Camila, que estás en los cielos. Camila Cañeque (Barcelona, 1984-2024) era artista, performer y escritora. Sus dos libros, que provocan el mismo efecto que abrir una ventana nada más entrar a una casa cerrada, se han publicado de manera póstuma. El primero, La última frase (La Uña Rota) era un libro-collage hecho con citas de las frases finales de libros (la referencia de a qué libro pertenecía la frase estaba al final, en un índice que se pedía no consultar hasta el final, como en el test de la golosina). Las citas, en cursiva, estaban mezcladas con reflexiones y aventurillas de la escritora. Cañeque falleció de muerte súbita poco antes de la publicación del libro, hace ahora dos años. Unos meses después, “se encontró en el ordenador de Camila Cañeque una carpeta que contenía una novela inédita, acompañada de diversos bosquejos, croquis y sucesivos borradores. La versión más reciente y completa lleva por título Anuncios”, dice la “Nota del editor” que precede a la novela, Anuncios, ya publicada en La Uña Rota. Sigue la nota: “En una nota adjunta, sin embargo, puede leerse: ‘Este texto también podría titularse Masaje o Concierto para nadie, en dos o tres actos y dos o tres intermedios. Una historia que se abre y se cierra con un masaje. El retrato de un músico que actúa para alguien que no interactúa y retransmite el show’”.
Metodología del retrato del músico de jazz. Don, músico de origen lituano residente en Nueva York, es el protagonista del monólogo involuntario que Camila recoge y retransmite y convierte en retrato, o en piezas para un retrato. Entre la “Nota del editor” y la novela en sí, una aclaración de la escritora: “Durante un año más o menos, entre 2017 y 2019, decidí no hablar en compañía de Don, el protagonista de estas páginas. Y así me mantuve, callada de forma ininterrumpida, sin decir palabra. Él no se enteró de nada. El resultado es este texto”.
Lo que Camila vio, oyó y contó. Las acotaciones (en cursiva) que aparecen entre las frases de Don (y a veces de otros personajes, escenas corales cazadas al azar) y que sirven para describir el espacio o las acciones le dan a la novela un toque teatral, un poco a lo Esperando a Godot. A la vez es antiteatral porque no hay conflicto: no pasa nada, salvo la vida y las aventuras y las conversaciones robadas. El retrato no es solo de Don, es también de Nueva York: “Todo el mundo lo sabe. Desde un niño de cinco años hasta un anciano de cien años, todo el mundo sabe que Nueva York es el centro del universo. Ok, tenemos viento, a veces nieva o llueve, esto y lo otro, estamos arruinados, estamos jodidos, hay ratas, pero todo el mundo sabe que Nueva York es el centro”. Por lo que tiene de antipostal neoyorquina y por lo que hay de dejar las preguntas del otro sin responder, al leerla pensé en News from home, la película de Chantal Akerman construida con imágenes de NY, donde ella vivía, y las cartas de su madre donde se preocupa por ella, le manda dinero, le pide que se abrigue y que le escriba más. Pero la relación entre Don y Camila es de otra naturaleza.
Experimentos. El libro viene dividido en secciones, secuencias o estampas; y aunque cubre un año, esas secciones, secuencias o estampas siempre son 0, 1 o 2. Aparecen fotos del teléfono de Camila, la pantalla llena de llamadas perdidas de Don, creo que son los “intermedios” a los que aludía Cañeque en la nota adjunta al manuscrito. También hay casi ocho páginas de “muchos”, para expresar los muchos, muchos, muchos, etc., años que hace que Don llegó a NY.
Y un homenaje. Anuncios es un libro lleno de música: de la que viene de la radio, cuando están en el apartamento de Don, donde parece que siempre está puesta, y también de la que Don lleva consigo: músicos a los que admira, con los que ha tocado, etc. Y en tercer lugar, porque la estructura del libro tiene algo musical y saltarín, casi jazzístico en la composición. Es un libro raro e hipnótico, con humor y un poco triste a veces, con cameos de Lou Reed, Andy Warhol o Jonas Mekas, a los que Don frecuentó. Y aquí mi homenaje. La última frase de Anuncios, novela póstuma de Camila Cañeque, es “El masaje continúa”.