Vinagre y miel del Periquillo

A partir de 1940 aparece una columna ácida y chismosa, registro de especias para sazonar el puchero de la historia de esos años.
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A partir de 1940 aparecen unas “Columnas del Periquillo” en la página cultural del periódico del gobierno de México, El Nacional. Ácida y chismosa, sin filtros para la humorada y el rumor, el regocijo de unos y la iracundia de otros, la columna es un registro de especias para sazonar sabrosamente el puchero de la historia de esos años.

El objeto de la columna, escribieron el poeta Efraín Huerta y el crítico Antonio Magaña Esquivel en agosto de 1940, consistía en recoger

todas las ocurrencias relacionadas con la vida artística, propias y ajenas, sin perdonar a nadie, ni a los solidarizados con la política del presidente Cárdenas […] No nos proponemos herir a nadie, sino ofrecer la noticia sin la sequedad acostumbrada. Queremos darla viva, animada por la sátira, por el vinagre o la sal o la miel que siempre abundan el medio artístico.

Pero además, junto a las “ocurrencias” y las notas ponzoñosas, la columna aportaba gran cantidad de información sobre nuevos libros, exposiciones y cine. El meticuloso registro de las revistas literarias que iban apareciendo, y no sólo en México, era encomiable.

Aunque Huerta y Magaña eran sus principales redactores y suelen sellarla con sus iniciales, las “Columnas del Periquillo” eran una empresa colectiva. A lo largo de los años, dice Huerta en alguna entrevista, fueron periquillos por lo menos Antonio Acevedo Escobedo, Juan Rejano, Héctor Pérez Martínez, Luis Cardoza y Aragón y Ricardo Cortés Tamayo. Carlos Ulises Mata ya recogió algunas muestras –que confía, con buenos argumentos, son atribuibles sólo a Huerta– en El otro Efraín. Antología prosística ¿Y no era también el mismo grupo el que redactaba, en el mismo diario y en los mismos tiempos, otra columna sabrosa que se llamaba “Suma y sigue”?

Evoco lo anterior porque estaba un día como El Santos purgando archivos de mi computadora enclenque cuando me topé con algunos “pericazos” que anoté cuando estudiaba aquellos tiempos. Reproduzco algunos de 1940 y 1941 para deleite de curiosos y eruditos capaces de banalidad. (Si aparece entre comillas, la transcripción  es literal.)

 

“OTRA VEZ RIMBAUD: Un empleado de [la revista] Taller acercose al encargado de formar la ‘plaquette’ de Temporada en el infierno, preguntándole por qué no se hacía en seguida. El formador, impertérrito, confesó que esperaba el prólogo que iba a escribir el propio señor Rimbaud, ya que alguien le había dicho que siempre no entraba el prólogo de Cardoza y Aragón con que se publicará definitivamente. El redactor de Taller, perfectamente descontrolado, aclaró que tal vez el señor Rimbaud no escribiera nada de prólogo, por no permitírselo sus ocupaciones en el Banco Obrero y de Crédito Agrícola.

        –Bueno, está bien… –fue todo el comentario del cajista.”

[La traducción de José Ferrel, en el número 4 de Taller (julio de 1939) y luego como plaquette en las Ediciones de Taller, era la primera que se hacía al español. El prólogo fue de Cardoza y Aragón.]

 

Que el poeta Neftalí Beltrán es el autor de “La Marinche”, el apodo que lleva Lupe Marín “por su criolla belleza bravía”.

 

“El caso es que se trata de demostrar que los poetas hacen lo que cualquier otro hombre, y además hacen versos. Tienen hijos, por ejemplo. El poeta de este monólogo, joven, buen poeta, cuidadoso de su poesía, recibe con satisfacción la noticia de que su eposa ha tenido una hija y de que, por consecuencia, ya es padre de familia. Discute entonces con su esposa el nombre que le pondrán a la pequeña y acuerdan que se llame Laura, nombre clásico, propio para la hija de un poeta. De donde puede concluirse que este distinguido poeta joven, sin haber concurrido nunca a los juegos florales, es ya un poeta laureado.”

[El poeta es Octavio Paz, su esposa es Elena Garro y su hija es Laura Helena Paz Garro, que había nacido en diciembre de 1939.]

 

Que Diego Rivera ha acusado a Luis Cardoza y Aragón de ser uno de los que reciben “oro de Moscú”. 

 

Wolfgang Paalen organiza una exposición de arte francés que se inaugura el 17 de enero en la Galería de Arte Moderno de las hermanas Amor, en el 18 de las calles de Milán. Habrá obra de Chirico, Tanguy, Duchamp, Picasso, Ernst, Miró, Magritte, Dalí, Hans Arp y Man Ray. Y junto a ellos, Kahlo, Rivera, Montenegro, El Corcito, Lazo, Rodríguez Lozano, Mérida, Moreno Villa y el mismo Paalen.

[Se trata de la Exposición Internacional del Surrealismo y de la Galería de Arte Mexicano.]

 

“Un nocturno poeta deseoso de luz diurna, a quien le gusta más de lo necesario la publicidad y que no pierde ocasión para volcar sobre él aunque sean los reflejos de la misma, se encuentra con el corrosivo y guasón Octavio Barreda, tan verde como el propio Periquillo, y muy en serio le reclama:

        –¡Parece mentira! en el último número de Letras de México sólo tres veces aparece mi nombre. ¿En qué piensas? Si tú crees…

        Y como el chaparrón parecía tupido como una yedra, Octavio Barreda, impertérrito, con toda la buena fe de que es capaz, le cortó en seco, sonriendo con su más generosa y blanda sonrisa:

        –Ha llegado el momento de que sea usted breve. Excúseme por favor, en el número próximo será citado el doble, seis veces…

        Separáronse. El nocturno poeta se mostró satisfecho, pero Barreda tiene aún el temor de que quiera aumentar el número de citaciones.”

[Obviamente Xavier Villaurrutia. Los títulos de su libro Reflejos, y de varias de sus obras teatrales aparecen en la nota: Parece mentira, La yedra, ¿En qué piensas?, Sea usted breve.]

 

Renato Leduc se alistó en el ejército francés, en un batallón que partió hacia Flandes.

 

Carlos Pellicer compró en 600 pesos un terreno en Tepoztlán. Dice que le salió “a peso por modalidad tonal del paisaje”.

 

Gringuismos: Que “Cuando Pan vino a América”, de Rubén Darío, se debe traducir: When bread came to America. Que habría que traducir Don Segundo Sombra como Gift Second Shadow. ¿Y el jarabe tapatío? Fácil: Syrup cover uncle.

 

Discuten Octavio G. Barreda y Octavio Paz y, naturalmente, no se ponen de acuerdo. Al fin se retira Paz y Barreda dice: “He aquí a Octavio Armisticio”.

 

Luego de su estancia como diplomático en Europa, José Gorostiza regresó a México en julio de 1940. Su amigo, el escritor José Martínez Sotomayor, le organizó el banquete de bienvenida. Y entonces, “ante la sorprendida concurrencia, después de cuatro cubas, Gorostiza se quitó un diente y lo puso en la mesa.”

 

Que dice Jorge Cuesta que “la medicina es la ciencia que cura enfermedades que no existen y da existencia a enfermedades que no se curan.”

 

Que dijo Genaro Estrada que hay dos requisitos indispensables para tener la nacionalidad mexicana: “ser abogado y pertenecer a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.”

 

Alguien le dijo a Renato Leduc que se anduviera con cuidado, pues el ajenjo mata poco a poco, a lo que Leduc contestó: “No tengo ninguna prisa”.

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