Marie-Hélène Lafon. Cien años de historia de familia

La escritora francesa, que acaba de publicar 'Historia del hijo' (Minúscula), es una virtuosa pero su virtuosismo no pesa, es ligero, parece ir siempre a favor de la historia.
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Hijo sin padre. La novela de Marie-Hélène Lafon que llega ahora a España, Historia del hijo, ganó el Renaudot de ficción en 2020. Cuenta la historia no de un hijo, sino de una familia. Son muy pocas páginas, pero la novela cubre cien años de idas y venidas, en los que suceden dos guerras mundiales, una ocupación, ascensos sociales y de vidas anónimas que se van cruzando con otras vidas anónimas formando un panal. El hijo sin padre es André Léoty, fruto de la relación entre su madre y un joven, casi adolescente la primera vez que intiman. De ese hijo no queda claro si el padre no supo o no quiso saber, sabemos que la madre biológica lo dejó al cuidado de su hermana: la tía carnal se convirtió en madre adoptiva y André en el cuarto hijo, único varón, de una familia que lo adoraba. 

Personajes secundarios. Una de las cosas curiosas de la novela es que da la sensación de que todos los personajes son en realidad secundarios: no se cuenta su historia, o no toda, sino las partes que forman parte de la historia-patchwork que se compone con fragmentos de sus vidas. Podría llamarse Historia de los hijos, porque André no es el único; su padre, Paul Lachalme lo es, también Armand, el niño de cinco años cuyo punto de vista se adopta para abrir la novela y contar su trágica historia. La razón de que Lafon junte tantos cabos es que el hilo que con ellos quiere formar los supera y los contiene. Quizá es la historia de las vidas pequeñas a lo largo de cien años en Francia, o quizá es la tensión entre París y lo demás mediada por esas vidas pequeñas. Es, en parte, la memoria sentimental de una época en la que cabe también la Ocupación y las diferentes decisiones que toman unos y otros. 

Hitos de familia. La novela no presenta una estructura lineal, está compuesta de capítulos titulados con una fecha, en la que suceden. Y cada capítulo adopta el punto de vista de un personaje. Pero como digo no es lineal: hay saltos en el tiempo y también huecos: el más significativo, de veinte años, lo que hace pensar que el último capítulo, situado en 2008, puede leerse como un epílogo que cierra con el primero (¿un prólogo?) situado en 1908.

Esos momentos que se recuperan aquí tienen que ver con hitos de la familia: el día del accidente de Armand, el día en que Paul y Gabrielle (la madre de André) se conocen, la boda de André y Juliette, donde lo importante no es tanto la boda como la información que Gabrielle revela a Juliette sobre quién es el padre de André, entierros, nacimientos o el día en que André y Juliette van de excursión a París y acuden al portal de la oficina en la que trabaja el padre desconocido de André. Sucede el 21 de abril de 1962: “La Gioconda casi los decepcionó, pero quedaron atrapados por el estrépito descomunal de Las bodas de Caná y, borrachos de colores, cuerpos, motivos, se presentaron de nuevo, a las seis y cuarto de la tarde, en el número 34 del bulevar Arago. Iba a paso decidido, casi marcial, y ya tenían el lugar casi domesticado. Primero tomaron una foto de André, rígido y plantado, ante el edificio. No salió ninguna portera. Al fondo a la derecha, una segunda puerta, pesada y reluciente, ostentaba la placa fatídica. André llamó, largamente, dos veces, tres veces. Algo pareció deslizarse al otro lado de la madera barnizada, tal vez una cortina sobre la barra, lo habrían jurado, pero no ocurrió nada, nada más. La puerta no se abriría. Se encontraron de nuevo en el bulevar en la tarde tibia y dulzona”.  

A la noria de Lafon. El estilo de Lafon es marcado, tiene algo de noria, con sus idas y venidas sintácticas, su exuberancia en la escritura nos aturde un poco y hace que nos preguntemos cómo hemos llegado hasta ahí sin darnos cuenta. Para ella la musicalidad es muy importante, por eso juega con el ritmo de las frases. Es una virtuosa pero su virtuosismo no pesa, es ligero, parece ir siempre a favor de la historia, en este caso, una de identidad y origen llena de ocultamientos que nunca llegan a desvelarse. 

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