Foto: Smokeonthewater, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons

Gioconda Belli, la literatura como patria

El Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2026 distingue a una poeta, narradora y ensayista que en su obra ha explorado el deseo, la ética, la política y la libertad.
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Gioconda Belli (Managua, 1948) ha ganado el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2026. Según el jurado, “su obra, caracterizada por una expresión directa y cotidiana, ha revitalizado la poesía del cuerpo, el deseo y el goce femenino. Su poesía aúna la dimensión sensorial y la conciencia política, haciendo converger lo íntimo y lo colectivo, el erotismo y la historia”.

La poeta, narradora y ensayista nicaragüense ha tenido una trayectoria brillante, premiada y consistente. Desde su debut poético con Sobre la grama (1972), propuso una audaz poetización del cuerpo de la mujer, en sus dimensiones eróticas, maternales y corporales. Cuenta en sus memorias (El país bajo mi piel, 2002) que su esposo de ese entonces intentó censurar su escritura en nombre del honor familiar, pero el poeta José Coronel Urtecho escribió en el prólogo del texto una frase brillante: “La mujer que se revela, se rebela”. Línea de fuego (1978), galardonado con el otrora prestigioso Premio Casa de las Américas, profundizó en este camino, con el aditamento de un verbo que transmutó la política en un afecto radical:

¿Qué sos Nicaragua?

[…]

¿Qué sos
sino dolor y polvo y gritos en la tarde,
—“gritos de mujeres, como de partos”—

¿Qué sos
sino puño crispado y bala en boca?

¿Qué sos, Nicaragua
para dolerme tanto?

Su primera novela, La mujer habitada (1988), explora la conexión entre la política y una ética insobornable que se remonta a los ancestros indígenas como resistencia al colonialismo, capaz de liberar paralelamente la potencia del erotismo y la libertad personal. Por otra parte, la obra narrativa de Belli tiene sin duda un registro utópico presente en Waslala (1996) y El infinito en la palma de la mano (2008, ganador de los premios Biblioteca Breve y Sor Juana Inés de la Cruz), texto que reelabora los mitos bíblicos del Génesis desde la perspectiva de Eva, emblema de la curiosidad por el saber. En El país de las mujeres, la ciudad inventada de Faguas se erige en un laboratorio donde gobierna el Partido de la Izquierda Erótica, muy distinto al Frente Sandinista de Liberación Nacional en el que militó Belli en su juventud y que la terminó desterrando de su país.

Las novelas de Belli se centran en las mujeres como sujetos históricos problemáticos, muy activos políticamente, cuya biología se reivindica como potencia creadora, fuente de placer y de celebración de la existencia en tanto plenitud. Esta exploración de las subjetividades femeninas siempre registra la tensión con las exigencias sociales respecto a la pareja, la belleza física, la juventud y la maternidad. Luego de Sofía de los presagios (1990), El pergamino de la seducción (2005), El intenso calor de la luna (2014) y Las fiebres de la memoria (2018), Belli publica Un silencio lleno de murmullos (2024), una exploración de los dilemas entre la maternidad y el deber político de una densidad desgarradora.

El universo novelesco de Belli es brillante, con una pluma de una sabiduría sensorial insuperable y personajes femeninos que destilan sabiduría y poder, pero prefiero a la muy terrenal protagonista de El país bajo mi piel, sus memorias, escritas con una prosa exuberante pero en la que nada sobra. La historia de una joven burguesa que estudia en Estados Unidos, se casa prácticamente adolescente y tiene a su primera hija a los 18 años, toma un rumbo inesperado ligado a un impulso materno que, sin dejar de ser tradicional, insufla inesperadas apetencias en su hija. Aparte de estudiar publicidad y periodismo en una academia estadounidense, Belli entra a los 17 años a trabajar en una agencia; además, su madre le dio un consejo: “Una mujer debe ser una dama en su casa, pero no en la cama”. Su hermano le enseña que la política existe y en Nicaragua tiene una dimensión específica: la dictadura de la dinastía Somoza, que llegaría a gobernar el país por 45 años.

El amor la lleva a la pasión, a la poesía y a caer en cuenta de la pobreza de su país. Aquí comienza entonces el camino no solo hacia sus tumultuosos amores (y divorcios) sino también hacia su lugar en el gobierno de los sandinistas antes y después de la revolución en 1979. Belli confiesa su interés por las causas colectivas desde los tempranos años setenta hasta hoy, aunque su opción en pleno proceso revolucionario fue la literatura y no el poder político. Estructuradas limpiamente en dos planos temporales que combinan los años ochenta con los sesenta, setenta y noventa, estas memorias finalizan en las postrimerías del siglo XX, con la decepción de la escritora respecto al sandinismo. El prólogo a la edición actualizada (2024) registra su ostracismo, luego que el dictador Daniel Ortega y su consorte les retiraron su nacionalidad y confiscaron sus bienes, en un acto de brutalidad que solo compite en Nicaragua con la dinastía Somoza.

Belli ha sido objeto de muchas otras distinciones: Chevalier de las Artes y las Letras de Francia, miembro de la Academia Nicaragüense de la Lengua y miembro correspondiente de la Real Academia de la Lengua Española. Ganó también el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2023 y el Premio Internacional Carlos Fuentes en 2025. Ha tenido no solo galardones sino una hermosa vida en la que a pesar de sus decepciones ha transitado por este mundo como muy pocas mujeres lo hemos hecho y sigue de pie, sin arrepentirse:

Despatriada

[…]

Me fui con mis palabras a la calle.
Las abrazo, las escojo.
Soy libre,
aunque no tenga nada. ~


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