faustus, El hombre sin cualidades y Losdemonios, de esa misma manera ha sido posible en el país frontera que vive una edad fronteriza y crítica, en el continente llamado México, el ejercicio y la memoria de la literatura. Juan García Ponce no está solo en este sentido; es la golondrina que anuncia un verano conformado por Salvador Elizondo, Sergio Pitol, José María Pérez Gay, Jorge Volpi, Javier García Galiano, Juan Villoro, Pablo Soler Frost, entre otros. Tres voces es un libro que reúne tres libros que resumen y comentan numerosos libros escritos por tres autores a lo largo de miles de páginas que han sido leídas por un autor a lo largo de estas y de muchas otras innumerables páginas de su propia creación que las recuerdan y recrean.
     "Hondo es el pozo del pasado" —dice Mann en la primera línea de José y sushermanos. Hondo es también el pozo del presente porvenir, podemos exclamar luego de la lectura de este libro que es una —literalmente— bomba de tiempo, una experiencia oceánica de lectura contenida entre las aparentemente inofensivas 371 páginas de este libro de libros, maravilloso y perdurable.
      
     Algunas citas:
      
     La cultura es un bien común hecho posible por aquellos que le dan vida sinpensar en las consecuencias… (p. 10)
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     Y es precisamente en esa capacidad de duda en la que tenemos que encontrar la verdad de Thomas Mann y el secreto de su continuidad como un alto representante del valor de la figura del artista,porque en esa duda y en esa necesidad de seguir adelante, sin embargo, a través de ella más allá de ella, se halla la lucha del creador con sus propios medios expresivos, la lucha en este caso con el lenguaje y el significado de su tarea sin fin… (p. 23)
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     Lo que mina en verdad su voluntad de vivir es entonces el conocimiento y este conocimiento no consiste más que en la toma de conciencia de que vivimos para la muerte… (p. 27)
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     Y entregarse al arte es negar la vida y entregarse a la muerte, es volverse al lenguaje que es el origen, que es la verdad y el auténtico fundamento del arte y que, como la muerte también, está antes y después de todo. (p. 31)
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     …es una obra de arte en la que el artereconoce su propia culpa, muestra la necesidad de su falta y al colocarse más allá de ella, al superarla gracias a su propia acción, abre el camino a una nueva posibilidad. (p. 58)
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     …su solitaria grandeza y su espantosa soledad, en lucha continua con sus sentimientos naturales, que conforme se acerca el vencimiento del plazo que le ha dado el pacto sellado con la aceptación de enfermedad… (p. 63)
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     Pero toda buena crónica es una novela y toda buena novela una crónica. Cronista y novelista están comprometidos con una sola realidad que en este caso es la de Austria con sus avatares públicos y privados, una vez que ha dejado de ser el Imperio Austrohúngaro. De éstos hemos sido testigos hasta ahora y de éstosseremos testigos en el futuro que marca la culminación de la novela con unatípica vuelta hacia el pasado que forma la historia de "Nuestro grupo". (p. 110) –