Aprende en casa II: nueva estrategia, mismos problemas

Diseñada como solución temporal tras el cierre de las escuelas por la pandemia, la estrategia de educación a distancia de la SEP tiene fallas de origen que, de no corregirse, podrían tener consecuencias nefastas para millones de estudiantes.
AÑADIR A FAVORITOS

El ciclo escolar 2020-2021 arrancó este lunes en un formato a distancia. Hace unos días, en medio de una gran expectativa, el gobierno federal anunció que ante la gravedad de la pandemia ocasionada por la covid-19, y ante la imposibilidad de volver a la escuela de forma presencial, tendríamos una nueva versión del programa Aprende en casa. El secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán, señaló que para continuar con los procesos de enseñanza y aprendizaje se firmaba un convenio con cuatro televisoras del país­ –Televisa, TV Azteca, Imagen y Multimedios– para multiplicar las posibilidades de que los estudiantes de México reciban los contenidos elaborados por la Secretaría de Educación Pública (SEP).

La nueva versión de Aprende en casa llega en medio de fuertes cuestionamientos no resueltos sobre sus fallas de origen, señaladas por docentes de todos los niveles educativos y por distintos investigadores de la educación.

((Algunas de estas preocupaciones se pueden leer en un sondeo virtual levantado por el Faro Educativo del INIDE; en el artículo de Judith Kalman y, más recientemente, en el reportaje de Sonia del Valle para Proceso.
))

Aprende en casa, en su primera versión, fue echado a andar casi un mes después de que se anunciara el cierre de cerca de 250 mil escuelas, en abril pasado, como una solución temporal y pensada para apoyar –tal vez suplir– el proceso de educación a distancia de poco más de 30 millones de estudiantes de educación básica y media superior.

Hasta la fecha, sin embargo, la autoridad educativa sigue sin reconocer que la estrategia tuvo fuertes fallas de origen –que no parecen resolverse en su nueva edición–, y que, de no corregirse, se corre el riesgo de que este periodo de pandemia desencadene una catástrofe educativa y social.

Las fallas de origen

Aprende en casa tenía como fin llevar los contenidos a los estudiantes, desde la educación inicial hasta la media superior, por medio de una transmisión masiva a distancia, por internet y televisión. La estrategia fue sumando múltiples cambios, como la incorporación de las “carpetas de experiencias” –en algún momento pensadas como un elemento para la evaluación–; el acuerdo con Google Education para implementar una capacitación masiva con docentes, además de diversas modificaciones al calendario escolar. La estrategia no consideró, sin embargo, la posibilidad de que la programación no podría ser vista en todos los hogares y contextos geográficos, ya fuera por la falta de acceso a internet o de dispositivos electrónicos, o por la mala recepción de la señal televisiva.

En contraste con los datos triunfalistas de la SEP –basados en una encuesta levantada por el SNTE, que indica que 9 de cada 10 niños pudieron sintonizar o conectarse a Aprende en casa–, otros estudios y encuestas señalaron que la estrategia tuvo, en realidad, varias limitaciones. Así, por ejemplo, la ENCOVID-19 levantada por el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad de la Universidad Iberoamericana señala que 78.6% de los hogares reportó que tuvieron problemas para continuar con la educación de niños, niñas y adolescentes, debido a la falta de computadora o internet (48.5%); la falta de apoyo de maestros (31.4%); distracciones de los estudiantes (21.1%) o falta de libros y material didáctico (14.9%), entre otras cosas.

((Se sugiere revisar la nota de Educación Futura que resume parte de los hallazgos de la ENCOVID. Un reporte preliminar con los resultados de la encuesta pueden consultarse aquí.
))

Durante una investigación en curso, entrevisté a distintos maestros y otras figuras, quienes reportaron que la estrategia fue pensada de manera homogénea para los distintos niveles y modalidades educativas, sin tomar en consideración la diversidad de contextos –escuelas y profesores, por ejemplo, que trabajan con grupos multigrado, en comunidades aisladas, con alta precariedad económica de las familias– en los que ocurren los procesos de enseñar y aprender, y suponiendo, de manera errónea, que todos los estudiantes, maestros y madres y padres de familia podrían conectarse –y en el caso específico de estos últimos, acompañar el proceso de aprendizaje de sus hijos–, al contar con un dispositivo electrónico y con la señal adecuada para recibir los contenidos elaborados por la SEP. Pero no fue así.

