Como es harto sabido, en su aireado prólogo de A sangre y fuego Chaves Nogales se declaró “anticomunista y antifascista en la misma medida, porque no quería renunciar a ser demócrata”. Esa manifestación pública del escritor sevillano le valió ser encuadrado en “la tercera España”. Es una ubicación que debe ser entendida correctamente y que el recientísimo libro que ahora comentamos ayuda a perfilar de forma adecuada. Manuel Chaves Nogales fue siempre defensor de la legitimidad republicana en su sentido originario. Y, si bien es cierto que en los primeros pasos de la cruenta guerra civil mostró las dos caras del horror, no lo es menos que conforme el conflicto se fue enquistando –y tras aprender en propia carne del uso torticero que la prensa fascista hizo de uno de sus relatos en aquel libro– su nervio liberal-republicano se incrementó, y fijó su atención –el contexto nacional y europeo lo exigía– en el lado legítimo de esa desigual batalla. Algo de eso se verá en estas páginas.
Chaves Nogales destacó también por sus incursiones literarias. Y su obra literaria, al margen de su magnífico libro Juan Belmonte, matador de toros que siempre estuvo presente, fue llegando al gran público con cuentagotas. Algunos ensayos y piezas (como La agonía de Francia y Los secretos de la defensa de Madrid) aparecieron incluso después de A sangre y fuego. Tras la guerra civil y la larga noche del franquismo, donde un manto de silencio se proyectó sobre su obra, las novelas y ensayos de Chaves Nogales fueron, efectivamente, irrumpiendo en el panorama literario español a partir de la década de los ochenta. Y no fue hasta inicios de la década de los noventa con la publicación en España de su compendio de relatos sobre los primeros pasos de la guerra civil española, A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires, publicado en 1937 en edición pirata por el sello Ercilla en Chile y posteriormente, en sucesivas entregas, en La Nación de Buenos Aires. Esta serie constaba de nueve relatos, ni más ni menos. Su publicación en España supuso la irrupción del escritor sevillano en la primera fila de los novelistas del período republicano, de la guerra civil y de la primera posguerra. La atención sobre su figura y su obra fue in crescendo, a lo que contribuyó también la edición de su obra periodística (al menos de parte de ella) y también de sus (mal denominadas) Obras completas bajo la cuidada y exquisita edición de Ignacio F. Garmendia. Antes vinieron las contribuciones biográficas, periodísticas y editoriales de María Isabel Cintas sobre el escritor y recientemente, en edición de Yolanda Morató, se han publicado Los Diarios de la Segunda Guerra Mundial, un conjunto de escritos del autor fechados entre 1939 y 1944. Parecía que la veta de nuevas obras del ilustre sevillano se agotaba, pero no ha sido así, y al parecer no lo será tampoco en el futuro, aunque una y otra vez se dé por cerrada la obra del sevillano. Es verdad que, como reconoce Abelardo Linares, aún queda mucho por descubrir de la obra olvidada de este autor, un aspecto sobre el que incide con reiteración en su documentado epílogo de la obra objeto de esta incompleta reseña.
II
La reciente publicación del libro de Manuel Chaves Nogales Guerra total (Episodios de la guerra civil española) por la editorial Renacimiento, con diez relatos (ocho inéditos), más de treinta años después del seísmo literario que produjo la edición en España de su gran obra A sangre y fuego, ha sido considerada por Andrés Trapiello, según recoge la contraportada del citado libro, como “el acontecimiento literario de muchos años”. Como también expone el prologuista de esta nueva obra de Chaves Nogales, Ignacio Martínez de Pisón, “si la publicación hace un cuarto de siglo de A sangre y fuego fue uno de los grandes acontecimientos literarios del momento, esta de Guerra total no le va a la zaga”. Por tanto, nos hallamos ante un auténtico hito editorial, del que se están haciendo eco algunas revistas literarias y las primeras reseñas aparecidas en estos días en ediciones digitales o periódicos y revistas.
Sin duda, el paciente, silente y laborioso trabajo del editor Abelardo Linares, que fue quien descubrió inicialmente dos relatos más que se añadieron a los recogidos en A sangre y fuego (“El refugio” y “Hospital de sangre”, ambos publicados inicialmente en la revista cubana Bohemia) ha dado sus incontestables frutos. Esos dos impactantes relatos, junto con el soberbio e inédito “El traidor”, tienen como objeto la guerra civil en el País Vasco, y son los que abren este nuevo e importante libro del genial escritor y periodista sevillano.
