Una mujer de palabra

Hasta que empieza a brillar

Andrés Neuman

Alfaguara

Madrid, 2025, 296 pp.

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Hay exclusiones creadoras. Cuando se excluye a alguien se trata de dejarlo fuera. Pero suele suceder que el excluido se crece ante el rechazo y logra superar a los que lo excluyeron. Ese fue el caso de María Moliner, lexicógrafa ilustre cuya vida noveló Andrés Neuman en Hasta que empieza a brillar

El libro de Neuman cuenta cuatro veces, en diferentes capítulos a lo largo de su libro, la visita que hace Dámaso Alonso a María Moliner para comunicarle que la Real Academia Española ha rechazado su ingreso a la academia, sin decirlo así, por ser mujer. Herida por el rechazo, Moliner decide emprender por su cuenta un diccionario que supere el académico, desfasado en sus definiciones. 

Se pondera positivamente el hecho de que María Moliner haya emprendido en solitario la hazaña de redactar su célebre Diccionario del uso del español. No ha sido la única. Sebastián de Covarrubias, refiere Gabriel Zaid, “un aficionado a las palabras y sus extravíos, empezó a escribir el Tesoro de la lengua castellana o española a la edad en que muchos se dan por jubilados (66), y lo terminó en seis años, en 1611” (G. Zaid, Mil palabras). También en solitario escribieron sus diccionarios Joan Corominas (Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico), Rufino José Cuervo (Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana) y Guido Gómez de Silva (Breve diccionario etimológico de la lengua española). En inglés sobresalen Samuel Johnson (A dictionary of the English language) y Noah Webster (American dictionary of the English language). 

El caso de María Moliner destaca, por supuesto, por ser mujer. Investigar, preparar miles de fichas, redactar, organizar, fueron tareas que tuvo que realizar a la par de sus labores de esposa y madre. Tuvo que abrirse paso en el cerrado ambiente masculino. Le dice el personaje que representa a Dámaso Alonso: “Nunca hemos prohibido la entrada a mujeres”, refiriéndose a la Academia. A lo que contesta Moliner: “Claro que no, solo se ha fomentado el ingreso de los hombres”. Neuman va más allá, encuentra que el Diccionario de Moliner tiene un peso semántico femenino, y que por eso las mujeres lo buscan y lo encuentran atractivo. “Más allá de las diferencias, las mujeres se reencontraban en el acto de ver a otra mujer nombrando la realidad (…) quizá era una forma de recuperar, palabra por palabra, todo el lenguaje que les habían quitado”. 

El lenguaje es de todos, mujeres y hombres. El lenguaje nos sirve para amar y apoyarnos pero también sirve para dominar, discriminar, herir. Vivimos tiempos de corrección política. Se vigila el lenguaje, se sanciona socialmente. Hay palabras prohibidas, hay censores, abundan los eufemismos. Este periodo de corrección y victimismo durará lo que tenga que durar y luego vendrá la reacción, la rebelión contra la censura moralista en las costumbres y el lenguaje. No es una profecía sino la constatación de que a cada época le sigue la opuesta, que la sociedad parece respirar por ciclos, que lo que ahora está arriba estará luego abajo, que al periodo censor le seguirá uno de rebelión contra la excesiva corrección.

Hasta que empieza a brillar es el retrato de una época: el gobierno de Primo de Rivera, la Residencia de Estudiantes, la República, la Guerra Civil, la derrota, la larguísima dictadura de Franco. Y al mismo tiempo el retrato de una vida: la madre enferma y el padre ausente, los esforzados estudios, la creación de la red de bibliotecas, el matrimonio, la inmersión en el mundo de las palabras, la crianza de los hijos, su empeño absoluto en la empresa de escribir un diccionario de autora: “Anhelaba inventar el diccionario que le hubiera hecho falta, ese que le habría encantado consultar como estudiante, investigadora, bibliotecaria, madre”.

María Moliner fue una mujer excepcional. Se sobrepuso a los límites de su tiempo. Transformó la exclusión de que fue objeto en una oportunidad creativa. Formó parte de una generación de mujeres brillantes y valientes, como Rosa Chacel, María Teresa León, Josefina de la Torre, María Zambrano, Ernestina de Champourcín, Concha Méndez. Fue una bibliotecaria extraordinaria. Pero sobre todo se distingue por su amor y dedicación a la lengua española. Por el vínculo que creó entre ética y precisión verbal. Andrés Neuman la retrata con justeza. No la idealiza. Mujer de ambiciones y fobias, María Moliner fue también mujer de disciplina y esperanza. Una mujer de palabra. ~


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