Otras fallas no menos graves están en la concepción misma de la estrategia, pues tener acceso a las tecnologías de la información –o a la televisión y libros de texto– es una condición necesaria para la educación a distancia, mas no suficiente. Varios de los docentes entrevistados señalaron que la primera versión de Aprende en casa fue una estrategia insuficiente y poco utilizada por su falta de adecuación pedagógica, al diseñarse “de arriba-abajo”, desde las oficinas de la SEP, sin considerar la diversidad de contextos y situaciones en las que los niños aprenden.

Además, constituyó una carga administrativa para los docentes y directores, quienes tuvieron que demostrar –a partir del llenado de formatos y solicitud de evidencias– que estaban trabajando, con lo que se desconoció casi por completo el trabajo y experiencia de los docentes que trabajan frente a un grupo, y que son, finalmente, quienes conocen los retos que enfrentan sus estudiantes.

¿Qué es lo nuevo?

La nueva propuesta de la SEP intenta resolver la poca efectividad del programa para llegar a los hogares y reconoce, aunque no de manera explícita, que la apuesta de hacerla accesible por internet y los canales de televisión pública resultó fallida. Por ello abre el espectro de señales, a partir del convenio con las televisoras privadas, para llegar a una audiencia más amplia. En la “nueva” estrategia participan 36 televisoras estatales y la televisión pública de Canal Once, Ingenio TV y Canal 14. Se ha dicho que, para las zonas más marginadas, sin acceso a internet o a la señal televisiva, se darán clases a través de la radio en 22 lenguas indígenas.

Aunque la barra de programación se amplía en horarios y canales, la nueva apuesta del gobierno federal sigue sin corregir de fondo el problema que supone trabajar con diferentes modalidades y contextos. Ante esa dificultad, se esperaría que el gobierno federal diera un margen de maniobra mucho mayor a las escuelas, para que sean los propios docentes, a partir de su experiencia, quienes resuelvan los procesos de enseñar y aprender como a ellos mejor les vaya resultando. Sin embargo, todo indica que la nueva estrategia, como la pasada, vuelve a ser vertical, y no toma en cuenta la opinión y preocupaciones de los maestros, pese a la narrativa de la revalorización docente que ha adoptado la 4T.

¿Qué debería hacerse?

Para poner en práctica un modelo eficaz de educación a distancia, vale la pena voltear a ver lo que están haciendo otros países de la región que comparten nuestras problemáticas de enorme heterogeneidad y desigualdad educativa, como, por ejemplo, la entrega masiva de dispositivos tecnológicos en países como Colombia, El Salvador o Perú, o la provisión de recursos para la capacitación de docentes.

((Para ver el tipo de dispositivos y medidas implementadas en países de la región se sugiere revisar el documento “La educación en tiempos de la pandemia de COVID-19” elaborado por UNESCO.
))

Pero también, y, sobre todo, recoger las experiencias de aquellas comunidades educativas que, pese a diversos obstáculos y falta de disponibilidad de recursos de todo tipo, fueron entendiendo el gran tamaño del reto y encontrando soluciones acordes a las necesidades de sus contextos.

El desafío que supone la pandemia es inédito, pero constituye una oportunidad para replantearnos las metas del sistema y, entre otras cosas, como lo han señalado los docentes en los grupos focales que he realizado, las formas de interacción entre estudiantes y docentes, a partir de las propuestas y soluciones ideadas por los propios integrantes de las comunidades escolares y con otros apoyos urgentes que ayuden a resolver las enormes brechas que dividen a los mexicanos.

Enfrentar la crisis en la distancia supondría también idear un conjunto de acciones de carácter integral, pensadas o planeadas entre todos, que sin reparos deben tener mayores recursos. En ese sentido, llama la atención que el recién anunciado Programa Sectorial de Educación 2020-2024 no haga mención alguna a la situación de pandemia que atravesamos.

En estos tiempos de crisis extrema necesitamos debatir dónde están las prioridades de un mayor gasto público, que parece a todas luces una necesidad urgente: ¿en una mayor conectividad y equipos que permitan la educación a través de internet y televisión? ¿En una mayor capacitación para aprender a usar las tecnologías? ¿En más contrataciones de maestros para poder reducir, eventualmente, la enorme carga laboral que supone atender a grupos de entre 50 y 60 estudiantes –un número hoy impensable en un eventual regreso con sana distancia? ¿En un ingreso mínimo para garantizar que las familias puedan atravesar la crisis? De lo que se realice para atender estas problemáticas apremiantes dependerá el futuro del aprendizaje, sea este en casa o en otra parte.