Ignacio F. Garmendia, quien fuera editor de sus Obras completas publicadas en Libros del Asteroide, que realmente –como se ha dicho– no lo son (el mismo editor defendió, como informa Linares, que se debía denominar Obra reunida; pero al parecer su propuesta no fue aceptada), ya advertía en 2020 que los dos primeros relatos citados que se incluyeron (de forma poco ortodoxa) en las nuevas ediciones de A sangre y fuego venían precedidos del antetítulo Guerra total, y “más parecen ser el título general de una (nueva) serie de la que solo se habrían escrito o conservado estas dos entregas”. Y efectivamente fue así como él intuía. El descubrimiento por el persistente trabajo de búsqueda del editor de Renacimiento de otros ocho inéditos y espléndidos relatos confirma esa adelantada hipótesis.
III
El editor de Guerra total explica muy bien que “Consejo obrero” era el relato que cerraba en el diario argentino La Nación en 1937 la serie de A sangre y fuego. Se publicó a finales de junio de 1937. Por tanto, los relatos recogidos en este último libro fueron pergeñados y escritos entre finales de 1936 (cuando el escritor abandona España) y principios de 1937, período en que los primeros impactos de la guerra y sus dificultades vividas y portazos recibidos para hallar acomodo profesional en el marco de las instituciones republicanas tras su marcha de la dirección del diario Ahora, le debieron dejar honda huella. A tal efecto, el apéndice 10 que acompaña al libro Guerra total, de autoría anónima, titulado “Reflejos – Chaves Nogales”, muestra con detalle el desdén con que los responsables republicanos acogieron los reiterados ofrecimientos del exdirector de Ahora para ponerse al servicio del Gobierno legítimo. Tuvo, como se dice coloquialmente, que buscarse la vida.
Chaves Nogales está entonces asentado en París, con la cobertura y protección del embajador y amigo suyo Ossorio y Gallardo, que sustituyó a Araquistain. Este se había negado “en redondo a ayudar a Chaves”. Y después de colaborar en República, un semanario defensor a ultranza del legítimo Gobierno republicano español, el sevillano se adentra activamente en Madrid, semanario español para toda Francia, donde publica –la mayor parte por medio de persona interpuesta o con pseudónimo– el resto de relatos que formarán ese libro de Guerra total, aunque junto a ellos aparece en primer lugar “El refugio”, ya difundido en la revista cubana. No volvió a publicar “Hospital de sangre” (inicialmente denominado “Hospital de sangre en Bilbao”) en tal revista dado que en este relato tenía “un papel protagónico la figura de una monja católica que es a la vez enfermera de un hospital [… una narración –que, a juicio de Abelardo Linares– podía llegar a molestar a parte de los presumibles lectores del semanario y que –cosa peor aún– podía ser incluso utilizada por la propaganda franquista, tal como sucedió con un relato de A sangre y fuego”. Efectivamente, Chaves Nogales no quería tropezar dos veces en la misma piedra (ser utilizado torticeramente por la prensa del bando sublevado), y menos a finales de 1937 cuando el conflicto bélico amenazaba con enquistarse, el apoyo nacionalsocialista y fascista a los sublevados crecía y era el momento de defender los valores democrático-liberales en los que él siempre había creído. Pero su libertad creativa (y su relativa distancia o visión imparcial) se muestra en esa pieza, que es francamente magistral, donde uno de los cuatro milicianos asturianos ingresados en aquel Hospital recibe una lección política y ética de una humilde monja: la defensa republicana no era monopolio de ninguna expresión político-ideológica, territorial ni tampoco religiosa.
IV
En palabras de su editor, Guerra total es una suerte de continuación (adaptada al contexto) de A sangre y fuego, aunque entre ambas series hay marcadas diferencias de enfoque, de ahí que su presunta unidad y continuidad se resienta. También se ha escrito, y sobre ello se insistirá en estas páginas, que es “un libro de relatos republicanos”. Y, en buena medida lo es, también de defensa de la legalidad republicana y de repudio de la sublevación fascista (por los temores de su contagio en Europa), poniendo de relieve algunos de sus enormes desmanes. Se desconoce si por la cabeza de Chaves Nogales bulló en algún momento la idea de incorporar ambas obras en un solo libro, pero no cabe descartarlo. Aunque el duro contexto bélico y existencial de esos años no permitiera dedicar mucho tiempo ni energías a tales empeños. En cualquier caso, el enfoque y punto de vista territorial e incluso ideológico de las dos series de relatos dista de ser coincidente, pues ambos, a pesar de ser elaborados en momentos próximos y (en cierta medida) secuenciales, son producto de contextos existenciales y bélicos distintos. En el segundo de ellos no hay censuras expresas a los revolucionarios republicanos, pues el conjunto de relatos se vuelca sobre el bando de los sublevados y, por lo común, sobre los padecimientos generados a la población civil o militarizada del bando republicano. Esta diferencia es sustancial. Guerra total incluye una serie de relatos de defensa a ultranza de la República en un contexto cada vez más incierto. Hay en sus páginas una actitud republicana militante. Y tal vez, para eludir el uso desviado de tales mensajes, Chaves se escudó en personas interpuestas o en pseudónimos para su publicación.
A diferencia de los contenidos en A sangre y fuego, esos relatos, como el resto de los recogidos en Guerra total, se ubican fuera de Madrid y aledaños. Los tres primeros lo hacen en el País Vasco. Los demás se reparten entre Andalucía, Barcelona, Galicia, las dos Castillas y Extremadura. La idea del escritor es abarcar buena parte del territorio ocupado por las fuerzas sublevadas. Son relatos estremecedores, algunos terribles en su crueldad, y que ponen de relieve las enormes dificultades existenciales y decisiones complejas por las que atravesaron ciudadanos anónimos a veces en un contexto de desgarro del país. Pero sobre todo inciden en la represión salvaje en el bando sublevado. Sin contemplaciones. El gran observador y genial escritor que fue Chaves Nogales también se detiene en algunas descripciones psicológicas de sus protagonistas y personajes, algunas sencillamente magníficas.
No cabe olvidar nunca que estos relatos nutrieron la revista Madrid, editada en Francia y dirigida exclusivamente a fortalecer la moral republicana de sus lectores en un marco temporal y en un momento de la guerra muy complejo. No cabían aquí los matices ni las distancias que en algunos relatos de A sangre y fuego se observan, escritos por Chaves tras su salida de España y los sucesivos reveses recibidos por parte de distintos responsables republicanos a sus reiteradas demandas. La utilización en un conflicto tan cainita de uno de los artículos de esa serie por la prensa de los sublevados (“Masacre”), puso a Chaves en guardia. Las siguientes entregas de Guerra total ya no podían tener esa visión imparcial que el escritor siempre defendió. Los posibles desmanes y excesos en la zona republicana desaparecen en esta serie. Era momento de cerrar filas. Como escribe Linares, este conjunto de relatos reunidos en este nuevo libro tiene “un acusado carácter, no ya dramático, sino sencillamente trágico”. Tenían por fuerza que golpear la conciencia de sus lectores. A ellos iban dirigidos.
V
El libro, como se viene insistiendo, tiene un largo, necesario y documentado epílogo del editor, Abelardo Linares, de más de ochenta páginas, no exento de interés, puesto que aporta datos suficientes y fehacientes para demostrar la autoría de tales relatos como procedentes de la pluma de Manuel Chaves Nogales, y cerrar así las inevitables y a veces interesadas especulaciones que pongan en duda tal extremo. Su atenta lectura es necesaria para comprender el contexto en el que tales relatos vieron la luz y por qué su autor optó por publicarlos en su mayor parte sin su propia autoría. Sus explicaciones resultan convincentes e incluso determinantes. No es momento de entrar en ellas. Sin duda, serán objeto de análisis y disputa o matiz, en su caso, por los especialistas en la obra de Chaves Nogales. El aspecto clave que ahora interesa es que tal epílogo es fundamental para entender el contexto político, espacial y temporal en el cual esos relatos fueron escritos, y por qué se agrupan en ese título de Guerra total. Episodios de la guerra civil española, de factura y trazado algo distintos a los recogidos en A sangre y fuego, sobre todo por el terreno de confrontación bélica en el que ambos libros se proyectan. No se entiende ese aparente cambio de enfoque entre ambos conjuntos de relatos sin el tiempo histórico y el devenir existencial de Manuel Chaves Nogales en las fechas de redacción de ambos conjuntos de relatos y en la propia evolución de la guerra civil, así como por la propia situación del panorama internacional de ese conflicto en cada momento. Como reconoce su editor, la más relevante novedad de Guerra total es que sus relatos tienen un carácter netamente republicano. A diferencia del libro A sangre y fuego, donde se entreveran los desmanes de ambos bandos, en este caso el foco está en la represión fascista. El tiempo transcurrido, la situación existencial de su autor y el estado del conflicto en el momento de escribirlos no era un aspecto baladí. Chaves Nogales fue un defensor de la república democrática y liberal. Su pretendida equidistancia no fue tal. Como también ha escrito Abelardo Linares, nunca la tuvo: “Lo que nunca quiso ser es un incondicional”. Estuvo siempre en el mismo sitio, en el de la legalidad republicana. Quienes se movieron fueron los demás. Pero eso es otra historia.